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clarin.com · hace 11 horas · Clarin.com - Home

El dólar, el campo y la industria

El dólar, el campo y la industria

Desde 1986, la publicación “The Economist” compara el precio de la hamburguesa Big Mac en unos cincuenta países, es una forma de evaluar la paridad del poder adquisitivo de las monedas frente al dólar de Estados Unidos: cómo de sobrevaluadas o subvaluadas están las monedas.

No es una evaluación rigurosa, pero se acerca bastante porque la fabricación y venta de una hamburguesa incluye, bienes, servicios y logística idénticos en todos los países. Esa comparación se realiza todos los años en enero y julio.

En enero del 2025 la Argentina resultó ser el país con la segunda moneda más sobrevaluada, solo detrás de Suiza. Hacia el 31 de enero del 2026 el dólar oficial en el Banco Nación cotizaba a $ 1415, al momento de escribir la presente cotiza a $1340, o sea, el dólar se abarató alrededor del 5%, mientras el índice de precios del INDEC fue 2,9% en febrero, inflación de febrero y 3,4% en marzo, o sea un 6,4%. Entre el abaratamiento del dólar y el aumento de los precios, el peso se sobrevaluó un 10% en dos meses. Le ganamos a los suizos: ¡¡¡¡tenemos la moneda más sobrevaluada del mundo!!!!

Nuestras empresas industriales, en una economía abierta, tienen que competir con China que vive en deflación y, según el FMI tiene una moneda subvaluada en un 16%, con empresas que, para exportar, reciben importantes subsidios.

Mientras nuestras empresas reciben penalizaciones por vía de impuestos, tasas y de una logística de transporte y gastos portuarios sustancialmente mayores a los de cualquier otro país.

Hay un mantra que se repite: que, con la minería, los hidrocarburos y el campo, podemos competir y sostener el crecimiento del país.

Tres cosas no se dicen, la primera es que “el campo” es diverso y que los principales cultivos, además de retenciones e impuestos locales desmedidos, también tiene costos logísticos que se pagan en pesos sobrevaluados (con muchos más dólares que los productores de Brasil o de EE UU). Por otra parte, los contratistas tienen significativos costos en pesos. La presente cosecha de granos no sufre tanto porque la lluvia acompañó y se alcanzaron rindes superiores a los habituales.

Por otra parte, “el campo” incluye muchas otras producciones con más mano de obra (cara en dólares) y tiene los gastos impositivos, logísticos y de puertos multiplicados por la distancia.

Coninagro, que representa a 350 cooperativas agropecuarias y a unos 120.000 productores asociados elabora un “Semáforo de Economías Regionales”. En el semáforo evalúa el negocio, la productividad y el mercado de la producción de las economías regionales.

En rojo hay nueve sectores productivos, la yerba mate, el arroz, la papa, el vino y el mosto, las hortalizas, el algodón, el maní, la leche y la mandioca; en amarillo seis: la actividad forestal, el tabaco, los porcinos, las aves los cítricos dulces, las peras y las manzanas y en verde, apenas cuatro: los bovinos, los olivos, los granos y la miel.

Los precios de los combustibles hacen muy tentador para “el campo” producir etanol y biodiésel, de hecho, incluso con los precios previos al conflicto de Medio Oriente el etanol y el biodiésel deberían haber aumentado su participación en el corte con nafta y gasoil. Por esa vía abrimos el camino de la cadena de valor de la “Vaca Viva” y el país se prepara para nuevas aventuras con más industria y mano de obra ocupada. Es la bioeconomía.

La segunda es que a la minería y a los hidrocarburos le falta tiempo, una vez que haya una producción significativa no va a impactar significativamente en el empleo. Antes bien, el exceso de dólares puede llegar a consolidar el atraso cambiario, como para que ninguna otra actividad sea viable en la Argentina: lo que se conoce como “enfermedad holandesa”.

Lo cierto es que las autoridades parecen no percibir que la sobrevaluación de la moneda impacta sobre la cantidad de empresas, empleos y consumo, y obliga a que aquellas pymes que puedan sobrevivir pasen a la informalidad, tanto como sus trabajadores y los que, a fuerza del achicamiento pierden su empleo y pasan a las changas (si pueden).

Con achicamiento en el número de empresas, de trabajadores formales y del consumo, se reducen los ingresos fiscales. No es posible mantener el equilibrio fiscal si continúa el cierre de empresas el despido de trabajadores y la caída del consumo. Para peor, siguiendo la lógica imperante, es de esperar que, en lugar de bajar impuestos, el gobierno nacional y los gobiernos locales se vean obligados a subir esos impuestos.

Obviamente hay caminos alternativos: si el Banco Central compra más dólares, hasta aproximar la cotización al techo de la banda, además de mejorar las condiciones de la actividad productiva, aumentaría sus reservas y ayudaría a la baja del riesgo país, haciendo más viable acceso al crédito internacional. Aun cuando se ralentice la baja de la inflación, la estabilidad de precios sería más consistente, con menos riesgo de que un cisne negro y sin la ayuda de Scott Bessent, se caiga bruscamente la estantería.

Luis Rappoport

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