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clarin.com · hace 3 horas · Clarin.com - Home

Cómo se cuida a la distancia

Cómo se cuida a la distancia

Cuando preguntan qué es lo más duro de la distancia pienso en momentos como este. Mi madre viene sintiendo desde hace algunas semanas un malestar persistente, sobre el que no comentó nada; prefirió no hacerse los controles hasta tener un pie en el estribo del avión.

Lo que temía se cumplió: su médico le informó que por ahora no viaja; la internó para que ciertos valores volvieran al equilibrio y proteger su salud. Y aunque está en su casa ya, la pena se ha quedado flotando como una nube entre nosotros. La postergación nos pega porque el viaje la traía a Madrid por la fiesta de graduación de bachillerato de su nieta.

Eso es “ser lejos” para mí, una noción casi física. Sentirse incompleta, a medias, sin poder cuidar allá donde nos requieren ni aplicar la cabeza del todo a las cosas de aquí. Estar pendientes de variables que no podemos modificar, de angustias transatlánticas que nos impactan sin amortiguación, porque tenemos el “corazón partío”. Migrar educa en una impotencia desconocida.

Dedicaremos los próximos días a extrañarla, a apuntalar por whatsapp su recuperación, a comentar libros y series (dos fascinaciones que heredé) y a enviarle algún tironcito de orejas por haber demorado la consulta médica. Desearemos con todo el cuerpo que mejore, que esté calma, que pueda seguir iluminándonos con su cabeza clara, su gran humor y su vitalidad inagotable por muchos años.

Como su coquetería ahorra siempre las cifras exactas para no hacerle el juego al edadismo, no defraudaré la vitalidad de una mujer tan empeñada en disfrutar, más allá de las definiciones del calendario. Baste replicar un mensaje que envió a sus hijos en un video antes de que la internaran: “Yo creo que diez años más tiro así, con esta alegría de vivir. Es que la vida me ha atrapado y no me permite que afloje. La vida es la aventura más maravillosa que nos ha regalado la vida misma.”

Me gusta pensar que, de esa madera apasionada, corajuda si toca, estamos hechos también nosotros. El entusiasmo de mi madre es un grato espejo en el que mirarse, un ejemplo para galvanizarnos cuando las cosas no salen tan bien como las deseamos o previmos.

“Si te postran diez veces, te levantas/ otras diez, otras cien, otras quinientas”, dice un poema de Almafuerte que a ella le gusta mucho. “No han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas.” Arriba, mamá.

Raquel Garzón

Periodista y poeta, construyó una carrera a ambos lados del Atlántico. Es autora de cinco libros de poemas, entre ellos, "Riesgos de la noche" y "Monstruos privados", ambos publicados por Alción. [email protected]

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