Cartas de lectores: La casta permanece, inoportuno, vara
El presidente Milei fue electo porque acertó con las principales promesas de campaña que aliviaron el hartazgo de la gente: combatir la inflación y ”la casta”. Con lo primero cumplió, porque aunque hay actualmente un pequeño retroceso, la bajó del 211% al 30% anual, y todo indica que la va a seguir bajando. Con lo segundo, logró bajar la cantidad de empleos de la administración pública nacional en un 20%, lo cual es muy meritorio, pero incompleto. Porque “la casta” corrupta con capacidad de tomar decisiones importantes permanece alegremente, en especial en la Justicia, que en algunos casos, como el de la AFA, trabaja para garantizarles impunidad a sus principales dirigentes. En otros casos, hasta ha logrado enquistarse en altos cargos de gobierno y, aunque el tema no es fácil, da la impresión de que Milei ha olvidado la promesa de expulsar a “la casta” o la delegó equivocadamente y no controla su cumplimiento. Si no lo corrige, la gente lo tendrá presente al momento de votar.
En medio de un tembladeral global, con conflictos, enfrentamientos y guerras, declaradas o no, en distintos lugares del planeta por parte de Estados Unidos, Irán, Rusia, el Estado de Israel, etc., el presidente Milei ha reiterado enfáticamente su incondicional apoyo a este último país, como también al gobierno de Trump, que no significa necesariamente el del ciudadano norteamericano. Por el contrario, es de señalar que este progresivamente le está quitando su apoyo con vistas a las próximas elecciones de mitad de mandato. Me pregunto entonces si no habrá sido muy inoportuna la reiteración del actual apoyo al Estado de Israel y a Trump, en este momento planetario tan volátil, máxime sin su tratamiento previo en el Congreso.
He dedicado buena parte de mi vida a las relaciones interconfesionales, por eso me sorprendió profundamente el episodio del soldado israelí que destruyó una estatua de Jesús en el Líbano. El Ejército sancionó a los responsables, la estatua fue repuesta y el primer ministro se disculpó públicamente. Pero un lector de LA NACION exige que la disculpa sea “universal”, como si un acto individual requiriera una condena de proporciones históricas. Antes era el pueblo deicida. Ahora es el pueblo genocida. Esto ilustra algo que me preocupa: desde el ataque sorpresivo de Hamas del 7 de octubre, cualquier hecho menor se convierte en un vendaval de acusaciones contra el Estado israelí. Hamas perdió la guerra militar, a un costo humano devastador. Pero Hamas y Hezbollah –brazos armados de Irán– están ganando la batalla cultural. Congresos que tergiversan los hechos, políticos que se exhiben como humanitarios a costa de un país pequeño, periodistas que sistemáticamente eluden una pregunta fundamental: ¿quién inició este ciclo? Hamas, con una masacre, violaciones y toma de rehenes.
Todas las personas de buena voluntad están angustiadas por las consecuencias de este conflicto. Pero esa angustia exige honestidad sobre las causas. Los Aliados impusieron a Alemania pérdidas territoriales enormes y millones de bajas. Nadie dudaba de la necesidad de terminar con el nazismo. ¿Por qué aplicar una vara diferente cuando se trata de Israel?
El 8 de marzo, Día de la Mujer, se conmemora la lucha de esta por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona. El 8 de marzo de 1857, trabajadoras textiles de Nueva York realizaron una huelga masiva y una enorme manifestación para exigir mejores condiciones laborales, reducción de la jornada laboral y salarios dignos, lo cual, tal como ocurrió otras veces, generó una trágica represión. En la actualidad, la Argentina se encuentra en el tercer puesto mundial por el número de mujeres que han sufrido violencia física o psicológica. El 64% de las argentinas declaran tener miedo de caminar solas a la noche por su barrio. Para continuar con los comentarios de situaciones en las cuales siguen existiendo sentimientos de superioridad de lo masculino sobre lo femenino, cabe mencionar las inquietudes enraizadas en roles sociales arraigados históricamente en los hombres; así, las ciudades son concebidas y construidas mayoritariamente por y para hombres. En un sentido similar actúa la IA. Si una adolescente le pregunta a la IA si puede ganar dinero haciendo lo que le gusta, es muy probable que le sugiera dedicarse a la moda y al baile urbano. En cambio, la respuesta a un varón tendría que ver con modelos de negocios o emprender el suyo online. Según el Foro Económico Mundial, apenas el 22% de los profesionales de la IA son mujeres. En Alemania se demostró que los chatbots de la IA generativa aconsejaban a las mujeres solicitar salarios más bajos que los hombres con perfiles idénticos. Sin perjuicio de todo lo expuesto, las mujeres han sido las primeras en detectar las fallas en los sistemas que ellas no construyeron en los mercados financieros, en las redes sociales y en la IA.
¿No será tiempo de difundir y persuadir que los hombres y las mujeres son diversos, pero ninguno es superior al otro y tienen los mismos derechos y posibilidades? Y que la pretendida superioridad masculina probablemente se deba a un complejo de inferioridad por haber sido parte integrante de una mujer en el embarazo y depender sustancialmente de ella durante la infancia, llegando al punto de resultarle muy difícil al hombre de cualquier edad poder vivir sin una mujer al lado.
“Hay horas en que no se puede caminar y menos en provincia. Necesitamos pena de muerte por homicidios”- Carlos Adrián García
“Puede ser cualquiera de nuestros hijos; hoy no nos tocó, quizás mañana sí”- Marce Gutiérrez
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