← Volver
clarin.com · hace 2 horas · Clarin.com - Home

Por qué Keynes está más vivo que nunca de la mano de Milei y Kicillof

Por qué Keynes está más vivo que nunca de la mano de Milei y Kicillof

Tres semanas después del 6 de junio de 1944, el día de la invasión de Normandía y en que las tropas aliadas empujaran a la victoria sobre Alemania y Japón, John Maynard Keynes y su esposa, la bailarina rusa de ballet Lydia Lopokova, llegaron a un hotel construido con madera al pie de las montañas en Bretton Woods, EE.UU. Allí tendría lugar una conferencia con más de 40 países, para decidir el orden financiero global de la posguerra. Lydia quería que su marido, que había sufrido hacía poco un nuevo ataque cardíaco, no se sobreexigiera pese al viaje desde Londres. Logró que Keynes al menos no bajara a los cocktails de las noches, y eso era mucho. Sabía que las demandas sobre su esposo serían intensas, alguien que ya se había ganado fama por su habilidad para vislumbrar los últimos acontecimientos económicos y políticos del mundo.

Las advertencias de Keynes en contra de las sanciones que Estados Unidos y Gran Bretaña habían impuesto a Alemania para repagar los costos de la Primera Guerra y de sostener la paridad de la libra esterlina con el oro, pero también de las monedas en general (patrón oro), habrían resultado poco menos que proféticas. Lo mismo su admonición acerca de la necesidad que los gobiernos actuasen urgentemente en gastar más dinero en obras públicas para levantar la actividad económica de la depresión, como detalló su clásico La teoría general del empleo, el interés y el dinero .

Las ideas de Keynes tuvieron un rol central en aquella conferencia de Bretton Woods a la que llegó con su esposa. Pero Lord Keynes (tenía título de la nobleza Barón Keynes de Tilton) era miembro de la delegación británica y en ese sentido enfrentó a su par estadounidense, un asesor del Tesoro, Harry Dexter White.

La edición del 22 de julio de 1946 del diario Clarín dando la noticia del fallecimiento de John Maynard Keynes al día siguiente del deceso.

Ambos compartieron la mirada de crear un nuevo sistema financiero internacional que erradicara las prácticas que habían alimentando la depresión de los 30 cuando los países entraron en una suerte de guerra de uno contra uno depreciando sus monedas para obtener una ventaja competitiva o subiendo tarifas. Keynes tenía un plan y White, el suyo. Se escribió mucho acerca de por qué se impuso el último (la personalidad de White, la enfermedad de Keynes), pero lo cierto es que para entonces estaba claro que la moneda de referencia a nivel mundial era el dólar y no más la libra.

Casi tres semanas después de las negociaciones en EE.UU., Keynes rodó enfermo por las escaleras. En marzo de 1946 volvió a EE.UU. para ratificar los términos de Bretton Woods. A su regreso a Inglaterra, cayó desplomado en el vagón del restaurante del tren. Llegó a su casa de Tilton, Sussex, para pasar Pascuas allí y murió la mañana del domingo de Pascua de 1946 (21 de abril). Esta semana se cumplieron 80 años.

The Times de Londres lo presentó como “el más grande economista desde Adam Smith”. Keynes fue un pensador que reemplazó un paradigma por otro y que logró fusionar la psicología, la historia, la teoría política y la experiencia financiera con la economía como ningún otro economista supo hacer y con creatividad. Al día siguiente de su fallecimiento, en su edición del lunes 22 de abril de 1946, Clarín publicó la noticia contando de su matrimonio con Lydia, su rol en Bretton Woods y su obra. "Falleció ayer Lord Keynes", se leyó en Buenos Aires.

Keynes fue un economista de acción. Alguien convencido de que el problema económico en el siglo XX no era la escasez - argumento clásico de la teoría económica del siglo XIX para defender la defensa del librecomercio con David Ricardo a la cabeza -, sino la mala gestión. Keynes de algún modo moldeó la profesión de economista y de las restricciones a la hora de hacer política económica, aspectos que ni los clásicos ni los austríacos habían contemplado en sus análisis.

Según Keynes, las depresiones, las deflaciones y las altas inflaciones eran causadas por la inestabilidad y l a incertidumbre financiera. Para él, el auge de Hitler en Alemania ocurrió porque personas desesperadas buscaron soluciones radicales a un estancamiento y deterioro de las condiciones materiales de vida. Pero la causa de ese sufrimiento, decía Keynes, no tenía que ver con un déficit de producción o escasez sino con las malas políticas que habían llevado a la deflación obligando a bajar tanto los precios que se forzaron despidos y cerraron negocios.

Este año se cumplió el 90 aniversario de la publicación de la obra más importante de Keynes, La teoría general. Pero también fueron conocidas su actuación en la Conferencia de Versalles y ensayos y libros como Las posibilidades económicas de nuestros nietos y Las consecuencias económicas del Señor Churchill.

En Breve tratado sobre la reforma monetaria, Keynes salió en defensa de los tipos de cambio flexible. Y en Tratado sobre el dinero, que los bancos centrales debían gestionar las tasas de interés para garantizar el pleno empleo. Fue este último libro la precuela del Keynes moderno y su Teoría general.

Así como Keynes había criticado en los años 20 al economista austríaco contemporáneo suyo, Ludwig von Mises, cuando este dijo que “el desempleo es un problema de salarios, no de trabajo” y más cerca de su muerte tendría un intercambio con Friedrich Hayek, Keynes atacó también la idea del laissez-faire de Adam Smith. La deflación y el ahorro excesivo requerían una regulación del dinero y que el Estado gastara dinero en obras públicas.

Un año después de terminar La teoría general, Keynes sufrió un ataque cardíaco. Desde ahí y durante una década larga, hasta su muerte, la mala salud lo acompañó. No obstante siguió haciendo política económica y al servicio de su país.

Javier Milei dice que leyó La teoría general cinco veces. Y Axel Kicillof, profesor de Historia del Pensamiento Económico y Economía Marxista en la UBA, escribió su tesis doctoral sobre Keynes. Ambos elogian y critican aspectos de su obra (obviamente Milei de manera más visceral y confrontativa).

Keynes enseñó que la racionalidad de una decisión no puede evaluarse por su resultado ya que en el momento en que se toma una elección, el futuro es siempre incierto. Construyó su teoría de racionalidad en base a probabilidades. Así, de ese modo, hoy se hace política económica, más de derecha o más de izquierda, pero Keynes dejó enseñanzas para unos y otros: los mercados pueden fallar y en economía no habrá leyes pero sí hay consecuencias.

Ezequiel Burgo

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín