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La pregunta clave del millonario que monitorea el “experimento libertario”

La pregunta clave del millonario que monitorea el “experimento libertario”

La Fundación Faro, un think tank armado especialmente para librar la “batalla cultural”, recibió casi de incógnito a un invitado ilustre el lunes 13, alrededor del mediodía: Peter Thiel. El magnate tecnológico, con peso determinante en el tablero militar en Estados Unidos, se encontró ahí con Santiago Caputo, asesor del Presidente y proveedor del marco ideológico y comunicacional en el que se inscribe el proyecto de Javier Milei.

Dueño de Palantir, una firma de procesamiento masivo de datos, y con un patrimonio de 30 mil millones de dólares, Thiel se define a sí mismo como libertario y vino al país, entre otras cosas, para constatar cómo esas ideas se traducen en la práctica en tiempo real.

La conversación en Faro duró poco más de una hora, fue un ida y vuelta relajado, sin comida. La gestión había sido realizada unos días antes por allegados en común. Participó junto a Caputo un miembro de su equipo, Lucas Luna, referente de Las Fuerzas del Cielo, conocido como Sagaz en X. Su inclusión da cuenta del tono de informalidad del encuentro.

El empresario tiró en la charla una pregunta que luego replicó en otras citas –algunas reservadas, otras no tanto– que mantuvo en estas dos semanas que lleva en Buenos Aires: “¿Cuál es la sostenibilidad del modelo en el tiempo?”. Es decir, si es posible cimentar una base sólida que trascienda a Milei, cuyo límite constitucional es otro mandato hasta 2031.

Por supuesto, el Gobierno está en una fase de “normalización” y eso mismo se lo hicieron saber los distintos interlocutores. El camino inicial es desandar un andamiaje de estructuras y normas que ubican a la Argentina recién en la campana de largada. La mirada a diez años, en un escenario post Milei, es imposible de predecir en un escenario que se mueve, como el rating, minuto a minuto.

Milei funcionó como un imán para los principales líderes del universo tech desde que llegó al poder de la mano de la motosierra, un símbolo de la destrucción del Estado que sintoniza con el nuevo aire de Silicon Valley. Para este sector, las regulaciones son vistas como un obstáculo, un yugo para la innovación. Elon Musk fue el primero en abrazar al Presidente, aunque con el tiempo la relación se enfrió, justo en coincidencia con la pelea entre el dueño de Tesla y Donald Trump, un vínculo que nunca volvió a ser igual.

Para Thiel la Argentina es un experimento. Un ensayo de laboratorio que requiere ser visto de manera directa. El rey de los bits, del desarrollo de software basado en Inteligencia Artificial, quiere verificar el fenómeno a la vieja usanza: con sus propios ojos, en el lugar de los hechos.

El jueves Milei se encargó en persona de contarle cómo es hacer un ajuste feroz y, además, sobrevolaron algunos temas de coyuntura. Ya se habían visto en dos oportunidades: en Los Ángeles, en febrero de 2024, y en la Casa Rosada, en mayo de ese mismo año. Fue música para sus oídos cuando el Presidente defenestró el impuesto a la riqueza (al que calificó de “robo”, “cuestión de envidia” y “mostruosidad”). Thiel es un militante en contra de esta medida, tanto es así, que en enero donó 3 millones de dólares para un comité que lucha para que no se instrumente en California.

En el Gobierno sostienen que Thiel “no vino a cerrar la venta de servicios”. El año pasado circuló la versión de que podía ser proveedor del Ministerio de Seguridad, pero ahora descartan esa posibilidad. El empresario acaba de comprar una mansión en Barrio Parque, en una operación de cerca de 12 millones de dólares, según consignó Ámbito Financiero.

La casa atravesó un largo período de refacciones. Los preparativos generaron curiosidad en una zona habitada por celebridades como Susana Giménez, Marcela Tinayre, Flavia Palmiero y Mariano Grondona. Hay poco movimiento desde que llegó la familia Thiel. Se ha visto pasar, por ejemplo, al embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas. Nadie le ha golpeado la puerta, pero los vecinos esperan que abone la contribución para la policía adicional que proporciona la seguridad de esas cuadras.

Thiel podría adquirir otras propiedades y, quienes lo trataron, cuentan que tiene interés en el sector agropecuario. Palantir anunció el miércoles un acuerdo por 300 millones de dólares con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos para transformar la gestión del campo con servicios a productores con el propósito de garantizar la seguridad alimentaria, una especie de extensión de la seguridad nacional. Ese software centralizará enorme cantidad de información: historial de cada agricultor, propiedad de las tierras (detectar, por ejemplo, inversiones extranjeras), logística, costos de la cadena, entre otros. Eso permitirá la predicción y mitigación de daños.

"Por la escala de sus negocios, pareciera que su parada en Argentina es más estratégica, a futuro, para ser el primero que vino, si el país se encauza", describe un empresario. En ese encuadre, es un posicionamiento más geopolítico, teniendo en cuenta que la pulseada de fondo hoy es entre Estados Unidos y China, y Washington ha decidido recuperar terreno en América latina.

La mitad de los ingresos de Palantir proviene de contratos gubernamentales estadounidenses. De hecho, su primer sponsor, allá por 2003, fue la CIA, y en la actualidad trabaja con el Pentágono y otras áreas como el ICE, la controvertida policía de migraciones, proporcionándole herramientas para identificación y geolocalización de personas a las que se busca deportar.

El primer gran salto de Thiel había sido en 1998, cuando creó junto a Musk la plataforma precursora en pagos digitales, PayPal. El segundo fue cuando participó tempranamente como inversor externo de Facebook, por lo que obtuvo ganancias millonarias.

La oposición rechazó la estadía de Thiel en el país. Elisa Carrió fue directa: “Es Pentágono puro, es el eje del mal”. El kirchnerismo presentó un proyecto de resolución en la Cámara de Diputados. Entre los argumentos para expresar el repudio, sostuvieron que es un “peligro para la democracia”, que pretende ejercer un control social y criticaron la figura del “Anticristo” que usa el empresario para referirse a una especie de fuerza destructiva apocalíptica que apela a un discurso de riesgo existencial para controlar. En alguna oportunidad, lo ejemplificó con la ecologista Greta Thunberg.

Milei define su pensamiento como anarcocapitalista, cuyo padre fundador del movimiento, Murray Rothbard (1926-1995), se basaba en la abolición del Estado y el libre mercado. Un ideal irrealizable en la actualidad. En otro carril y más acá en el tiempo, un grupo de líderes tecnológicos sintoniza con la denominada "Ilustración Oscura", una corriente que tiene entre sus referentes a Curtis Yarvin (1973), quien también pregona la eficiencia del capitalismo sin restricciones, y ha planteado reemplazar las democracias liberales por una tecnocracia o monarquía de CEOs.

El caso de Palantir es una clara muestra de cómo una camada de directivos/emprendedores no sólo se trazaron como objetivo innovar y facturar millones de dólares, sino que optaron por un plan más ambicioso, que apunta a la construcción de poder y de sentido.

Thiel y Alex Karp, el CEO de la compañía, estudiaron filosofía. El primero fue alumno de Rene Gérard, de quien se nutre en sus conceptos; y el segundo, de Jürgen Habermas, uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX. Lo fundamental de este dato es que ambos partieron de ideas, y las ideas continúan rigiendo al mundo.

Thiel escribió “De cero a uno: cómo inventar el futuro” y Karp “La República Tecnológica”. El tridente se conforma con Shyam Sankar, vicepresidente ejecutivo, ingeniero eléctrico e informático, quien acaba de publicar el libro “Movilizar: cómo reiniciar la base industrial estadounidense y detener la Tercera Guerra Mundial”.

Sankar fue nombrado –junto a otros cuatro ejecutivos de tecnológicas– en el rango de teniente coronel dentro del Destacamento 201, especialmente creado para el desarrollo de Inteligencia Artificial de uso militar. Es decir, integra el Ejército y ejerce un rol de asesor estratégico, al tiempo que pertenece a una firma que es vende sus servicios para la guerra.

Palantir publicó hace una semana un Manifiesto de 22 puntos en el que sintetiza su visión:

-Hay culturas que producen avances, y otras que son disfuncionales. Reivindicación de Occidente frente al “pluralismo vacío”.

Desde el otro extremo, Alexander Dugin, a quienes algunos catalogan como “el filósofo de Putin”, consideró que el Manifiesto representa el verdadero programa para salvar el dominio de Estados Unidos y que fue visibilizado porque ha alcanzado “posiciones avanzadas en la gobernanza mundial”. Lo considera la “encarnación de Occidente y su supremacía tecnológica”. “Queda claro que nosotros (Rusia), junto con China, somos los próximos objetivos”, analizó en Radio Sputnik.

Caputo, que es lector de Yarvin y Dugin, y ahora conocido de Thiel, le dio retuit al planteo de Palantir. Argentina, como viene siendo, siempre al lado de la Casa Blanca.

Jesica Bossi

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