Se prolonga el conflicto por el estrecho de Ormuz
Donald Trump ha cambiado su estrategia en el conflicto con Irán: ahora busca prolongar la tregua en lugar de continuar amenazando con romperla. Detrás de esta decisión subyace la creencia de que el régimen iraní se acerca a una suerte de ruptura interna, en un conflicto que cumplirá dos meses. En todo ese tiempo Estados Unidos no ha logrado quebrar el aparato militar iraní ni provocarle daños irreparables.
En la visión estadounidense va ganando espacio la idea de que si se prolongan las negociaciones, esto termine creando una situación que precipite un quiebre interno en el gobierno iraní. En realidad, se trata de volver al escenario de fines de febrero, cuando se decidió apostar por la vía militar para provocar el cambio de régimen en Irán. En este tipo de estrategia de desgaste, el tiempo pasaría a estar a favor de Estados Unidos.
Con este nuevo enfoque, Estados Unidos elude riesgos, especialmente la necesidad de realizar operaciones militares arriesgadas, mientras preserva al mismo tiempo sus portaaviones y repliega algunos de sus equipos militares más complejos. Aunque la victoria no se plantea como una derrota militar sobre Irán, este nuevo enfoque representa una estrategia no exenta de riesgos.
El más importante de todos es la posibilidad de que esas demoras precipiten un quiebre en el régimen iraní que derive en una guerra civil. No obstante, desde la perspectiva estadounidense no es un problema que la negociación que se realiza en Pakistán se demore por tiempo indefinido, ya que su eje se basa en usar el tiempo contra su enemigo en la crisis de Ormuz, donde, en los hechos, parece estar desarrollándose una tercera Guerra del Golfo.
Estados Unidos ahora exige menos compromisos militares a sus aliados y eso facilita su relación con ellos. Además, las tensiones dentro de la OTAN están disminuyendo a raíz de esta nueva estrategia y ello mejora la relación de Washington con sus aliados, que no se ven sometidos a la presión constante de apoyo militar por parte de Estados Unidos. La relación de Trump con la opinión pública estadounidense parece estar mejorando también a partir de esta decisión, que implica encontrar una estrategia militar que no afecte sus intereses electorales. Sin embargo, esto no quiere decir que abandone sus objetivos militares, sino que los subordina de momento a los políticos. Asumir esta estrategia implica riesgos estratégicos muy importantes para la región, como el que podría generar una crisis interna en Irán.
Dicho en otras palabras, una guerra civil en Irán podría tener una proyección fuera de control en la región. Ese es el riesgo más grande en este escenario de tregua prolongada. Desde el punto de vista militar, estirar la definición puede favorecer una estrategia militar que apunte a producir un cambio de régimen, pero asumiendo que el riesgo es el conflicto interno entre las mismas facciones de Irán. Hay quienes sostienen que el cambio de régimen ya se ha producido porque la Guardia Revolucionaria Iraní está ejerciendo el poder real en el país y la vieja generación de los Ayatolás ha sido sustituida en las decisiones estrictamente militares.
Esto ha causado el endurecimiento iraní visto en las últimas semanas y su negativa a negociar. Como todas las decisiones que ha tomado Trump en esta guerra, estas cobran forma en un grupo muy pequeño de funcionarios y dándole escasa importancia a las experiencias y ejemplos históricos.
Pero hay un factor externo al conflicto en el cual el tiempo juega en contra: la creciente necesidad de liberar el transporte internacional de petróleo. El 20% del total mundial que normalmente se transporta por el estrecho de Ormuz se encuentra en una situación incierta y peligrosa, sometida a riesgos e incertidumbres. En cambio, sólo el 6% que se transporta por el Canal de Panamá hacia el continente asiático lo hace por el momento sin riesgo. En la visión hemisférica de Trump existen otras dos vías marítimas: la que en el futuro se abriría a través del Ártico en el norte y la que surgiría de un mayor uso del estrecho de Magallanes al sur.
Pero esto no parece suficiente ante una crisis que afecta al 20% del transporte de petróleo mundial. La interrupción en Ormuz tiene diversas consecuencias, que afectan desde la vida cotidiana de un agricultor en la India, hasta la producción industrial y tecnológica de Europa.
Es probable que la crisis desatada en Ormuz haga crecer la importancia de los pasos oceánicos y ello aumente el interés por defenderlos o adquirir su control. Un ejemplo de esta importancia renovada se puede ver en la decisión del Reino Unido -impuesta por Washington- de suspender la independencia otorgada al archipiélago de Chagos, que se había aprobado hace un par de años. Estas decisiones hoy están bajo revisión por sus consecuencias en la navegación global. El Reino Unido, aliado histórico de Estados Unidos, ha pasado a plantear la suspensión de este tipo de procesos que transfieren la soberanía efectiva a los pueblos originarios donde hay bases militares.
En forma abrupta y sorpresiva, Trump relevó a su Secretario de la Marina, John Pelan. No es un funcionario militar sino político, que fue donante de la campaña de Trump. Tampoco tiene antecedentes de vinculación con las Fuerzas Armadas. Como en otros casos anteriores -como el del Jefe del Ejército-, el cambio parece estar relacionado con discrepancias en torno a decisiones militares. Pelan fue reemplazado por referidos enfrentamientos con el Jefe del Pentágono, Pete Hegseth, y su subsecretario, Steve Feinberger. La causa concreta habrían sido las diferencias entre el Secretario de Defensa y el Departamento de Marina respecto a sus compras.
Trump viene realizando purgas excepcionales en el ámbito militar desde que llegó al poder. Es que más allá de las apariencias, el fracasado golpe cuando los partidarios de Trump intentaron tomar el Capitolio, dejó una brecha importante entre los militares y Trump. En realidad, la decisión de los ocho jefes militares más importantes de negarse a apoyar el intento de Trump lo hizo fracasar. Por eso ahora no quiere correr riesgos y quiere mandos que le sean absolutamente leales.