El alma de los libros en tiempos de pantallas
La historia de la humanidad tiene millones de años, se pierde en la nebulosa del tiempo, antes de que existiese la escritura, sólo es posible conjeturar con algunas tradiciones orales, historias que los pueblos se fueron transmitiendo a modo de relatos, que son los que aglutinaron a los homo sapiens en torno a creencias comunes. En la memoria de los pueblos, los primeros relatos son los creacionales, las historias sobre los dioses y del origen del cosmos. Los primeros seres humanos se fueron congregando en torno a estas historias narradas por los ancianos que les daban una identidad común.
Sin embargo, la escritura fue creada por los sumerios (actual Irak) alrededor de 3200 años antes de Cristo. Usaban formas de cuña que se imprimían en tabletas de arcilla para llevar los registros contables y administrativos de los templos.
En Egipto la escritura jeroglífica data de 4000 años antes de Cristo. En América los primeros registros son alrededor del año 900 ac. Sin embargo eran sólo los expertos -llamados escribas- los que manejaban este arte de leer y escribir. La mayoría de las personas hasta épocas recientes no poseían libros ni sabían leer. La escritura en los primeros siglos se hacía en papiros, se usaba el tallo de esa planta, se lo cortaba en tiras finas y se la cruzaba en horizontal y vertical, esas capas se golpeaban y luego se prensaba durante varios días para crear una hoja resistente y flexible, estas hojas muy largas se escribía con plumas de ganso o cañas afiladas y la tinta se fabricaba con agallas de roble y hierro. La biblioteca de Alejandría conservaba rollos de papiro, no libros.
El primer libro impreso del que se tenga conocimiento fue el “El Sutra del Diamante”, datado en el año 868 d.C. en China, es el libro impreso más antiguo conocido, creado mediante xilografía.
Cuando se habla de impresión hay que hablar del alemán Johannes Gutenberg y de la invención de la imprenta en el año 1440. El “Padre de la Imprenta” desarrolló una moderna técnica de impresión con tipos móviles (moldes de letras) en vez de utilizar las tablillas de madera, que se desgastaban con el uso, confeccionó moldes con hierro. En total 150 tipos imitando a la perfección la escritura de un manuscrito. Ahora bien, ¿Cuál fue el primer libro impreso? Fue La Biblia, que es además indiscutiblemente el libro más impreso, distribuido y vendido de la historia, con estimaciones que superan los 5.000 a 6.000 millones de ejemplares. Ha sido traducida a miles de idiomas.
El jueves pasado empezó en Buenos Aires la Feria del Libro. En tiempo de pantallas y teléfonos, me parece importante destacar la importancia de los libros impresos y de su lectura.
A propósito de eso quisiera compartir con ustedes un párrafo de la extraordinaria novela de Carlos Ruiz Zafón “La sombra del viento”: “Seguimos al guardián a través de aquel corredor palaciego y llegamos a una gran sala circular donde una auténtica basílica de tinieblas yacía bajo una cúpula acuchillada por haces de luz que pendían desde lo alto. Un laberinto de corredores y estanterías repletas de libros ascendía desde la base hasta la cúspide, dibujando una colmena tramada de túneles, escalinatas, plataformas y puentes que dejaban adivinar una gigantesca biblioteca de geometría imposible. Miré a mi padre, boquiabierto. Él me sonrió, guiñando el ojo.
Salpicando los pasillos y plataformas de la biblioteca se perfilaban una docena de figuras. Algunas de ellas se volvieron a saludar desde lejos, y reconocí los rostros de diversos colegas de mi padre en el gremio de libreros de libros usados.
—Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo existe, o quiénes lo crearon. Te diré lo que mi padre me dijo a mí. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tienen a nosotros”.
No sería quien soy sin mis libros, no habría fe en mí si las diversas generaciones de creyentes no hubiesen preservado los textos de la Biblia. Ojalá que las nuevas generaciones sigan amando los libros y enriqueciéndose con su lectura.