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perfil.com · hace 7 horas · Alejandra Perinetti

Una realidad invisible

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La violencia hacia niñas y niños adopta múltiples formas. Algunas son evidentes, pero muchas permanecen invisibilizadas: prácticas de crianza basadas en el castigo, vínculos atravesados por la desvalorización o entornos donde el cuidado resulta insuficiente. Estas situaciones, muchas veces naturalizadas, se sostienen en el tiempo sin ser cuestionadas.

A nivel global, la magnitud del problema es alarmante. Según la Organización Mundial de la Salud, seis de cada diez niños menores de 5 años sufren regularmente castigos corporales o violencia psicológica. Estos datos evidencian que el maltrato infantil no es un hecho aislado, sino una realidad extendida.

En la Argentina, la información disponible es limitada. No existe un sistema integral de datos oficiales que permita dimensionar con precisión la totalidad del fenómeno. Sin embargo, algunos registros institucionales permiten aproximarse a su alcance. De acuerdo con la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, durante 2023 se registraron 5.391 casos de niñas, niños y adolescentes afectados por situaciones de violencia doméstica.

La mayoría de las situaciones reportadas corresponde a maltratos que ocurren en el ámbito familiar. En el 80% de los casos, las personas denunciadas son familiares directos, lo que da cuenta de la complejidad del problema cuando se desarrolla en entornos que deberían garantizar cuidado y protección.

Las formas de violencia registradas también muestran la amplitud del fenómeno. El 96% de las niñas, niños y adolescentes afectados sufrió maltrato psicológico o emocional, el 34% abusos físicos y el 9% violencia sexual.

El impacto del maltrato infantil, en cualquiera de sus modalidades, es inmenso. Puede generar consecuencias en la salud física y mental que se extienden a lo largo de toda la vida. También tiene efectos sociales y económicos, ya que incide en las trayectorias educativas, en la inserción laboral y en el desarrollo de las sociedades en su conjunto. A esto se suma que muchas de estas situaciones permanecen ocultas y solo parte de las víctimas accede a algún tipo de acompañamiento. Otro aspecto relevante es la reproducción intergeneracional de la violencia. Distintos estudios muestran que quienes han sido víctimas en su infancia presentan mayores probabilidades de reproducir estas prácticas en la adultez.

En este sentido, la prevención ocupa un lugar central. El fortalecimiento de las capacidades de cuidado, el acompañamiento a las familias y el desarrollo de marcos normativos que desalienten y sancionen estas prácticas, son acciones fundamentales. También resulta clave generar espacios donde niñas, niños y adolescentes puedan expresarse, sentirse contenidos y contar con herramientas para pedir ayuda. En este sentido, adquiere especial relevancia la formación de las personas adultas que se desempeñan en ámbitos institucionales (como las escuelas), quienes cumplen un rol fundamental en la detección temprana, la construcción de vínculos de confianza y la generación de entornos seguros.

El Sistema de Protección de Derechos cumple un papel central. Su capacidad de respuesta depende de la articulación entre actores, la disponibilidad de recursos y la formación de los equipos. Sin estas condiciones, las posibilidades de intervención se reducen.

En el Día Internacional de la Lucha contra el Maltrato Infantil, hacemos un llamado a visibilizar estas situaciones y trabajar en conjunto para revertirlas. Garantizar entornos de cuidado y protección requiere decisiones sostenidas, coordinación entre actores y una mirada que priorice el bienestar integral de las infancias.

Chernobyl serie de HBO / Chernobyl Abyss