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perfil.com · hace 8 horas · Hugo Haime

Del sacrificio a la desilusión

Hugo Haime

La mayoría de las cifras económicas vinculadas a actividades que involucran a la mayoría de la población muestran una tendencia descendente. Conocimos, entre otras, la referida a la caída de la actividad económica de febrero, que nos continúa mostrando una Argentina cada vez más dual. Conocimos el índice de inflación de marzo y sabemos que la de abril será probablemente inferior, aunque continuará por encima de los 2 puntos. Todo muy lejos de lo comprometido por el Presidente.

El proceso recesivo golpea de lleno a la mayoría de las provincias, que pierden recaudación. Mientras tanto, el gobierno central –que no tiene la obligación de pagar salud, ni educación, ni seguridad– anuncia más motosierra y más ajuste, y les da a los gobernadores adelantos de coparticipación a cambio de votos en la Legislatura Nacional. Son finalmente los gobiernos locales los que deben hacerse cargo de pagar a sus maestros, a sus policías, a sus médicos.

En la medida en que la población va abandonando las prepagas y los colegios privados, y pierde empleos formales, la demanda sobre los servicios provinciales es cada vez mayor. Los gobernadores tienen como problema que muchas veces los ciudadanos no terminan de entender por qué algunos servicios que antes recibían comienzan a escasear. Encima, el Estado tiende a no pagar deuda comprometida. La posibilidad de que el ajuste nacional termine golpeando a las administraciones locales está entonces a la vuelta de la esquina.

No por casualidad el Gobierno atraviesa su peor momento en términos de opinión pública: el descontrol de la inflación, las sospechas de corrupción y las conductas éticamente reprochables frente al sufrimiento cotidiano de las familias han golpeado con fuerza. Lo reafirma una nueva caída en el índice de confianza del consumidor de la UDT. Están ocurriendo cosas que el mileísmo nunca imaginó. Hoy la gestión recibe más responsabilidad por los problemas económicos del país que la llamada “herencia kirchnerista”. Vale la pena no perderse los reportajes que se realizan a diario en la estación Constitución.

Milei comienza a convertirse en casta. Ahora, tras mucho tiempo de haber perdido la iniciativa política, aparece la reforma electoral, una ley pensada con dos objetivos: a) si no se aprueba, acusar a toda la dirigencia de casta; b) buscar que una mayoría opositora no logre unificarse. En esa misma línea se inscribe el anuncio de concurrir junto a Adorni a la Cámara de Diputados, buscando generar un escándalo que tape los propios del Gobierno.

Hasta ahora el mileísmo venía cómodo porque partía de la base que no había oposición. Pero, cuando se produce un vacío, alguien lo va a llenar. Esa oposición silenciosa comienza poco a poco a articularse. Las encuestas comienzan tímidamente a mostrar escenarios de balotaje en donde asoma la posibilidad de cambio político. Los fenómenos sociales muchas veces son silenciosos hasta que emergen.

Un tercio de quienes lo votaron en 2023 dejó de creer que el sacrificio del ajuste económico valga la pena. Un 35% de los hogares nos declaró que no logra llegar a fin de mes, porcentaje que es todo un récord en la serie histórica que iniciamos en 2009. Todo esto sucede mientras el Presidente canta “Libre” desde Israel. El problema no es que cante, sino la imagen de lejanía que transmite sobre los problemas cotidianos.

Hoy no manda la bronca social: está equiparada con desilusión, melancolía y tristeza. Si el Gobierno persiste en su actual camino, corre el riesgo que la melancolía se transforme en enojo. La movilización no esperada en Plaza de Mayo en honor de Francisco es una señal de búsqueda de esperanza, reflejada en el recuerdo de alguien que estaba en las antípodas del pensamiento libertario.

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