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perfil.com · hace 8 horas · Pablo Helman

Negocio

Pablo Helman

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado/No me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás/ Los favores recibidos, creo habértelos pagado/ Y, si alguna deuda chica, sin querer se me ha olvidado/ En la cuenta del otario que tenés, se la cargás

“La ley de potencia: la mayoría de las empresas fracasan, pero unas pocas lo hacen de manera extraordinaria. El éxito extremo se basa en un poder extremo, no en un crecimiento parejo.”

1. Esta semana, Javier Milei tuvo su doctorado Honoris Causa en la Universidad Bar Illan. Hizo un largo discurso doctrinario, en el que volvió sobre muchas de sus fuentes anarcocapitalistas. Hubo varias citas de Hans-Hermann Hoppe, el principal referente vivo de la corriente, un economista que no se cansa de hablar mal del Presidente argentino, También se refirió a Jesús Huerta de Soto, sazonado un dosis de Hayek y Benegas Lynch. A eso se sumó una curiosa e ingenua lectura de la Biblia, en una interpretación autopercibida como estoica. Todo en tono “milei”, un estilo que los argentinos conocemos. Pero en determinado momento, Milei afirmó algo clave: “Igual quién es el dueño del dedo para decir cómo debería ser ese mundo, ¿no? Pero más allá de eso, el eje central es: a mí como economista profesional, en mi otra vida, por decirlo de alguna manera, porque ahora me dedico a otro negocio…”. Considerar la Presidencia como “negocio”, en un contexto de $Libras, Adornis y Andis es casi una confesión. El chiste y su relación con la conciencia de un funcionario. Con la moral (o su ausencia) como política. Si quienes lean este panorama desean detenerse en este punto y no seguir adelante, cuentan con la anuencia del autor. Una parte importante será intentar profundizar en esta idea: nuestro primer mandatario considera que lo que hace es “negocio” (https://www.casarosada.gob.ar/informacion/discursos/51223-palabras-del-presidente-javier-milei-tras-recibir-un-doctorado-honoris-causa-por-parte-de-la-universidad-bar-ilan-de-israel).

2. El discurso de Milei fue doctrinario y, después de mucho tiempo, volvió sobre su base anarcocapitalista. Lo hizo con énfasis. El Presidente sabía que a su regreso se encontraría con Peter Thiel, el líder de Palantir, el filósofo que considera que la IA puede ser una herramienta en el camino del anarcopoder conservador y reaccionario. Thiel, el que compró una mansión en 12 millones de dólares en Barrio Parque, el que hizo su negocio primero con la CIA, luego con el propio Trump, más tarde con Meloni y la policía israelí, está en Buenos Aires y se reunió con Milei esta misma semana. También hizo saber que se instalaría en nuestra ciudad porque quiere saber “in situ” cómo es un gobierno anarcolibertario.

3. Hablar de Thiel es referirse al que seguramente sea el más lúcido y activo miembro del pensamiento ultraconservador en el mundo. En un artículo sobre su socio, el también filósofo (de origen progresista) Alex Karp, Tomás Borovinsky escribió en la revista Panamá: “Todos estos planteos, no exentos de polémica, sirven como indicador de cambio de época: lejos del Fin de la historia... de Fukuyama, pero también repensando el 11 de septiembre a la luz de la pandemia, los conflictos étnico-religiosos contemporáneos, el enfrentamiento con China y la reacción anti-woke. Con el agotamiento del “consenso de 1945” en nuestras manos, guste o no, a favor o en contra, gente como The Technological Republic nos invita, aunque lo extrañemos horrores, a dejar morir de una vez al siglo XX y asumir el tiempo que nos toca”.

4. Palantir, la empresa de Karp y Thiel, esta misma semana hizo un manifiesto sumamente polémico. Habla del rol de la IA en las guerras que se vienen y de la necesidad de un megapoder para ejecutar ciertas políticas. Por ejemplo: “Si un marine estadounidense pide un mejor rifle, deberíamos fabricarlo; y lo mismo ocurre con el software. Deberíamos ser capaces, como país, de seguir debatiendo la pertinencia de una acción militar en el extranjero sin dejar de ser inflexibles en nuestro compromiso con aquellos a quienes hemos pedido que se pongan en peligro”.

5. Thiel a veces se presenta como una suerte de teólogo, reflotando antiguas miradas católicas ultramontanas. Escribió sobre eso de manera extrema, acusando a los hippies, a Greta Thunberg, a los ecologistas de ser manifestaciones del anticristo en nuestra época. Es el principal promotor de otro católico ultramontano, JD Vance. Es un seguidor de pensadores que dan sustento al pensamiento ultra, como René Girard, Carl Schmitt o Leo Strauss. Pero, esencialmente, es un empresario tecnológico, que usó la venta de su primer emprendimiento de renombre Pay Pal para hacer nuevas empresas que lo tornaron cada vez más rico.

Milei en Israel habló de la incompatibilidad de la cultura que él llama “judeocristiana” con otras: para el Presidente es imposible la convivencia con quienes “quieren matarnos”.

6. Hay tres perspectivas para entender la gestión de Milei hasta ahora: el aspecto de la batalla cultural –el ideológico–, el económico –en el que hasta ahora primó esencialmente el pragmatismo– y el de la improvisada gestión de gobierno –que el Presidente definió como “negocio”–. Quizás haya que estar más atentos a este tercer aspecto al analizar el día a día de los libertarios en el poder. También sus alianzas, sus visitas y sus perspectivas.

7. Volviendo a Thiel, quizás corresponda aplicarle lo que podríamos llamar el “teorema de Néstor”. Kirchner solía decir “deben juzgarme por lo que hago y no por lo que digo”. Quizás, detrás del conservadurismo rancio, de la provocación intelectual, se encuentren ideas más simples (y peligrosas por su autoritarismo) de lo que parece. Quizás lo ideológico sea en este caso –una vez más– una excusa para hacer negocios.

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