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perfil.com · hace 9 horas · Martín Kohan

Por decreto

Martín Kohan

No es la primera vez, eso está claro, que se recurre a la palabra “grandeza” de manera fraudulenta. Hay otros casos, y están como quien dice a la vista, en que también se dice “grandeza” y es por engaño o por autoengaño. Pero las cosas cobran, por cierto, otro cariz cuando el poder del Estado está de por medio. Y no fue sino desde el poder del Estado, con la importancia de una declaración oficial, con el peso específico de un decreto del Poder Ejecutivo, que se estableció que este año, este 2026, es el Año de la Grandeza Argentina. ¿Cómo entendemos, ahora, semejante pronunciamiento? ¿Qué fue, qué es? ¿Un vaticinio, un pronóstico, un propósito? ¿Una intención difusa, un objetivo firme? ¿Un acto de fe por el cual se ha de creer que eso que se dice es; o que eso que se dice, puesto que se lo dice, va a ser? ¿Es parte de un programa político consistente? ¿Es apenas una expresión de deseos? ¿Una promesa vaga, dirigida a incautos? ¿El manijazo que precisa darse un obstinado desde la presidencia para seguir siempre en la suya, cultivando el pase lo que pase?

Suele señalarse como uno de los rasgos salientes del Presidente una megalomanía bastante acendrada, tal vez reacción compensatoria de previos complejos y disminuciones, luego alentada por la sobreexposición a las redes sociales y su gimnasia de forjar un laborioso autoaprecio en base al porfiado menosprecio hacia los otros, y redondeada por fin en una imitación caricaturesca del ya caricaturesco Trump. Esa misma inclinación megalómana, y esa misma sobreexposición a las redes parecen agudizar en su discurso la tendencia al formato estable del hashtag, emisión de frases pomposas, de sensibilidad algorítmica e impacto superficial, huecas en definitiva, insustanciales a poco de pensarlo, falaces ante la realidad.

Ya va terminando abril, pasó un tercio de 2026. ¿Y la grandeza del anuncio oficial? Fatigados de grandilocuencias vacuas, vamos penosamente notando que el anuncio de la “grandeza argentina” es no solamente falso, sino además una especie de capricho pueril, acaso una irresponsabilidad, más bien una tontería.

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