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lanacion.com.ar · hace 9 horas

Cartas de lectores: Educar en valores, Emilio Torlaschi, la oposición

LA NACION

Cada día nos despertamos con una noticia acerca de una nueva amenaza o intento de ataque en alguna escuela. Ya se ha comprobado que es un reto viral. Sin duda por un uso abusivo de las redes y su capacidad inmediata de llegada. Estos mensajes alientan a la violencia y prometen una falsa idea de seguridad a quienes decidan cumplir con los retos. Es urgente que la educación vuelva a estar en manos de la familia, primera responsable de la transmisión de los valores morales, personales y sociales; y de la escuela, formadora del pensamiento crítico y de los valores cívicos. Queda en evidencia que las redes ya han ocupado ese lugar. En un mundo convulsionado y fragmentado, en una sociedad en que el trabajo es la preocupación primordial para mantener a las familias, dejamos a nuestros chicos a merced de las redes. Incluso, los padres que revisan las redes de sus hijos pueden ser fácilmente engañados porque tienen más de un usuario, el que muestran y el que esconden de la mirada adulta. Es urgente volver a los clubes deportivos, a las asociaciones barriales, a los grupos de los templos religiosos. Es imperioso volver a compartir tiempo con los hijos, no es saludable que estén encerrados y pendientes del celular. Volvamos a lo que conocimos y nos hizo adultos trabajadores y socialmente responsables. Volvamos a las buenas prácticas que podrían ser tildadas de viejas: estudio, esfuerzo, paciencia, solidaridad, trabajo. Porque parafraseando la conocida frase de El Eternauta: “Lo viejo funciona”.

Lloro mientras leo el relato de cómo murió Emilio y cómo murieron tantos otros en el hundimiento del Belgrano durante la Guerra de Malvinas. Me duele igual que hace 44 años, si no más. Tantas vidas truncadas, tantos cuerpos y espíritus lastimados. Tanto dolor y sufrimiento. La violencia nunca es una solución. Nada más alejado de lo que nos enseña Dios. Nada más alejado de lo que nos enseña la experiencia y nos indica el sentido común. Es mi más profundo deseo que cada vez más personas se den cuenta de esto. Para que nunca vuelva a haber otro Emilio. Para que su muerte y la de tantos otros no hayan sido en vano. Por nosotros, nuestros hijos y todas las generaciones por venir.

En su carta del 23 de abril, el Dr. Enrique Munilla, exmiembro de la Cámara Federal Penal que, entre 1971 y 1973, juzgó a los terroristas, se refirió a mi última columna sobre el golpe del 24 de marzo de 1976. En primer lugar, rechaza mi supuesta atribución del golpe a la influencia de la masonería. La nota no hace esa aseveración, sino que textualmente señala que en el gobierno del general Lanusse “los negociadores [del retorno de Perón] pasaron a ser otros. Por el lado de Perón, el “venerable” Licio Gelli, gran maestre de la logia italiana Propaganda Due. Por el lado de Lanusse, el general Luis Alberto Betti, miembro de la misma logia…”. Propaganda Due, como lo aclaré en mi libro homónimo y en muchas otras oportunidades, era un desprendimiento de la masonería italiana que se manejaba con estructura y códigos diferentes a la masonería tradicional.

En segundo lugar, el Dr. Munilla se queja porque no mencioné en mi nota a la Cámara Federal Penal “que, con menos de 100 funcionarios, en 23 meses de intensa labor, demostró que sin métodos ilegítimos se podía terminar con el terrorismo…”. No mencioné a la Cámara en esa nota porque no venía al caso y porque la página completa tiene un límite máximo de caracteres. No obstante, el 21 de diciembre de 2021 se publicó una columna mía en LA NACION, en la que decía: “Los culpables fueron juzgados con la ley y con las pruebas por jueces civiles que dictaban tantas condenas como absoluciones. Pero en poco tiempo los terroristas resultaron masivamente liberados, y los jueces, perseguidos y asesinados”. Antes, me había referido muy elogiosamente a ella en mi libro: Montoneros, soldados de Massera. Y lo dije aún más expresamente en el reciente programa del periodista y cineasta Diego Recalde, cuando elogié tanto a ese valiente tribunal como al general Alejandro Agustín Lanusse, por su dignidad antes y después del golpe del 24 de marzo de 1976.

En cuanto a los juicios del kirchnerismo a los militares, casualmente el remitente podrá encontrar mi opinión en mi próxima columna.

Cada 24 de abril, el mundo evoca el genocidio turco contra el pueblo armenio. Sin embargo, para la República de Armenia Occidental, el reconocimiento moral ya no basta: la memoria sin reparación es justicia incompleta. Proponemos un cambio de paradigma: pasar del reconocimiento simbólico a la exigencia de restitución territorial. El plan de exterminio entre los años 1894-1923 no fue solo humano, sino una operación de despojo para borrar nuestra presencia física del mapa. Mantener el statu quo es permitir que el crimen logre su objetivo final. Es imperativo que la comunidad internacional reconozca la continuidad jurídica de la Armenia reconocida en 1920 como Estado. No somos una diáspora en busca de consuelo, sino una nación con derechos soberanos vigentes sobre sus provincias ancestrales. Nuestra voz hoy no es un pedido de memoria, sino un mandato de derecho. La paz duradera en la región solo será posible cuando se restaure la legalidad y se revierta el despojo. Armenia Occidental somos los herederos legítimos de un suelo que se ha puesto de pie y que aún espera justicia.

Los alumnos porteños que pierdan clases por amenazas deberán recuperar los días en diciembre

”Son así porque no les enseñaron respeto por nada, ni por las personas, ni por la vida y menos por las instituciones, eso un padre de antes no lo hubiera permitido por nada” - Gastón Runzio

“¿Y quién les va a dar clases? ¿los profesores? Pago de horas extras para ellos... y que las paguen los padres” - Marcela Rodríguez

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