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perfil.com · hace 9 horas · Nancy Giampaolo

Italianos en París

Nancy Giampaolo

Francesco Procopio dei Coltelli fue un siciliano lo suficientemente atrevido como para marcar tendencia en París, inaugurando en 1686 Le Procope, catalogado como el primer café literario de la historia o como el primer café a secas. Se financió con sumas acumuladas en el negocio del helado, llegado a Francia en 1533 gracias a otra italiana marcadora de tendencia, Catalina de Medici, y tenía como novedad principal justamente el ritual del café, brebaje todavía poco consumido en Europa. “Nobles y cocineros, ingeniosos y tontos, todos parloteando a coro a sus anchas”, lo describió Alain-René Lesage, uno de los primeros clientes ilustres, al que con los siglos se sumarían Balzac, George Sand, Víctor Hugo, Rousseau, Montesquieu, Théophile Gautier, Alfred de Musset, Anatole France, Joris-Karl Huysmans, Oscar Wilde, Paul Verlaine, y más y más.

Su mitología incluye a Voltaire tomando 40 cafés sazonados con chocolate al día, a Diderot redactando algunos de los artículos de La Enciclopedia, a Benjamin Franklin escribiendo el borrador de la Constitución estadounidense y hasta a la primera aparición del Gorro Frigio. Gérard de Nerval lo llevó a su ficción, “como Nicolas, ardían en un fuego pudoroso por tal o cual de aquellas señoritas. Por lo general, eran dependientes de tienda, estudiantes o poetas avergonzados que habían escapado del café Procope, donde habían escrito durante el intermedio un madrigal o un soneto”, y durante la Revolución, Robespierre, Danton y Marat urdieron sus planes allí.

Pese a haber sido un templo consagrado a las letras, la filosofía y la política, cerró en 1897 para renacer 60 años después y jactarse de su prosapia con fetiches como el bicornio exhibido en una vitrina, con el que se dice que un Napoleón carente de fondos pagó la cuenta. Opacado por la coquetería del frente, el contrafrente también tiene su lustre histórico. Da al edificio en el que funcionaba la imprenta en la que Marat editaba L’Ami du Peuple, cuyos artículos se redactaban entre las mismas tazas humeantes que atestiguaron, en 1792, la planificación del ataque a las Tullerías. Dos siglos antes se había alzado allí el nostálgico palacio renacentista de, otra vez, Catalina de Medici. ¿Habrá sido Le Procope heredero de su influencia? Quizás, gracias al éxito centenario de su generoso combo de café y cultura, el atrevido gastronómico siciliano reclame desde el más allá ser recordado como un mecenas. No es para tanto, pero hay que admitir que como la Reina Negra dejó la indeleble huella de su bota en el corazón de Francia.

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