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perfil.com · hace 10 horas · Laura Juárez y Fernanda Márquez-Padilla

Los costos económicos ocultos de la menopausia

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Las mujeres de mediana edad representan una proporción récord de la mano de obra mundial, debido al aumento de la participación femenina en el mercado laboral y a los cambios demográficos. Además, muchas ya habrán absorbido o superado la "penalización por hijo", la bien documentada interrupción de la carrera profesional y la pérdida de ingresos causada por la transición a la maternidad.

Sin embargo, existe un gran problema pendiente de resolver. Lejos de nivelarse, el terreno de juego sigue inclinado, ya que cuando las mujeres llegan a la mediana edad, se enfrentan a otro obstáculo biológico: la menopausia.

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Más allá de los sofocos y los cambios de humor, las fluctuaciones hormonales asociadas a la menopausia producen una cascada de síntomas físicos, emocionales y cognitivos que pueden durar varios años y afectar al rendimiento laboral y a la calidad de vida general de la mujer, llegando incluso a aumentar riesgos de salud de por vida, como la pérdida de masa ósea y las enfermedades cardiovasculares.

Mientras que el envejecimiento general se desarrolla gradualmente, la menopausia desencadena un marcado deterioro de la salud y, a diferencia de muchas afecciones médicas, es segura e inevitable. Sin embargo, hasta hace poco, la menopausia rara vez se mencionaba y se estudiaba muy poco.

Dado que los profesionales médicos reciben escasa formación sobre el tratamiento de la menopausia, las mujeres han carecido durante mucho tiempo de un apoyo adecuado para navegar por la transición, y nuestro conocimiento de los costes económicos y sociales ha sido limitado.

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Afortunadamente, esto está empezando a cambiar. Por fin, la menopausia ha pasado a formar parte de la conversación en las redes sociales, en el ámbito académico, en los centros de trabajo y en los círculos políticos. Por ejemplo, en 2024, senadores de EE. UU. propusieron la Ley de Avance de la Atención de la Menopausia y la Salud de las Mujeres en la Mediana Edad para financiar la investigación, la formación médica y los esfuerzos de concienciación pública.

Existen cada vez más pruebas de que los costes de la menopausia van mucho más allá de sus efectos más conocidos sobre la salud y el bienestar. Datos de Estados Unidos, el Reino Unido y Escandinavia muestran que el empleo, las horas de trabajo y los ingresos de las mujeres disminuyen con la menopausia, mientras que aumentan el trabajo a tiempo parcial, las bajas por enfermedad y la dependencia de las rentas de transferencia (prestaciones de la seguridad social por incapacidad u otras transferencias públicas).

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Las tasas de nupcialidad también caen bruscamente durante esta transición y la salud se deteriora, especialmente la ósea, debido al mayor riesgo de osteoporosis y fracturas. Estos costes no se asumen individualmente; implican pérdidas de productividad, mayores costes sanitarios y una mayor desigualdad de género.

A largo plazo, la dependencia económica y física de las mujeres en la vejez presiona a las familias y a los sistemas de seguridad social, salud y bienestar. A medida que la población envejece en todo el mundo, ignorar estos costes no solo es imprudente, sino insostenible.

La buena noticia es que facilitar el acceso a una atención médica especializada puede mitigar los costes de la menopausia, sobre todo para las mujeres más vulnerables y las que experimentan los síntomas más graves. Las mujeres que reciben terapia de sustitución hormonal (TSH), por ejemplo, sufren menores interrupciones en el empleo y tienen una mejor salud ósea.

Es cierto que la TSH ha sido objeto de polémica desde la publicación del estudio de la Iniciativa para la Salud de la Mujer de 2002, que la vinculaba con graves riesgos para la salud. Sin embargo, aquellas conclusiones se han puesto en duda, hasta el punto de que la FDA retiró su advertencia de "recuadro negro" de las etiquetas de la TSH.

Queda por ver si este paso marcará un punto de inflexión. El acceso a la información y a la atención sanitaria suele ser desigual en función de la educación, los ingresos y la raza. Abordar estas disparidades y ampliar la atención sanitaria especializada sigue siendo imperativo para mitigar los costos económicos de la menopausia. Para ello, los responsables políticos podrían exigir una cobertura de seguro integral para la atención relacionada con la menopausia, incluida la TSH y otros tratamientos terapéuticos, y presionar para que se imparta más formación relacionada con la menopausia en las facultades de medicina y los programas de residencia.

Al mismo tiempo, los empleadores podrían implementar adaptaciones en el lugar de trabajo —horarios flexibles, controles de temperatura, políticas de permisos de apoyo— que reconozcan la menopausia como una condición de salud legítima que requiere apoyo. Muchas sociedades han adoptado desde hace tiempo políticas como la baja por maternidad, modelos de atención de partería y prácticas favorables a la lactancia para satisfacer las necesidades de las madres, y muchas de estas medidas han conducido a un aumento de la productividad y a la retención del talento. Es lógico pensar que las políticas favorables a la menopausia tendrían el mismo efecto.

Sin duda, aunque la menopausia afecta a las mujeres de todo el mundo, nuestras pruebas se limitan a unos pocos países desarrollados. Debido a la interacción entre factores biológicos y sociales, es probable que los costes de la menopausia dependan del contexto. Eso significa que todavía sabemos muy poco sobre cómo afecta la menopausia a las mujeres de las regiones menos desarrolladas, donde se enfrentan a retos aún mayores para acceder a la atención sanitaria.

Un obstáculo importante es la falta de datos de alta calidad sobre la menopausia y los resultados laborales y de salud. La mayoría de las encuestas sobre la población activa no recopilan sistemáticamente información sobre los ciclos menstruales de las mujeres o su cese. Incluso los datos sanitarios, laborales y administrativos no suelen ser adecuados para el análisis, porque es posible que los médicos no pregunten o no registren rutinariamente el estado menopáusico de las mujeres, y los códigos de baja por enfermedad o enfermedad podrían captar solo los síntomas, en lugar de la menopausia en sí.

Estas lagunas de datos reflejan, en última instancia, una falta de interés público por el tema, y es esta complacencia la que debe abordarse. Medir los costes de la menopausia es un primer paso necesario para mejorar la defensa y los resultados.

Como sostiene el economista Premio Nobel Angus Deaton: "La medición, incluso sin comprender los mecanismos, puede ser de gran importancia en sí misma; los cambios políticos se basan con frecuencia en ella".

A medida que la fuerza de trabajo mundial envejece, el número de mujeres que experimentan la menopausia mientras trabajan no hará sino crecer, y los costes a largo plazo de una mayor dependencia económica y física se acumularán. Cuanto más tardemos en abordar el coste social y económico de la menopausia, más nos costará.

(*) Laura Juárez es profesora asociada de Economía en El Colegio de México. Fernanda Márquez-Padilla es profesora asociada de Economía en El Colegio de México y profesora visitante (2025-26) en la Universidad de Zúrich.

Pacho O'Donnell 22042026