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infobae.com · hace 3 horas · Luciana Peker

Los crímenes de Berta Cáceres y Javier Chocobar, y la defensa del agua y la tierra a través del cine

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“¿De la comunidad se nace o se decide ser?“, pregunta una magistrada en el juicio por el asesinato del cacique Javier Chocobar, de la comunidad diaguita, de Los Chuschagasta, el 12 de octubre del 2009. La pregunta, respondida como si fuera un peritaje en disputa y recogida por el documental Nuestra Tierra, de Lucrecia Martel, es central en un país que desmiente su racismo y que niega el orígen del racismo en la negación de las raíces afro y originarias.

El interrogante profundo es si ser originario se nace o se hace, qué es ser argentino y de quién son las tierras: ¿a los que estaban o a los que sacaron a los que estaban? ¿Quiénes somos? ¿A quién le pertenece lo que somos?

Lo mejor de la película es que saca de las preguntas banales, partidarias, polarizantes y del sesgo de la chicana de un país panelizado para ir a la raíz de la raíz: ¿Cómo somos? ¿De quién es la tierra? ¿Cuál es el origen de lo que somos y de la tierra que habitamos?

Si hay un aporte fundamental del feminismo en la cultura es entender que mujer no se nace (solamente), sino que se hace: ¿qué es hacer? Es es una construcción de prejuicios, tabúes, impedimentos, mandatos y culpabilizaciones en torno al moldeado del género.

El origen de Argentina es disputado ahora que ser marrón no es un efecto del bronceador mediático, sino que se vuelve a mirar desde el origen borrado, diluido y denostado de los pueblos originarios y la herencia afro.

El país no tiene piel con asumir la lucha contra el racismo. El 25 de marzo Argentina fue una de las tres naciones que votaron en contra de calificar la esclavitud el genocidio más grande de la humanidad. La resolución de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se aprobó igual con 123 votos positivos y 53 abstenciones.

documental Nuestra tierra lucrecia martel

La iniciativa surgió de Ghana y Argentina mostró indiferencia en la conciencia de las consecuencias del colonialismo y de su propia herencia colonial como puerto y parte de un territorio en el que se comerció con personas y en el que el color marcó la condena a la esclavitud.

El negacionismo no niega la realidad, solo reafirma el intento de negarlo. Todo lo que se niega reaparece desde la raíz. El tango viene de la palabra afro tangó y renegar de las consecuencias de la esclavitud en Argentina es como renegar de la música que impregna de nostalgia la identidad nacional.

Por eso, en un borde del abismo tan pronunciado del primer cuarto de siglo el documental de Lucrecia Martel es una invitación a pensar lo importante, más que discutir lo intrascendente. ¿Qué es lo importante? Nuestra tierra, nuestra agua.

documental Nuestra tierra lucrecia martel

La película también es un disparador frente a la demanda multitudinaria para frenar la implementación de la modificación a la ley de glaciares para favorecer la producción económica más allá de las consecuencias ambientales. El asesinato de Chocobar se produjo por el intento de uno de los condenados de disponer la tierra ancestral para la minería.

En ese mismo sentido, la modificación de la Ley 26.639 de protección de glaciares y peri glaciares, tiene objetivos económicos igual que en toda América Latina para extraer riquezas y destruir la mayor riqueza: el agua y la tierra.

La norma se modificó con la aprobación de 137 diputados y el rechazo de 111 legisladores que va a permitir que las provincias tomen decisiones sin considerar la protección de un recurso que afecta a todos/as los ciudadanos y que se debilite la protección hídrica.

“Vemos peligrar el agua que los pampeanos consumimos”, planteó el gobernador de La Pampa Sergio Ziliotto en una demanda judicial. Pero, además, distintas organizaciones, preparan un mega litigio con más de 848.000 firmas: un hito de participación popular en la defensa ambiental.

El documental Agua es vida, dirigido por el norteamericano Will Parrinello y con la voz del mexicano Diego Luna en la narración, relata el valor de las personas y los pueblos originarios en la defensa del agua, de la tierra y de los territorios, en una lucha que está encabezada -no por políticos, ni candidatos, ni influencers- sino por las comunidades indígenas y campesinas en América Latina.

El film fue proyectado en La Esperanza y Tegucigalpa, en Honduras, por Amnistía Internacional, en el décimo aniversario del asesinato de Berta Caceres, en la madrugada del 2 al 3 de marzo del 2016. Berta luchaba por río Gualcarque. Chocobar por la tierra tucumana. Los dos fueron asesinados por sicarios ligados a grupos económicos. El río y la tierra sobrevivieron.

En la película de Martel se muestra que uno de los argumentos de la defensa fue que los Chuschagasta se habían extinguido. Sin originarios no hay reivindicación. Berta pertenecía al pueblo lenca y también recorrió un camino personal y colectivo de reencuentro con la identidad perdida, la sabiduría en riesgo y la ancestralidad despreciada o diluida en América Latina.

Camilo Bermúdez encargado del área de litigio del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) enlaza la lucha por el Gualcarque con la pelea por los glaciares: “El aprendizaje de la lucha por la justicia para Berta es que no se puede perder la esperanza, ni el aliento y debemos siempre seguir”.

Desde Honduras se pronunció sobre la demanda para proteger a los glaciares: “Ante estas medidas, que afectan a los glaciares, que no solamente impactan en Argentina, sino que afectan a todo el planeta, debemos articularnos, compartir las experiencias y saber qué es lo que requiere el pueblo argentino de solidaridad de parte del pueblo de Honduras, de los lenca y de los pueblos del mundo para hacer frente, en conjunto, a estos retos y desafíos que se presenten”.

Bermúdez explica: “Las experiencias del caso de Berta Cáceres en exigencia de justicia por la protección de los bienes comunes de la naturaleza nos enseña que debemos tener una estrategia. Los poderes transnacionales y políticos tienen intereses económicos y múltiples formas de ejercer dominación”.

“En COPINH hemos desarrollado estrategias en el ámbito jurídico, pero que deben estar acompañada de movilización, de organización comunitaria, de organización de base, de comunicación, de protección entre las personas, de articulación con las demás organizaciones y con las demás personas que sufren las mismas problemáticas”, subraya.

Berta Cáceres

Bertha Zuñiga es la hija de Berta Cáceres y la titular del COPINH. Ella resalta: “Mi mami murió por el río Gualcarque y es muy importante porque es un baluarte espiritual para nuestro pueblo lenca. Por eso, también la humanidad debe condenar la derogación de la ley de glaciares porque pone en peligro la subsistencia de la vida”.

“Los glaciares deberían ser considerados sagrados porque es donde nace el agua. Yo condeno que se ponga en peligro los glaciares y alzamos la voz en su defensa”, remarcó la heredera de Berta Cáceres.

En Agua es vida se cuenta la historia de Berta Cáceres; de Francisco Pineda, un agricultor de El Salvador y de Alberto Curamil, un líder indígena mapuche en Chile, los tres ganaron el premio Goldman, considerado el Nobel verde.

En las tres historias el asesinato, las amenazas y la cárcel fueron las respuestas a las luchas ambientales. Francisco, en la función en el cine de Tegucigalpa, se posicionó por la defensa del agua, desde Centroamérica a Sudamérica en la defensa del agua: “Le mando un mensaje al pueblo argentino para que sigan luchando por la protección de los glaciares porque representa la vida de los seres humanos y la biodiversidad del planeta”.

Berta Cáceres a orillas del río Gualcarque, en la región de Río Blanco, al occidente de Honduras (Foto cortesía Premio Ambiental Goldman)

La cámara de Martel, desde el norte argentino, rescata las fotos familiares de abuelas, bisabuelas y tataraabuelas, traídas al presente a pesar de los pocos recursos, en pueblos que no habían ido al cine y apenas hacía unos años llegaban a la televisión.

Los retratos antiguos muestran a Chocobar vestido de traje y con una lapicera en su bolsillo. Los maestros le enseñaban a sus descendientes pero olvidaban su ascendencia indígena como si el país fuera de los otros y para los otros, pero nunca para los que la habían habitado antes de ser descubierta por una mirada que cree que el mundo empieza cuando se llega y que tiene derecho a arrasar lo que nunca fue suyo.

La historia que se quiere testimoniar es la que logra volverse una narración en la gran pantalla para que esa lapicera escriba su muerte y el renacimiento de la tierra por la que luchó para que no sea dinamitada de los libros como la valentía de los indígenas en la independencia argentina.

Los gauchos a caballo no son una tradición espontánea sino una herencia de la valentía originaria y la subordinación de las voces y de los cuerpos prepoteados por quienes terminan condenados en los careos al silencio y la verguenza.

En "Nuestra tierra" se ve la desigualdad entre pueblos originarios e imputados en los careos

Nuestra tierra es de los que tuvieron que irse por ser considerados herejes de sus propios terruños y, por sobre todo, es de quienes la trabajan y de quienes la protegen.

Nuestra agua es de quienes la toman y quienes la preservan. El cine muestra a quienes dan la vida y a quienes la pierden para cuidarla. Ver también es abrir los ojos a la historia y cuidar el futuro para que no sea arrancado de sus propias raíces.

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