Los ETF de mercados emergentes y desarrollados aceleran: qué explica el rally de Brasil, México, Japón, Corea del Sur y Australia
En el último año, los principales ETF que replican mercados accionarios fuera de Estados Unidos mostraron una dinámica marcadamente positiva, reflejando no solo el cambio en los flujos globales de capital sino también mejoras específicas en los fundamentos macroeconómicos y empresariales de cada país.
Los instrumentos que siguen a Brasil (EWZ), México (EWW), Japón (EWJ), Corea del Sur (EWY) y Australia (EWA) exhiben trayectorias alcistas con distinta intensidad, pero bajo un denominador común: el reposicionamiento de inversores hacia economías con mejores perspectivas relativas de crecimiento, tasas reales atractivas o exposición a sectores estratégicos.
En el caso de Brasil, el ETF EWZ registró una suba cercana al 50%-60% en los últimos 12 meses, con un rango que lo llevó desde niveles cercanos a USD 25 hasta la zona de USD 40-42. Este comportamiento estuvo respaldado por una combinación de factores: tasas de interés reales elevadas, un fuerte ingreso de capitales hacia mercados emergentes y el peso de compañías vinculadas a commodities, particularmente energía y minería. Además, el mercado brasileño se vio favorecido por el contexto global de demanda de materias primas y por la estabilidad relativa de su frente fiscal. Los flujos hacia activos latinoamericanos incluso alcanzaron máximos de más de una década, impulsando al índice regional.
México, representado por el ETF EWW, también mostró un desempeño destacado, con rendimientos anuales superiores al 60% en algunos períodos recientes. El principal driver fue el fenómeno de relocalización industrial o nearshoring, que posicionó al país como un socio estratégico de Estados Unidos. Sectores industriales, consumo y financiero —con fuerte peso en el índice— capitalizaron este proceso. A esto se suma una macroeconomía relativamente ordenada y tasas reales positivas que favorecieron el ingreso de capitales.
Por su parte, Japón, reflejado en el ETF EWJ, evidenció una suba cercana al 30%-40% interanual. El mercado japonés se vio impulsado por reformas corporativas orientadas a mejorar la rentabilidad para accionistas, un yen históricamente depreciado que favoreció a exportadoras, y un renovado interés de inversores globales. Empresas líderes como Toyota o Mitsubishi UFJ Financial reforzaron este movimiento, consolidando el atractivo del equity japonés en carteras internacionales.
Corea del Sur, mediante el ETF EWY, acompañó esta tendencia con un fuerte rally, en gran parte explicado por su exposición al ciclo tecnológico global. Gigantes como Samsung Electronics y SK Hynix —altamente vinculados a semiconductores— se beneficiaron del rebote en la demanda de chips, inteligencia artificial y electrónica de consumo. La economía coreana, altamente exportadora, amplificó estos movimientos a medida que mejoraron las perspectivas del comercio global.
Australia, representada en el ETF EWA, también mostró una evolución positiva aunque más moderada. Su desempeño estuvo vinculado principalmente al ciclo de commodities, en especial hierro y minerales industriales, junto con la solidez de su sistema financiero. La economía australiana combina exposición a China —su principal socio comercial— con estabilidad institucional, lo que la convierte en un mercado híbrido entre desarrollado y emergente en términos de drivers.
En conjunto, estos ETF reflejan un cambio de narrativa en los mercados globales. Mientras durante años el foco estuvo concentrado en Estados Unidos y el sector tecnológico, el último período evidenció una rotación hacia regiones con valuaciones más atractivas, fundamentos macro más sólidos o ventajas estructurales específicas.
Lejos de responder a un único factor, el crecimiento de estos instrumentos se explica por una combinación de variables: tasas reales positivas en mercados emergentes, reapertura de flujos hacia commodities, reconfiguración de cadenas globales de valor y reformas corporativas en economías desarrolladas.
Este proceso sugiere una mayor diversificación geográfica en las carteras globales, donde los ETF de países comienzan a recuperar protagonismo como vehículos para capturar tendencias macroeconómicas específicas más allá del mercado estadounidense.