La visita de Peter Thiel: Argentina ante un Momento Manhattan
ando Peter Thiel alquila una mansión en Barrio Parque y almuerza a solas con un relevante estratega político, es una señal de inteligencia geopolítica: alguien con US$ 29.000 millones y acceso directo a los centros de poder de Washington, Silicon Valley e Israel que ha decidido que la Argentina de Milei merece un examen minucioso, presencial y prolongado.
l nombre de Momento Manhattan es revelador por sí solo: la visita de uno de los cofundadores de Palantir ocurre en el mismo momento en que Javier Milei firma los "Acuerdos de Isaac" con Netanyahu en Jerusalén, mientras su gobierno convoca a empresas a un Congreso de Ciencia, Tecnología e Innovación en Defensa. Los hilos se conectan con inusual nitidez.
Solo resta que Argentina se alinee con los Acuerdos de Abraham”para atraer billones de dólares de inversión potenciales de Arabia Saudita y la UAE .
La metáfora del "Momento Manhattan" no es gratuita. En 1942, los Estados Unidos concentraron en un punto geográfico —Los Álamos, en el desierto de Nuevo México— el capital intelectual, el financiamiento y la voluntad política y tecnológica que cambió la historia. Hoy, la carrera no es por el átomo sino por los datos, los algoritmos y la cadena de suministro de la inteligencia artificial.
Thiel comprende esto mejor que nadie. Su empresa Palantir fue construida con la premisa que el poder del siglo XXI no reside en el hardware militar tradicional sino en la capacidad de procesar, correlacionar y actuar sobre grandes volúmenes de información en manifiesto recientemente publicado por el CEO Alex Karp —reposteado significativamente por Santiago Caputo-- lo expresa sin ambages: "El hard power de este siglo se basará en el software. La elite de ingenieros tiene la obligación positiva de participar en la defensa de la Nación".
Argentina entra en este tablero con una combinación de activos que pocos países del hemisferio sur pueden exhibir simultáneamente: capital humano de alto nivel en ciencias exactas e ingeniería, costos operativos competitivo en talento, posición privilegiada en el Atlántico y ahora un gobierno ideológicamente alineado con las corrientes libertarias y tecno-optimistas que dominan el ecosistema de Silicon Valley.
El posicionamiento que el gobierno de Milei está construyendo, con deliberada paciencia y a veces con más intuición que planificación formal, descansa sobre tres pilares interdependientes que forman un sistema de ventajas comparativas difícil de replicar en otras latitudes.
El primero es la inteligencia artificial aplicada. Argentina posee una de las comunidades de desarrolladores software más sofisticadas de América, con una tradición académica en matemáticas y ciencias de la computación que empresas como Satellogic, Invap, y la infraestructura académica del Instituto Balseiro y su desarrollo nuclear.
Las Universidades Nacionales de Buenos Aires, de Rosario, y de Córdoba entre otras han convertido a la Argentina en una plataforma potencial de escala global.
También centros de excelencia como San Andrés e Itba. Milei, en el aniversario de su gobierno, habló explícitamente de una "tormenta perfecta" para convertir al país en un hub de IA: talento disponible, bajos costos comparativos y apertura regulatoria.
La presencia de Thiel cuya mirada sobre el país, según fuentes de su entorno, incluye la evaluación del "ecosistema emprendedor y el potencial de desarrollo tecnológico"— sugiere que esa narrativa ha encontrado receptores de peso.
Cofundador de PayPal y Palantir Technologie. Primer inversor externo en Facebook, fundador de Founders Found con participación en Stripe y Space X. Fortuna estimada en US$ 29.000 millones (Forbes, abril 2026, puesto N° 84 global). Libertario autodeclarado, crítico de la democracia representativa como freno a la innovación. Cercano a Trump, Musk y los círculos del tecno optimismo anglo sajón.
l segundo pilar es la defensa y la seguridad tecnológica. El gobierno argentino ha dado pasos que, vistos de manera aislada, parecen inconexos, pero que conforman una arquitectura: la firma de los "Acuerdos de Isaac" con Israel.
El tercer pilar es el menos discutido en los análisis geopolíticos convencionales pero quizás el más estructuralmente relevante para el desarrollo federal de la Argentina, la agrobioindustria como plataforma de seguridad alimentaria global. Argentina es uno de los pocos países del mundo capaz de alimentar a diez veces su población.
Con la convergencia de inteligencia artificial, biotecnología agrícola y cadenas de datos aplicadas al agro, es lo que el mundo anglosajón denomina ya "agri-tech" o "precision farming" y en la Argentina puede convertir su ventaja comparativa histórica en una ventaja competitiva de una nueva generación.
El perfil intelectual de Thiel es conocido: no invierte en mercados, invierte en rupturas. Su tesis central, articulada en su libro de cero a uno es que la innovación genuina no tiene competencia, competencia porque crea categorías nuevas. Lo que busca en Argentina no es participar en una economía en recuperación cíclica: busca detectar si hay aquí las condiciones para un salto estructural.
sas condiciones son, en su criterio, tres: capital humano capaz de construir tecnología transformacional, un entorno regulatorio y político que no frene la velocidad de la innovación y costos que hagan competitiva la apuesta frente a otras geografías. La Argentina de 2026 ofrece las tres, aunque de manera frágil y condicionada a la estabilización en curso.
Su curiosidad por el Superclásico en el Monumental no es anecdótico. Según quienes lo conocen. Thiel tiene una fascinación documentada por los fenómenos de escala masiva.
s átomos del proyecto Manhattan produjeron luz y sombra en proporciones iguales. La Argentina tiene hoy la oportunidad y la responsabilidad ética de elegir con mayor sabiduría en qué tipo de ruptura quiere participar y en qué términos.
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