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El vinculo difícil y marcado por la distancia de Milei con la Iglesia a un año de la muerte del Papa Francisco

El vinculo difícil y marcado por la distancia de Milei con la Iglesia a un año de la muerte del Papa Francisco

La relación entre Javier Milei y la Iglesia católica en el país iba a tener su prueba de fuego este martes, en la misa en Luján por el primer aniversario de la muerte del Papa Francisco. Si efectivamente el Presidente iba a aceptar la invitación y ubicarse en primera fila o no concurriría. Porque hace más de dos años que no recibe a la cúpula de la Conferencia Episcopal, organizadora de la ceremonia, supuestamente molesto por las críticas de los obispos a aspectos de su personalidad y de su gestión. En cambio, está siempre dispuesto a hacerlo con la mayoría de los pastores evangélicos con los que tiene más sintonía ideológica y casi no lo critican, y los rabinos ortodoxos por su especial interés por la espiritualidad judía, aunque se declara católico.

Los obispos, sin embargo, empezaron a descartar la presencia de Milei cuando comenzó a trascender el propósito del Presidente de viajar esta semana a Israel para participar de un nuevo aniversario de su independencia como finalmente ocurrió.

Las miradas del clero católico se posaron ahora en la cantidad y nivel de los funcionarios y legisladores libertarios que asistirán. No solamente para comprobar en qué medida el vínculo sobrevive, sino para mostrar una concurrencia plural porque seguramente del lado del peronismo serán no pocos los dirigentes que concurrirán. Por lo pronto, Axel Kicillof fue el primer gobernador -todos los mandatarios provinciales fueron invitados- en confirmar su presencia.

Es cierto que el Gobierno no quiso bloquear todos los puentes. El canciller Pablo Quirno -en cuyo ministerio se encuentra la secretaría de Culto y Civilización que lleva la relación con al Iglesia católica y las demás confesiones- convocó hace unas semanas al presidente del Episcopado, el arzobispo de Mendoza Marcelo Colombo, para analizar la marcha del vínculo y una eventual visita al país de León XIV.

Poco antes, Quirno le había entregado en mano al pontífice la invitación formal -un requisito de la Santa Sede para todo viaje papal-, confirmando el interés de Milei de que venga. Aunque para que ello se concrete su relación con los obispos debería ser más fluida, consideran fuentes eclesiásticas.

Claro que las diferencias de la Conferencia Episcopal con el Presidente no son menores, más allá de que cada vez que los obispos son consultados por la prensa tratan de bajarle el tono diciendo que le hablan a toda la sociedad.

Pero la declaración de la Iglesia con motivo de los 50 años del golpe militar constituyó una buena síntesis de esas diferencias. Allí no se limitan a repudiar la dictadura y sus atroces violaciones a los derechos humanos, sino que también bregan por la calidad democrática y, por eso, advierten que se vive una época de “una creciente tendencia al autoritarismo (…) en que populismos de distinto signo explotan las angustias de los ciudadanos”.

Pero a la vez que dicen “‘nunca más’ a la violencia de la dictadura”, también afirman “‘siempre más’ a una democracia justa’, en la que va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil”. Esto se interpretó como una implícita crítica a la exaltación del mercado como único regulador de la economía que hace el Presidente. Más adelante, señalan que “la democracia tiene que acertar con su finalidad última que es el bien común, que es incluir a todos en el camino de la plenitud humana”. Y destacan que “más vida democrática significa, entonces, asumir el valor del trabajo como uno de los ejes centrales de la cuestión social”.

Pero también los obispos cuestionan implícitamente el estilo confrontativo de Milei, al recomendar “el diálogo para abordar los conflictos y los desacuerdos, sin caer en polarizaciones estériles”. Particularmente critican -siempre sin mencionarlo- el tono del discurso de Milei en la última apertura de las sesiones ordinarias del Congreso y las formas de las críticas de legisladores de la oposición al gobierno, al rogar que “¡del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor!” y considerar que “se torna peligroso acentuar la culpa ajena para proclamar la propia inocencia y justificar una agresión indeterminada”.

En fin, subrayan que “no podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”. En ese sentido, exhortan: “Debemos renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción”. Consideran “clave recordar que la verdadera libertad va de la mano con la fraternidad y con una efectiva igualdad que permite a todos vivir con dignidad”. Al tiempo que destacan la necesidad de “rehabilitar una política que ponga la economía al servicio de la dignidad humana”.

La relación de Milei con Francisco había comenzado mal desde que en sus inicios en política lo consideró “el representante del maligno en la tierra” -Francisco, sin nombrarlo, le dedicó una filosa referencia-, pero en la campaña presidencial le pidió disculpas públicamente de modo reiterado. El cordial y largo encuentro que mantuvo con el pontífice en el Vaticano ya siendo presidente mejoró la relación. Pero las críticas de Francisco a una represión con gas pimienta de una protesta frente al Congreso marcó un deterioro.

En vísperas de la Navidad de 2024, los obispos le pidieron una audiencia a Milei para presentarle sus saludos, pero el Presidente nunca les respondió. Al año siguiente, optaron por enviarle una carta que sí respondió. La presencia de casi todo el gabinete en la misa en Luján y el recuerdo de Milei de Francisco en el lugar más sagrado de los cristianos que es la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén -dijo que fue el argentino más importante de la historia- acaso marcó el inicio de un acercamiento.

Sergio Rubin

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