Sueldos y una paradoja: cae el poder de compra en pesos, pero medidos en dólares no paran de crecer
Desde que Javier Milei es presidente, los salarios reales de los trabajadores formales muestran una tendencia negativa, fundamentalmente entre los empleados estatales y aquellos del sector privado que solo reciben incrementos por paritarias. Por el contrario, medidos en dólares los sueldos pegaron un salto notable durante este período y desde las últimas elecciones legislativas retomaron la senda alcista. ¿Cuál es el indicador que mejor refleja la realidad?
La dinámica de los salarios, deflactados por la inflación, varía según la serie de datos oficiales que se tome. Por ejemplo, el Índice de Salarios del INDEC para los trabajadores registrados se hundió un 7,8% real entre noviembre de 2023 y el último dato disponible, de enero 2026; esto respondió fundamentalmente a un derrumbe del 17,9% en el sector público, aunque en el sector privado el poder adquisitivo también se contrajo, un 2,2%.
Las estadísticas del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) son algo más ambiguas. El promedio de las remuneraciones de los asalariados privados alcanzó en enero su pico de la era Milei e incluso se ubicó 3,7% por encima del último valor de la gestión de Alberto Fernández. Sin embargo, si se utiliza la mediana en lugar del promedio (que implica tomar el sueldo ubicado en el centro dentro de los 6,16 millones de trabajadores en relación de dependencia), el número se ubica apenas 0,8% arriba del de noviembre de 2023 y 2,5% abajo del máximo de Milei, alcanzado en enero de 2025.
Sobre estas diferencias, el economista de la consultora C-P, Federico Pastrana, marcó la raíz en la heterogeneidad salarial: "Los salarios más altos tuvieron aumentos mayores a los de la gran mayoría de los trabajadores. Si los salarios más altos tuvieron una mejora nominal más alta que los bajos, eso impulsa el promedio para arriba, a pesar de que más de la mitad de los trabajadores sufran caídas reales". Esta desigualdad se da ya que, según el propio SIPA, los trabajadores de menores ingresos "presentan incrementos en línea con lo determinado en paritarias", algo que no se corrobora para el segmento de mayores ingresos.
Aun tomando el indicador más benevolente (el promedio del SIPA), la dinámica de los últimos 12 meses exhibe un virtual estancamiento en el poder adquisitivo de la fuerza laboral con mayores derechos.
La paradoja es que, valuados en dólares (CCL hasta abril de 2025 y oficial mayorista desde la flexibilización del cepo), los sueldos mejoraron entre 5,5% y 8,4% en el último año, dependiendo de la fuente de información. Asimismo, con el Gobierno actual los ingresos en moneda dura se dispararon entre 105,9% y 131,8%.
Este comportamiento responde esencialmente a la tendencia a la apreciación que tuvo el tipo de cambio durante los últimos dos años, más que nada después de los primeros meses post devaluación de diciembre de 2023. Un "billete verde" calmo puede generar que los sueldos puedan perder contra la inflación, pero a la vez ganar poder de compra de dólares o bienes atados a la evolución de la moneda estadounidense.
Según el Banco Central (BCRA), el dólar oficial mayorista registró su mayor atraso en enero de 2025, aunque los salarios en moneda dura alcanzaron su pico unos meses después, entre mayo y junio, antes de que los ingresos nominales entren en una fase de estancamiento y del recalentamiento que tuvo el mercado cambiario tras el desarme de las Lefis y en la previa de los comicios nacionales.
"Hemos triplicado el salario en dólares", llegó a afirmar Milei en su último discurso de apertura de las sesiones legislativas en el Congreso. Por un lado, los datos plasmados previamente muestran que esta declaración sobreestima el crecimiento. Pero, además, muchos economistas aclaran que esta forma de medir el salario no tiene demasiado sentido, ya que no refleja de manera adecuada cuántos bienes y servicios pueden comprar esos salarios.
Ante la consulta de iProfesional, el economista Federico Glustein elaboró una mirada sobre estas "dos fotos distintas" que hay entre el salario real en pesos y el salario medido en dólares. Por un lado, señaló que la suba del ingreso en dólares implica que "se puede acceder a mejores servicios exteriores", pero no tiene un impacto en la economía micro real ya que la inflación continúa y los costos internos se encarecen. "En dólares localmente sigo consumiendo menos", sentenció.
Para el experto, "un salario en dólares más alto es bueno cuando nace de una mayor productividad, pero cuando nace sobre todo de apreciación cambiaria es más una ilusión de riqueza que una mejora sólida".
En la misma sintonía, Melisa Sala, de la consultora LCG, expresó a este medio que el salario alto en dólares "es más reflejo del atraso del tipo de cambio que de una puja distributiva alentada por una actividad más dinámica".
No existen demasiados trabajos que tengan una comparación actualizada entre los salarios en dólares de los países. Un informe de Focus Market publicado este jueves exhibió que Argentina tiene un ingreso promedio en dólares superior al de Bolivia, Paraguay y Brasil, aunque todavía bastante por debajo del que tienen las otras dos naciones limítrofes, Uruguay y Chile.
No obstante, lo que se suele hacer para comparar los salarios entre países es utilizar la medición por Paridad del Poder Adquisitivo (PPA), que permite comparar cuántos dólares necesita cada uno de ellos para adquirir una canasta equivalente de bienes y de servicios, tomando como referencia una de Estados Unidos. Esta canasta puede contemplar, por ejemplo, un kg de carne. Si ese kg de carne aumenta a nivel doméstico un 20%, y todo el resto de las variables se mantienen estables (precio de la carne en el resto del mundo, valor del tipo de cambio nominal e ingresos nominales), el salario en dólares PPA de Argentina se estaría achicando.
Una investigación reciente de Leopoldo Tornarolli, Leonardo Gasparini y Daniel Schteingart, realizada para Fundar, mostró que Argentina tiene un nivel de ingresos laborales en dólares PPA más alto que el promedio de América Latina, pero que esa brecha se redujo en el último tiempo, con un primer acercamiento fuerte tras la crisis de 2001, y un nuevo, y sostenido, recorte desde 2018. La serie llega hasta 2021, pero se estima que en los últimos años la tendencia se mantuvo.
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