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clarin.com · hace 15 horas · Clarin.com - Home

Ahora se sabe por qué Javier Milei estaba tan nervioso y en el Gobierno exploran caminos para surfear la tormenta

Santiago Fioriti

No es Adorni ni sus vuelos privados ni el súbito cambio de vida que experimentó el jefe de Gabinete desde que se alojó en el poder. No es la melancolía del combate contra la casta. No es, tampoco, la lucha contra la corrupción. Ni es el carácter de Karina Milei ni la tensión permanente con Santiago Caputo. No son las elecciones de medio término en Estados Unidos de este año, que podrían dejar herido a Donald Trump, ni los efectos globales del conflicto en Medio Oriente. No es el espíritu conspirativo de la vieja política argentina que acecha a su administración. Ni son los periodistas, que mienten sin parar y se venden al mejor postor. No es nada de eso.

O, sí, tal vez haya un poco de todo, pero no es lo que verdaderamente mantiene nervioso a Javier Milei. Lo que altera su ánimo desde hace varias semanas, lo que por momentos lo vuelve ermitaño y taciturno y, en otros, lo convierte en una persona intempestiva y feroz es no poder descifrar por qué, si todo marcha de acuerdo al plan, la Argentina lleva diez meses consecutivos de suba inflacionaria y acaba de alcanzar en marzo un pico del 3,4% que ni él ni ningún integrante de su equipo, al que presenta como el mejor de la historia argentina, lograron ver venir.

Los incrementos de precios -lo ha expresado Milei mejor que nadie-, resienten la economía y la vuelven impredecible. Los efectos de esos saltos de los últimos meses ya se notan. Los salarios volvieron a caer en febrero (se incrementaron 1,8% frente a una inflación de 2,9% y enlazan seis meses seguidos a la baja) y la paciencia social empieza a dar muestras de agotamiento.

Hace apenas medio año, en su presentación frente a los legisladores en el Congreso, Milei prometió un hábitat más agradable. Una inflación del 10,1% para todo 2026 y un crecimiento exponencial de la actividad. Lo primero estará lejos de cumplirse: ahora la meta, la única meta es quedar por debajo del 31,5% que marcó el Indec el año pasado. Y lo segundo entra en un camino de sombras: el propio FMI acaba de moderar las expectativas de despegue al 3,5% del PBI. En la Casa Rosada, hasta no hace tanto, los más optimistas elevaban el crecimiento hasta cerca del doble.

El Jefe de Gabinete Manuel Adorni se retira la Casa Gobierno luego una reunión gabinete. Foto: Antonio Becerra

El manual libertario no resulta suficiente para dar respuestas a tantos buenos augurios que no se estarían cumpliendo. En junio de 2024, Milei anunció en La Rural que los tiempos de penurias que se habían producido como consecuencia del brutal ajuste de los primeros meses habían quedado atrás. Tres meses más tarde, entrevistado por Susana Giménez, arriesgó: “El piso lo tocamos entre abril y mayo. De acá para adelante solo quedan buenas noticias”. En diciembre de ese año insistió: “Lo peor ya pasó”. Una frase que convendría archivar: se ha vuelto maldita desde la era Macri.

Un año y medio más tarde de la profecía mileísta, la ansiedad se apodera del Gabinete. Cuando algunos de los miembros del ala política mantiene conversaciones reservadas con Luis Caputo, escucha esta frase de boca del ministro de Economía: “El único riesgo que nos queda es el riesgo político”. Hasta antes de las elecciones, que el oficialismo ganaría de manera notable, el ministro de Economía se refería al riesgo kuka. Hoy, quizá, su mirada se dirija hacia adentro de La Libertad Avanza. La tensión interna genera incertidumbre. Sectores del establishment que pugnan para que las cosas salgan bien temen que el Gobierno quede atrapado en su propia telaraña.

Los funcionarios argentinos Leonardo Madcur, Juan José Daza, Luis Caputo, Santiago Bausili y Vladimir Werning, junto a Kristalina Georgieva, titular del FMI, tras el encuentro en Washington.

“Javier se puede permitir fracasar en muchas cosas, pero no en la economía”, dicen en el entorno presidencial. Cuando emergen vacilaciones, los funcionarios se estremecen. Es cuando asoma el costado más irascible de su líder. La frustración no suele ser elaborada de modo sano por Milei. Los insultos, que el año pasado prometió eliminar del vocabulario para que se discutan sus ideas y no sus modos, son el espejo de una descarga automática que le podrían estar impidiendo pensar a fondo las razones de lo que ocurre. Lo malo, para Milei, siempre está afuera. Los malos son los otros.

Ahora, los dirigentes del más alto nivel han comenzado a hacer apuestas. ¿Cuánto dará la inflación de abril? La mayoría supone que estará en dos y algo. Lo ven como un hecho muy positivo, cuando en mayo del año pasado tocó el 1,5%. Desde aquel mes prometedor, Milei viene anunciado que en agosto de 2026 -o incluso en julio- dará cero y algo. Nadie ha vuelto a decir algo semejante desde el ocaso del verano. Puede fallar.

Los sondeos de opinión pública contratados por el mismo Gobierno revelan la preocupación ya no solo de los sectores identificados con el peronismo u otras vertientes de la oposición sino de los mismos votantes libertarios. Milei anunció el martes, cuando el Indec dio su informe de inflación, que no se apartará de la ortodoxia y hasta deslizó una frase que quizá no sea muy atractiva para quienes proyectan inversiones a mediano y largo plazo: “Si no nos acompañan, nos volvemos a casa”.

Algunos retoques, sin embargo, están en marcha. El Banco Central flexibilizó el viernes -otra vez- los encajes que los bancos están obligados a dejar inmovilizados para que tengan más dinero disponible para prestarles a sus clientes. También promueve la baja de tasas de interés para que el crédito sea más accesible para familias y empresas. Ambas cosas son posibles porque el Central compra dólares y el fantasma de una corrida cambiaria como la del año pasado se disipa. El Gobierno ya no quiere una plaza seca de pesos. Hay más medidas en estudio.

Mientras piensa alternativas para salir de la encerrona que le plantea por estos tiempos el modelo económico, el Gobierno se mantiene a los saltos por el caso Adorni, que eclipsa la agenda desde hace 41 días. No hay tema que pueda moverlo no solo de la agenda mediática: varios ministros han confesado que les preguntan por el jefe de Gabinete en reuniones familiares y hasta en los grupos de WhatsApp no vinculados con la política. El daño está hecho y los hermanos Milei parecerían no comprender que, para regocijo de la oposición, se seguirá profundizando.

La mesa política se reunió el viernes durante más de dos horas.

La agenda judicial no se detiene. En el marco de la investigación por enriquecimiento ilícito, el lunes tendrán cita en Comodoro Py Natalia Rucci y Macelo Trimarchi, los dueños de la inmobiliaria que le vendieron el departamento a Adorni en Caballito. El miércoles pasarán Pablo Feijoo, el hijo de una de las jubiladas acreedoras, y el encargado del edificio que, por su oficio de tantos años, podría revelar varias cosas. El viernes será el turno del responsable de las refacciones en el country Indio Cuá y el lunes 27 se presentará Juan Ernesto Cosentino, el vendedor de la casa del country.

Después de varias semanas de tensión personal y familiar, Adorni ha comenzado a tomarse en broma el caso. Responde a usuarios de X con ironías y respuestas osadas frente a tal catarata de denuncias. “Sería bueno que fuera más prudente, ¿no?”, sugirió una fuente judicial que supervisó sus cuentas en las redes sociales.

El 29 de este mes, el conductor del Gabinete asistirá al Congreso. Lo confirmó él mismo en la reunión de la mesa política, donde sus integrantes se reunieron el viernes durante más de dos horas, pero evitaron tocar el tema. El Gobierno está ante una situación inédita. Los mismos funcionarios que se sacan la foto con Adorni, cuando se van de las reuniones admiten que la situación es insostenible.

La polémica se traslada a la militancia libertaria, donde muchos hacen silencio para no generar más ruido, pero otros han empezado a sentirse incómodos y a expresar sus diferencias. El antes y después lo marcó Nicolás Márquez, el biógrafo de Milei, quien declaró: “Adorni es un sujeto muerto, terminado” y le reclamó un gesto de grandeza.

La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, visitaron Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén, donde encabezaron una agenda de actividades vinculadas al desarrollo energético y la proyección internacional del país. En ese marco YPF recibió el certificado de Marca País Argentina. FTP

La interna está al rojo vivo. El viernes, en el canal de streaming Carajo, al que el Presidente asistió muchas veces, se pasó un audio en el que se atribuía, sin ninguna prueba, una relación sexual entre Karina y un dirigente del partido. Sus participantes se reían; con nerviosismo, es cierto.

La hermanísima recibió en su celular el corte con el video a los pocos minutos. Lo miró y creyó detectar quién estaba detrás de esa movida para intentar dañarla. ¿Qué dijo? Nada, no dijo nada.

Santiago Fioriti

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