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infobae.com · hace 6 horas · Damián Di Pace

El negocio en la era Milei: de remar aumentos de precios a sostener márgenes

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Durante años, la economía argentina funcionó bajo una lógica conocida: los precios no reflejaban solo costos presentes, sino expectativas futuras. En ese esquema, la posibilidad de una devaluación del peso actuaba como referencia implícita. Las empresas ajustaban preventivamente, cubriéndose ante un salto cambiario que, muchas veces, terminaba ocurriendo.

Sin embargo, en los primeros 28 meses de gobierno de Javier Milei, ese patrón no se consolidó como muchos anticipaban. La depreciación del peso no se materializó en la magnitud esperada por el mercado, y eso reconfiguró profundamente la lógica de formación de precios.

El mercado ha transitado de un esquema de formación de precios anticipados a uno de márgenes cada vez más comprimidos por presión competitiva. Este cambio implica que ya no alcanza con prever costos futuros, sino que el precio final queda condicionado por un entorno donde el consumidor compara, ajusta y decide con mayor racionalidad.

En primer lugar, la corrección de precios relativos, especialmente en servicios, reordenó la estructura de costos. Sectores que venían rezagados ajustaron, impactando en toda la cadena productiva y obligando a una recalibración general.

En segundo lugar, el nivel de tasas de interés elevadas actuó como ancla. No solo moderó la demanda, sino que también encareció el financiamiento, reduciendo el margen para trasladar aumentos sin afectar ventas.

En tercer lugar, se consolidó un escenario de alta competencia, tanto entre empresas como entre canales. La mayor transparencia de precios y la digitalización amplificaron esta dinámica.

La mayor transparencia de precios y la digitalización amplificaron la dinámica de cambios en los precios relativos (Foto: Reuters)

En este contexto, la capacidad de trasladar aumentos a precios finales se ha reducido, obligando a operar con márgenes más ajustados. Las empresas ya no fijan precios solo en función de sus costos, sino también en relación con lo que el mercado está dispuesto a pagar.

Esto deriva en una consecuencia directa: la dinámica competitiva actual limita el poder de fijación de precios y desplaza el foco hacia la eficiencia operativa. La rentabilidad deja de depender exclusivamente del precio y pasa a jugarse en la estructura interna: costos, logística, escala, productividad.

Se observa un cambio estructural: de precios basados en expectativas a precios condicionados por competencia. Es decir, el dólar deja de ser el principal formador indirecto de precios, y el mercado -a través de la competencia y el consumo- toma ese rol.

El desafío ya no es solo “poner precio”, sino sostener márgenes en un contexto donde el consumidor valida o rechaza en tiempo real.

La economía entra en una etapa donde las reglas cambian. En ese nuevo escenario, la pregunta ya no es cuánto aumentar, sino cómo sostener el negocio cuando el mercado empieza a poner límites más claros que nunca.

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