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lanacion.com.ar · hace 7 horas

Cartas de lectores: Mejorar es cambiar, justicia, ¿mató a alguien?

LA NACION

El presidente Milei cada mañana cuando despierta debe pensar: “Todos los argentinos esperan algo de mí”. No se equivoca. Pero solo se trata de confiar. Son muchas décadas de fracasos. 70 años de decadencia, peleas y odios, muchas veces promovidos desde el poder. Y por si fuera poco, la incapacidad y enorme corrupción K. El resultado: un país rico lleno de pobres. Cuando el Gobierno planteó su programa de, textualmente, “ajustar el Estado, terminar con el cáncer de la inflación y la casta que nos llevó al fracaso”, muchos confiamos. Se avizoraba una nueva política. Después de 28 meses, afianzar la confianza es la clave si aspiran a cumplir las promesas. Pero hay que hacer grandes cambios. Amigarse con la esencia liberal de la Constitución que pide trabajar por las necesidades de la sociedad, respetar las ideas de la prensa crítica –pilar de la república–, dar ejemplo de que terminó el Estado complaciente con los abusos de sus funcionarios. Exigir al ministro de Economía que, además de ser trader de créditos para pagar viejas deudas, formule un plan económico que funcione, porque el actual se estancó. Hay que saber adaptarse y evolucionar.

Varias veces el Presidente usó frases de Winston Churchill. Le aporto una que hace falta: “Mejorar es cambiar, ser perfecto es cambiar a menudo”.

Sé que mis tiempos no son los tiempos de la Justicia y lo acepto. Sé que hay jueces y fiscales probos, íntegros e independientes, como así también hay algunos militantes y/o corruptos. Con jueces y fiscales independientes no tendríamos que estar lamentando muertes como las de Ángel, Lucio y tantos otros chicos asesinados. Tampoco estaríamos llorando tantas muertes producto de una matriz de corrupción, tráfico de influencias y conflicto de intereses de gobernantes. Quiero creer que se hará justicia con los “Ángel y Lucio” de la vida; con todos los que murieron o sufrieron debido a la demora deliberada y perjudicial de las vacunas americanas para favorecer a “socios locales” durante la pandemia del Covid-19. Quiero creer que la causa Cuadernos llegará a su fin. Y que se terminará con la impunidad de los corruptos y amigos del poder. Acompaño, apoyo y aliento a los fiscales y jueces idóneos, responsables, honestos, prudentes e imparciales que buscan hacer justicia conforme al derecho.

En su muy buena columna, el señor Luciano Román pone de manifiesto la laxitud del oficialismo ante las denuncias de corrupción que lo afectan, al justificarse argumentando que si un hecho no mata a alguien, o no violenta el derecho a la vida, o no cercena libertades o no viola la propiedad privada, no debe ser censurado ni, mucho menos, penado. Creo que el argumento es de una pobreza mayúscula, porque autoridades tan encumbradas deberían darse cuenta de que la corrupción, las corruptelas, el acomodo, la falta de escrúpulos en la disposición de los fondos públicos, etcétera, sí matan. Cuando la carencia de infraestructura de un hospital o el mal estado de una ruta o la ausencia de la policía debidos a la falta de recursos traen aparejada la injusta muerte de alguien, no se puede hablar de fatalidad, esas muertes (que son muchas) están absolutamente ligadas a las malas prácticas de gobierno, del gobierno que sea.

Sería deseable, aún más, imprescindible, para la sociedad argentina que el gobierno del presidente Milei impulsara –y sus legisladores se esforzaran– para que se logre la sanción de la ley de ficha limpia. El mismo empeño que puso para las leyes de reforma laboral, boleta única de papel y glaciares debería estar ahora dirigido a esa ley en contra de la corrupción. Una acción de este tenor despejaría cualquier suspicacia referida a los casos $LIBRA, Andis y Adorni. Porque la lucha contra la corrupción no debe declamarse y quedar en un discurso vacío; por el contrario, exige acciones claras y concretas. Es decir, exige leyes.

Nuestra Constitución aclara que la tarea de deliberar y gobernar está reservada a los representantes que elegimos en las urnas. Los populistas, en su afán de lograr votos halagando al pueblo, destilan la idea de que las manifestaciones multitudinarias pueden torcer esta restricción. Gobernar es una de las tareas más complejas, un 80% de la población no tiene conocimientos de legislación, economía, educación, relaciones internacionales, medicina, ecología, sociología, etc., pero puede decir: me gustan o no, me siento bien o no con determinadas políticas de gobierno. Los partidos políticos deben ofrecernos candidatos que sepan de estas materias, no charlistas simpáticos de balcón que lideren una camarilla ávida de enriquecerse. Pregunto: ¿algún gobierno ha estudiado o estudia detenidamente qué ocurre cuando la pobreza pasa en una o dos generaciones (1970 a 2014) de menos del 20% a un 60%? Esto ha causado que una enorme población no tenga en la actualidad empleo ni vivienda dignos, ni jubilación ni obra social, ni verdadera educación. El Estado no los ampara en nada, son “excluidos”. ¿Se estudia cómo esto influye en la delincuencia, la drogadicción y en la sociedad que los ha ignorado? No comparen una región rica con otra pobre, se trata de una misma sociedad.

En diciembre de 2023 fue designado Osvaldo Giordano al frente de la Anses. Un hombre probo y conocedor como el que más en materia previsional. Al poco tiempo, y con motivo de un voto de la esposa de Giordano, la diputada Alejandra Torres, el presidente Milei echó al funcionario en una decisión injusta y absurda fundada en una visión arcaica que niega a la mujer casada el derecho a poseer ideas propias. En los días que corren el Presidente arropa a su jefe de Gabinete denunciado en la Justicia por enriquecimiento ilícito e incumplimiento de deberes. Seguramente la legión de tuiteros que responde a Milei justificará esa dualidad de criterio en razones de lealtad política cuando lo que realmente importa es la elección de funcionarios honestos para la eficaz administración del país.

Con gran desazón me hago estas reflexiones. Hace 70 años que participo en la vida cívica del país, tengo 87 años, y solo recuerdo haber votado por el candidato de mi elección en tres ocasiones: la primera, por Arturo Frondizi, y, luego, dos veces por Mauricio Macri. En las innumerables elecciones restantes, siempre voté por lo que consideraba “el mal menor”. En el último balotaje voté por Milei con ese criterio, pero luego me fui convenciendo de que era un buen candidato con sus promesas de achicar el Estado, devolver la ética a la gestión de gobierno y perseguir y eliminar la corrupción. Poco duró la ilusión. Primero fue el intento de nominar al juez Lijo para la Corte Suprema, luego los insultos y destratos a periodistas y empresarios, más tarde los affaires $LIBRA y Discapacidad. El fin de la ilusión vino con el tema Adorni, incomprensible forma de autoflagelación, y el nombramiento del ministro Mahiques, que supone el encubrimiento de la corrupción. Con la perspectiva de una próxima elección con Milei y Kicillof como candidatos, desespero por tener la oportunidad de votar positivamente una cuarta vez en mi vida.

Al Poder Judicial de Río Negro le desaparecieron 120 armas de fuego bajo su custodia. ¿No llegó la hora de que todas las armas incautadas se guarden en arsenales militares o de fuerzas de seguridad, donde estarán adecuadamente custodiadas? Ya sé, me recordarán que en tiempos del kirchnerismo al ministro Agustín Rossi le desaparecieron centenares de armas de combate, 26.000 municiones y hasta un misil, pero eran otras las políticas y otros los funcionarios.

¿Seguiremos haciendo como el avestruz en cuestiones de seguridad o dejaremos que sigan reposando en la impunidad del sueño eterno de los procedimientos judiciales para ciertos y determinados casos?

Cuando se alude a un personaje que trasciende su tiempo, se suele acuñar la frase: “La leyenda continúa “. En este caso me refiero al ídolo futbolístico Diego Armando Maradona. Cuando le tocó defender los colores de la selección nacional, jamás claudicó ante un problema físico que lo aquejaba y su empuje no disminuía. A la finalización de un partido, jamás se negó a intercambiar su casaca con un adversario y guardando respeto ante ellos, sin ningún ademán hiriente. Mi reconocimiento a quien la vida le interpuso escollos muy duros. Merece descansar en paz, y no que se utilice su figura para perseguir intereses egoístas.

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