La decisión está en manos de Karina
Javier Milei sostiene a Manuel Adorni por solidaridad política con Karina Milei. En manos de la hermanísima está el destino final del jefe de Gabinete. A ninguno le importa, al menos por ahora, el costo que insume al Gobierno sobrellevar el escándalo del contador que se reaviva cada vez que la Justicia corre algún velo sobre su realidad patrimonial. Predomina en todos ellos la creencia acerca de una imprecisa conspiración. También, la inmunidad a la evidencia.
Aquella sociedad férrea de los hermanos trasciende el afecto fraternal para instalarse en la categoría de la mitología política. Por esa razón ni siquiera los conmovió ni los hizo dudar el tuit descerrajado por Nicolás Márquez, biógrafo y amigo del mandatario. Calificó de “mitómano” a Adorni, reclamó su renuncia y estimuló una rebelión de todo el Gabinete en contra del funcionario.
En las filas libertarias, incluso fuera de la Casa Rosada, recrudecen las críticas contra el jefe de Gabinete. Consideran inconcebible el desgaste al que está sometiendo a un sistema político bifronte al cual no le sobra mucho. La única que se atrevió a realizar algún comentario crítico fue Patricia Bullrich. Se llamó enseguida a silencio para no ensanchar la fisura que tiene con Karina desde que pisó fuerte en el Senado. La dama sospecha que la senadora aguarda algún traspié serio de su hermano para asomarse al 2027.
Adorni se aferra a El Jefe porque sabe que fuera de esa sombra su futuro puede estar marcado. Tiene impresa en la memoria la ruta que recorrió el ex candidato libertario, José Luis Espert, cuando descendió abruptamente al llano. Se trata de episodios bien distintos. El jefe de los ministros exhibe inconsistencias patrimoniales y adulteración de la palabra pública. El economista tiene una causa por presunto lavado de activos y vinculación con el narcotráfico. Sufre, junto a su esposa, la inhibición de cuentas bancarias, inmuebles, vehículos y participaciones en empresas como Varianza SA y El Encuentro de Castello SA. Pero Adorni está igual muerto de miedo, admiten en el poder.
Las investigaciones del fiscal Germán Pollicita tal vez justifiquen aquel estado de ánimo. Todo lo que indaga sobre el patrimonio de Adorni resulta opaco. Hipotecas de dos jubiladas para comprar un departamento; una casa en un country a nombre de su esposa que no había declarado en la Oficina Anticorrupción; el famoso viaje familiar a Punta del Este en un vuelo privado de pago borroso, vacaciones en Aruba abonadas con dólar billete, otras salidas al exterior aún no develadas.
La enumeración de rarezas podría continuar. La última no fue cualquiera: llegó un pedido de información a la secretaria general acerca de las razones de Bettina Angeletti, pareja de Adorni, para haber viajado en el avión presidencial. Habrá que esperar pronto el caudal de revelaciones que surja del levantamiento del secreto bancario y fiscal que dispuso el juez Ariel Lijo. Difícil saber si la dinámica de la causa responde a la necesidad de despejar el horizonte del jefe de Gabinete. O a encapotarlo, como parece, en forma definitiva. ¿Puede esconder el magistrado un deseo de revancha por la frustración de no haber accedido el año pasado a la Corte Suprema?
Demasiadas novedades alrededor de Adorni remiten a los peores vicios de “la casta” que los libertarios expusieron en la campaña de 2023 para irrumpir con Milei. Se descubre que el portavoz resultó un verdadero estandarte del doble discurso. Fue, por caso, uno de los que sostuvo la idea de eliminar medios públicos de comunicación.
La investigación judicial revela que el funcionario compartía antes de su ascenso al poder una productora con su amigo Marcelo Grandio que financiaba programas en la TV Pública. Esa misma empresa recibió 5 contratos con pauta del Estado no bien Adorni entró a la Casa Rosada. Bajo su órbita están los medios oficiales. Grandio, dicen, fue quien le habría pagado aquel viaje a Punta del Este. Semejante fantochada no podría condecirse con una exhortación del Presidente escuchada la última semana cuando volvió a plantear “la moral como política de Estado”. Describió que “mentir está mal, estafar está mal, robar está mal. Nunca vamos a hacer eso”. ¿Seguro?
Los hermanos Milei, pese a aquel paisaje, parecen convertir a Adorni en un acorazado. Asoma en fotografías junto a ministros incómodos. Estuvo en primera fila cuando Milei habló en la Cámara de Comercio de los EE.UU. en la Argentina. Paseó junto a Karina en Vaca Muerta. Martín Menem vaticinó que será “picante” el informe que debe brindar el 29 de este mes en Diputados. ¿Habrá sido una advertencia solapada sobre los informes patrimoniales que estaría recabando la administración libertaria de muchos de los legisladores de la oposición dispuestos a interpelar al jefe de Gabinete?
Frente a esa adversidad los hermanos Milei reciben una brisa que los alivia. El kirchnerismo, el propio peronismo, se sienten inhabilitados para hacer del caso Adorni y otras yerbas motivo de escarnio político. Pueden machacar con razón sobre las secuelas sociales del ajuste. Jamás, incursionar en el dilema de la inflación que vuelve a colocarse en la primera línea de la escena pública. Alberto y Cristina Fernández, con Sergio Massa, dejaron una herencia del 211,4% en 2023. Sintetizando: la principal oposición debe abstenerse de ahondar en los dos motivos (corrupción e inflación) que sacuden a La Libertad Avanza.
Karina jamás hablará sobre nada de eso porque su hermetismo nunca claudica, ni aún en una época teñida por la sobreexposición. El Presidente hizo catarsis en las redes y calificó de “malo” el índice de 3,4% de inflación de marzo. En un discurso posterior sostuvo que le “repugna”. Luego reivindicó el proceso de desinflación. No dio indicio –regresó con la motosierra—de estar cavilando siquiera algún matiz para una dificultad que se combina con la caída de ingresos, de empleo y de consumo.
La inflación con tendencia al alza de los últimos 10 meses puede ser observada bajo dos cristales: el económico y el político. Sobre el primer tópico el Presidente no promete novedades pese a que mantener el equilibrio fiscal le demanda cada día más esfuerzo y más descuidos. Basta para comprenderlo con la paralización de la asistencia del PAMI a los jubilados. O las protestas educativas por la no aplicación de la ley de financiamiento que tiene incluso un fallo favorable y una intimación de la Justicia. Pretende sortearlos con un recurso ante la Corte Suprema.
Luis Caputo, el ministro de Economía, acompaña el objetivo presidencial regalando un recital de arrogancia y frases imperdibles. Prometió que “los días más felices de los próximos 18 meses están por llegar”. Sabe, sin embargo, que el Gobierno se desliza ahora por un sendero extremadamente angosto. Los problemas de gestión y los escándalos judiciales se combinan en un contexto internacional que se complica.
El Banco Central viene acumulando reservas, pero sería prioritario no erogarlas en los pagos de los vencimientos de la deuda. Resulta difícil pensar en esta coyuntura en la posibilidad de otra ayuda de la Secretaría del Tesoro. Por esa razón “Toto” buscó acelerar la segunda revisión del programa por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y arañar US$ 1.000 millones. Gestiona garantías por otros US$ 3.000 millones con organismos como el Banco Mundial y el BID. Una manera de intentar salir del paso mientras la Argentina no logra volver a los mercados para financiarse a tasas razonables. El horizonte no asoma cercano con los 500 puntos persistentes de riesgo país.
La inflación del 3,4% de marzo golpea sobre un bolsillo castigado e impide que las expectativas sociales, viga maestra de Milei, se puedan sostener y regenerar. También se afecta la narrativa libertaria que muchas veces alcanzó para enmendar los déficits de gestión. Si el escándalo de Adorni ha colocado al Gobierno en un laberinto, el alza de costo de vida no ayuda para buscar una salida. Salvo el Presidente y “Toto” Caputo, son escasas las voces oficiales para articular defensas. Es cierto, además, que hubo una exageración con las promesas. El líder libertario afirmó dos veces este año que la inflación desde agosto comenzaría con cero. Incumplible después de la novedad del último mes.
En el vacío libertario influyen mucho las internas que nunca se detienen. La más visible resulta siempre la que Karina protagoniza con Santiago Caputo, el asesor de la comunicación. Las Fuerzas del Cielo se han replegado. El mundo de las redes sociales dejó de tener la intensidad de antes. Milei milita en aquellas no menos de cuatro horas por día. No alcanza. La onda expansiva también es distinta. Muchos comentarios presidenciales son ahora criticados en vez de resultar ensalzados. Fue perceptible en las últimas semanas cuando acumuló casi un millar de tuits para arremeter contra el periodismo.
En las redes no se vuelca el respaldo al Gobierno. Se dirimen antes que nada las batallas propias. La Justicia citó a declarar a un grupo de tuiteros libertarios por una denuncia que radicó hace meses Sebastián Pareja, la mano derecha electoral de Karina. Se sintió injuriado por las críticas de las Fuerzas del Cielo luego del estrepitoso fracaso en las elecciones de septiembre en Buenos Aires.
Entre los implicados está Fernando Parisini, apodado el Gordo Dan, conductor del streaming “La Misa” donde asistió muchas veces el Presidente. También el equipo económico. Los trolls digitales, que coordina Santiago Caputo, no ahorraron vapuleos contra Pareja. Lo acusan de perseguir a la militancia que apoya al gobierno de Milei.
El recrudecimiento de las peleas libertarias sucede en una coyuntura poco aconsejable. Con el formato de una guerra de guerrillas virtual donde el fuego amigo quema tanto como la difícil realidad.
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