Ganadores y perdedores, en la economía libertaria
Si la medida de las cosas en estos tiempos de economía libertaria estilo Javier Milei pasa por la tasa de crecimiento, la minería y la actividad financiera compiten cabeza a cabeza por la punta de la tabla: 9,6% contra 7,7%, dicen los últimos registros oficiales del año 2025. Detrás o muy detrás, la construcción aparece con un modesto 0,5%; la industria manufacturera acusa un rojo del 2,6% y el comercio, mayorista y minorista, otro del 3,2%.
El estimador mensual del INDEC que pinta el cuadro completo y puede asimilarse a un anticipo del PBI, marca 1,9% positivo en línea con el 3,3% anual proyectado por el relevamiento de expectativas que el Banco Central realiza entre consultoras, institutos especializados y entidades financieras. Parados ahí, la actividad económica queda a un punto largo del 4,4% con el que había cerrado el 2025.
Datos, nuevamente datos, hablan ahora sobre el impacto del cuadro económico en el mercado laboral. Nada para gastar a cuenta: en lugar de crear empleo, los sectores que lideran el ranking perdieron empleo. Según informes del Centro de Estudios de la UIA basados en cifras de la Secretaría de Trabajo, en la minería desaparecieron casi 8.100 puestos de trabajo de los registrados, formales y en blanco, y 4.307 en la llamada intermediación financiera.
Pieza central de un desplome generalizado, a la industria manufacturera le tocaron nada menos que 38.971 empleos caídos; al comercio, 12.400 y a la construcción, 2.960. Estamos hablando de como andan las cosas en tres sectores que juntos representan el 40% de la fuerza laboral formal del país.
De tramo en tramo, en el mismo 2025 hubo un agujero equivalente a 88.848 puestos de trabajo que escala a 236.857 si la cuenta se estira hasta agosto de 2023, o sea, hasta poco antes del desembarco de Javier Milei y Cia en el gobierno y cuando el entonces presidente electo advertía sobre la “crítica situación” que heredaba y prometía “cambios drásticos, sin lugar para el gradualismo”.
Si la pelota se coloca en el campo de la industria, ahí tenemos un sector que funciona a media máquina de verdad, con el 46% de su capacidad de producción sin utilizar, ociosa, y registros semejantes a los de marzo del 2024; es decir, a los de hace nada menos que dos años. Sectores damnificados, automotores, textiles, metalmecánica y plásticos.
Explicable por lo que se ve aunque inevitablemente bajoneante, la lista de causas y consecuencias que se eslabonan sin pausa sigue con ingresos laborales que calculados en salarios reales arrojan cinco meses de retroceso continuo; con ventas minoristas que acumulan once meses barranca abajo, desde mayo del 2025, y un consumo de carne vacuna instalado en el peor nivel de los últimos 20 años. Fuentes: centros de estudios especializados y cámaras empresarias.
Datos sueltos aunque también fuertes del índice de precios de marzo 26 contra marzo 25, del último año digamos, cuentan que en el GBA el costo de los alquileres subió 52% y 88,9% en la Patagonia y que en el transporte público hubo 46% para el
GBA y 55% en Cuyo. Revelan también estructura de precios desordenada, semejante a la ausencia de una política precios como manda la necesidad.
Vale insistir: así tengan la costumbre de aburrir, los datos suelen explicar la realidad mejor que las palabras y también que unos cuantos discursos oficiales u oficialistas o de ambos convoyados.
Justamente, el ministro Luis Caputo ha subrayado estos días la importancia que la inversión tiene en un crecimiento económico sostenido y de largo plazo, como quien sugiere que guarda una carta en la manga.
Cierto de punta a punta, solo que los datos del INDEC sobre la marcha de la inversión desde que es ministro de Economía siembran dudas sobre que realmente vaya a concretar sus afirmaciones: dicen retrocesos del 2,8% y del 5,3% en el tercero y cuarto trimestre de 2025 y planchazo del 17,7% durante el año 2024.
En el mismo tren pide paciencia por lo que anda a los tumbos y anuncia con dudosa precisión: “Los próximos 18 meses serán los mejores de las últimas décadas”. Paciencia remachada esta vez, los 18 meses de Caputo se estiran hasta noviembre de 2028.
Entretanto, el presidente Milei se aferra a la motosierra casi como si fuese su único instrumento de política económica. Ha dicho: “Sigue encendida. No voy a resignar el equilibrio fiscal”. En realidad, nadie le pide semejante cosa: es lo que a falta de un modelo de crecimiento pretende hacer creer.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín