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lanacion.com.ar · hace 7 horas · Pilar Vazquez

“Nadie podía pensar hace 5 años”: las grandes empresas ven una oportunidad mundial inédita con el girasol

LA NACION

MAR DEL PLATA.- En un escenario global atravesado por conflictos geopolíticos, cambios en la demanda y una reconfiguración del mercado de aceites, la Argentina se posiciona en un lugar que incluso dentro del propio sector reconocen que era difícil de imaginar pocos años atrás. Con una producción que se acerca a los 7 millones de toneladas, niveles récord de molienda y un salto en las exportaciones, referentes de empresas líderes coincidieron en que el país está frente a una ventana de oportunidad para consolidarse como un jugador relevante en el negocio global del girasol. , Aunque alertaron que sostener ese lugar dependerá de resolver limitaciones estructurales y consolidar condiciones que permitan sostener el crecimiento.

Ese diagnóstico surgió durante un panel sobre comercio global en el Congreso Argentino de Girasol, organizado por la Asociación Argentina de Girasol (Asagir) en Mar del Plata, donde participaron ejecutivos de Cofco, Bunge y la Unión Agrícola de Avellaneda. Allí, los referentes del sector coincidieron en que el nuevo escenario internacional —marcado por la guerra en la región del Mar Negro, la volatilidad en los flujos comerciales y una demanda global sostenida de aceites— generó condiciones que hoy favorecen a la Argentina y le permiten ganar protagonismo como proveedor confiable en un mercado que busca diversificar orígenes.

“Creo que nadie podía pensar hace 5 años atrás en el récord que íbamos a tener hoy de producción”, señaló Jaime Acuña, gerente senior de crushing de Cofco. Según explicó, el cambio para el sector posiciona al país en un lugar distinto, con capacidad para sostener ese crecimiento en el tiempo.

Para las empresas, la demanda global sigue firme con un actor central: India, el mayor importador de aceites del mundo. A esto se suma el avance de los biocombustibles, que impulsan el uso de aceites de soja, palma o canola para fines energéticos. Este proceso tiende a liberar espacio en el mercado de alimentos, donde el girasol puede ganar participación.

La Argentina también tiene margen para diversificar su negocio, con el girasol alto oleico como una oportunidad para avanzar en productos de mayor valor. Según Alfredo Castiglione, director de trading de girasol de Bunge, se trata de un segmento diferenciado, con demanda creciente en mercados como Europa, donde se priorizan aceites de mejor calidad y perfil nutricional.

A diferencia del girasol tradicional, se comercializa bajo esquemas más específicos —generalmente por contrato— y está orientado a usos más exigentes, como la industria alimenticia y el consumo premium. Aunque todavía representa una porción menor del total, su participación viene creciendo en los últimos años en línea con la expansión del cultivo y con una tendencia global hacia productos más saludables.

Jaime Acuña, de Cofco

En paralelo a ese escenario internacional favorable, la Argentina también fue mejorando sus propias condiciones productivas y su capacidad de respuesta. Según Castiglione, mientras la producción crecía, también aumentó la capacidad de molienda —de unas 5,2 millones de toneladas a 6,6 millones— y se usaron más las plantas industriales. En paralelo, en zonas como el norte del país la producción pegó un salto fuerte, con campañas que pasaron de alrededor de 700.000 toneladas a más de 2 millones.

Esa evolución también se reflejó en la dinámica comercial. Más que la aparición de nuevos canales, lo que empezó a verse fue un mayor peso de las exportaciones de semilla —algo poco habitual para el cultivo, históricamente más volcado a la industrialización—. Según Mariano Tortul gerente de Agronegocios de la Unión Agrícola de Avellaneda, este flujo ya alcanza cerca de un millón de toneladas y “complementa con la industrialización y da mayor fluidez a la salida”.

Alfredo Castiglione, de Bunge

Sin embargo, el propio crecimiento dejó en evidencia una serie de desafíos que pueden limitar ese proceso. “Al expandir el área productiva se hace más evidente el desafío de infraestructura general y logística”, advirtieron en el panel. A esto se agregan las exigencias de calidad para acceder a mercados más demandantes, como la Unión Europea, donde los controles sobre residuos de pesticidas son cada vez más estrictos y requieren mayores niveles de control a lo largo de toda la cadena.

En ese punto, Tortul reconoció: “Nos cuesta todavía ser competitivos para salir al mundo más allá de las barreras arancelarias”, especialmente en productos con mayor valor agregado, lo que refuerza el peso que hoy tiene la exportación de grano y aceite crudo dentro del negocio.

Mariano Tortul, de la Unión Agrícola de Avellaneda

En ese contexto, el consenso dentro del sector es que la Argentina logró posicionarse en un lugar que pocos anticipaban, impulsada por un escenario internacional particular y por la capacidad de reacción de toda la cadena. “Tenemos una oportunidad única”, sintetizó Castiglione.

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