Cora Cané y el arte de leer de atrás para adelante
Notas del amanecer: La ciudad hoy despierta con cuidado. Como no queriendo cometer errores del día anterior. ¿Puede una ciudad ser culpable? Buenos Aires pasó de ser una ciudad mágica a ser una ciudad culpable. Del tráfico, de las demoras, las multitudes, la impuntualidad. Y ni qué decir del Centro. El mayor grado de culpabilidad está en el centro de la Ciudad. ¿De qué no es culpable el Centro? Si hasta es culpable del precio del dólar. ¿Qué pasó con la música, con las esquinas, con las plazas? ¿Y con nosotros? ¿En qué lugar podemos encontrar algo de nuestra antigua ciudad? Los amaneceres son oasis del tiempo. Al amanecer la ciudad juega con un pequeño reinicio, un leve reset. Antes de que se haga el día una reunión de imágenes engaña a los sentidos y le hace un bucle a los nuevos ritmos. El pulso del día anterior se pone en juicio y las noticias de ayer se transforman en mito. El tiempo nos habla, pero lo hace a su propio estilo, sin casi decirnos nada. Y entonces se hace el día. Los encargados de los edificios renuevan con agua el brillo matutino de las veredas. Alguien abre con una llave el desusado buzón de las cartas y apila folletos de delivery con boletas de luz. Arriba los primeros rayos dan de canto contra la superficie lisa de un balcón. Y el amanecer destiñe, como un saco de té, el oscuro líquido de la noche.
Palabras Nuevas: Post-Internet. Desde hace unos años se habla del momento Internet de la historia. Va de los años 90 hasta el 2020. Ahora se habla incluso de Post-digital. Lo digital está tan integrado a nuestras vidas que ya no aparece como “tecnología” sino como entorno. Las pantallas pasaron a ser parte de nuestro medio ambiente. Naturales e invisibles, están en las paredes de las casas, de los bares, en las calles, en el asiento de al lado y hasta zumbantes en el interior de carteras y de bolsillos. También se habla de Post-Hogar. Con la proliferación de las conexiones y las pantallas, post-hogar nombra una nueva época: desaparece el espacio privado hasta en las casas.
Oído al pasar: El tren no se detiene entre las estaciones de Carlos Pellegrini y Alem.
Dedicado a Cora Cané (23 de agosto de 1923 - 16 de abril de 2016). Había nacido en Rosario, pero llegó a ser sinónimo de porteñidad. Escribió las contratapas de Clarín Porteño durante medio siglo: desde 1957 hasta 2014. Con subsecciones como Notas del Amanecer, La palabra olvidada, Oído al pasar y Lo importante. Generaciones enteras de argentinos aprendieron a leer entre las líneas de su sección. Recibía centenares de cartas de lectores por semana. Clarín Porteño iba en último lugar. Era el zócalo que cerraba la contratapa debajo de las tiras de historieta y marcaba el final. Su impronta llegó a ser tan grande que fundó el arte de leer el diario de atrás para adelante. Cora Cané es hoy un sustantivo, un adjetivo. Sinónimo de nuestra infancia, también nombra el verdadero arte de las contratapas. Como verbo todavía nombra el acto de ir al bar, agarrar el diario y leer al revés.
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