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clarin.com · hace 16 horas · Clarin.com - Home

Creer para crear: el impacto del emprendimiento en las nuevas generaciones

Creer para crear: el impacto del emprendimiento en las nuevas generaciones

Cada vez que escuchamos historias de emprendedores, solemos asociarlas con ideas fuera de lo común, con un talento excepcional o con personas que cuentan con un capital elevado y contextos favorables. Sin embargo, hay un elemento clave mucho más profundo que atraviesa varias de esas experiencias: la creencia en las capacidades propias. Emprender no empieza necesariamente con un plan de negocios –aunque muy importante –, sino con la convicción de que eso que soñamos y queremos es posible.

En el marco del Día del Emprendimiento, es clave poner el foco en cómo acercar estas experiencias a jóvenes desde edades tempranas. Porque cuando un estudiante participa en un proyecto emprendedor, no solo aprende a desarrollar una idea o gestionar recursos: empieza a construir algo aún más valioso, que es la confianza en sí mismo.

En un contexto como el argentino, donde el desempleo juvenil triplica el promedio nacional (según los últimos datos del INDEC), promover el desarrollo de habilidades emprendedoras no es solo una oportunidad, sino una necesidad. Pero no solo como una salida económica: el emprendimiento debe entenderse como una herramienta para el desarrollo personal y la construcción de proyectos de vida.

La educación emprendedora, especialmente cuando se basa en metodologías de “aprender haciendo”, permite a cada estudiante atravesar experiencias reales: tomar decisiones, trabajar en equipo, enfrentar errores, adaptarse y volver a intentar. En ese proceso, descubren que son capaces de transformar una idea en acción. Y que esa acción tiene impacto, además de dejar huella.

Un claro ejemplo concreto de este tipo de experiencias son los programas educativos en los que estudiantes crean y gestionan empresas reales: desde la idea inicial hasta la producción, comercialización y cierre del proyecto. Solo en 2025, Aprender a emprender, la iniciativa que llevamos adelante en Junior Achievement desde hace más de 30 años, alcanzó a más de 9.000 jóvenes de 300 escuelas de todo el país, quienes desarrollaron cerca de 430 emprendimientos, viviendo en primera persona lo que implica emprender.

Además, esta experiencia nos permite hacer red. Cada vez más referentes del ecosistema emprendedor se involucran activamente como mentores, inversores o embajadores, acercando a los estudiantes ejemplos concretos que demuestran que emprender es un camino posible.

Figuras como Patricio Jutard, Wences Casares o Guillermo Rauch, que crearon grandes negocios en Argentina y la región, apoyaron estos programas con el objetivo de acercar a estudiantes ejemplos concretos que puedan demostrarles que emprender es un camino posible y que, a su vez, puedan imaginarse en ese mismo rol.

Existen datos que nos confirman el impacto de estas experiencias. Luego de pasar por los programas de emprendimiento, más del 70% de los participantes identifica al trabajo en equipo, la creatividad, la responsabilidad y el conocimiento financiero como las habilidades más fortalecidas. Pero, sobre todo, se registra un impacto significativo en su autoestima, autoconocimiento y seguridad para proyectarse a futuro. De hecho, el 72% considera positivo emprender y reconoce que estas experiencias les permiten desarrollar las capacidades para hacerlo.

Detrás de estos números hay un aprendizaje fundamental. Jóvenes que empiezan a verse a sí mismos como protagonistas. Y que dejan de pensar que ciertas oportunidades son solo para unos pocos para comenzar a construir su propio camino. En definitiva, cuando hablamos del espíritu emprendedor hablamos de abrir puertas y de mostrar que no hay un único recorrido posible, que equivocarse es parte del proceso y que las ideas pueden convertirse en proyectos concretos con impacto en sus comunidades. También hablamos de acercar referentes, generar redes y crear entornos donde animarse sea posible.

En un mundo en constante cambio, donde la incertidumbre suele ser la regla, la capacidad de adaptarse, crear y tomar iniciativa se vuelve central. Para desarrollar todas estas habilidades el primer paso es la confianza. Por eso, impulsar el emprendimiento en las nuevas generaciones es formar jóvenes que se animen, que se equivoquen, que vuelvan a intentar y que, sobre todo, se reconozcan capaces de construir su propio futuro.

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