Para disfrutar los contenidos de Clarín es necesario que actives JavaScript en tu navegador.
"Los Hijos y Madres del Silencio somos un grupo de personas en constante búsqueda… víctimas de un mal que se ha hecho sin mesura, un mal que simplemente no tiene nombre". Así se presentan los integrantes de la asociación chilena Hijos y Madres del Silencio y ese mal al que se refieren elípticamente es la apropiación de unos 20 mil bebés durante y después de la dictadura.
Las maneras de un mal "que se ha hecho sin mesura" no siempre son parecidas. En Chile, los hijos se robaron engañando a las madres, no matándolas. Una y otra vez se les decía que sus bebés habían nacido muertos. Las que estaban en situación desesperada eran convencidas de que lo mejor era "regalarlo".
A la escritora y pedagoga Belén Fernández Llanos, la noticia de esa búsqueda le llegó por la prensa chilena. "También creo que es solo cuestión de ponernos a escuchar a las mujeres y vamos a oír de adopciones irregulares o ilegales, porque es algo que pasa mucho, en muchos lugares, en muchas clases sociales, aunque según la investigación pasa muchísimo en las clases menos acomodadas", contó durante la presentación de su novela Tu mamá es la lluvia (Overol).
El libro narra la imposibilidad de ser madre de Marina y cómo termina por apropiarse de una niña a la que llama Melina. Antes, quiso adoptar, claro, pero es asistente social, soltera y sin bienes... una pésima candidata para la normativa chilena.
Las causas se amontonan en la justicia del país trasandino. En 2017, cuando el juez Mario Carroza se puso al frente de la investigación, estimó que esas apropiaciones (que en Chile denominan "adopciones ilegales") desde los años 80 y hasta el 2000 llegaban a unos 20 mil casos.
Pero para Belén Fernández Llanos el arco temporal es más amplio: "Pasa en muchos tiempos: en general, todo lo que conocemos se circunscribe a la dictadura, pero pasaba antes, y pasó después, y seguramente va a seguir pasando en la medida en que no cambien algunas formas de tratar a las mujeres y a los niños y niñas", explicó.
La novela toma el punto de vista de la mujer apropiadora y, entre tanta desesperación, "la justicia la hacen las mujeres, y la hacen buscando y creando una organización que, a través de la colectividad, logra darle un espacio a ese horror y un orden a esa búsqueda", dijo la autora.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín