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El año pasado el Gobierno diseñó el Presupuesto 2026 con una meta de inflación de 10,1% para este año, un número que parecía más una expresión de deseos que un pronóstico razonable. De hecho, las estimaciones privadas ubican el Indice de Precios al Consumidor de este año en una zona que iba del 20 al 25%.
Todas esas proyecciones quedaron viejas rápidamente, ya que el índice empezó a trepar en junio del año pasado y desde entonces no volvió a bajar.
El proceso de desinflación que había sido exitoso en los primeros 18 meses de la gestión de Javier Milei, para llevar al índice del 25% mensual en diciembre de 2023 al 1,5% en mayo del año pasado, se estancó.
Así el 2026 nos encuentra con una inflación sostenida en la zona del 3% mensual y consolidada en 9,4% en el primer trimestre, por encima del 8,4% del mismo período del año pasado, con la paradoja de que esta vez el dólar que en procesos anteriores fogoneaba el salto de los precios, está en marcado retroceso: en lo que va del año cayó 6,5%.
El aumento de la oferta en el mercado vía exportadores y endeudamiento de provincias y empresas, todos obligados a venderle sus divisas al Banco Central -que a su vez viene subiendo las compras y ya se llevó casi US$ 5.500 millones desde que empezó el año- con una demanda deprimida por falta de pesos, menor consumo e importaciones debilitadas explica el retroceso del tipo de cambio.
Con el dólar fuera de juego, las explicaciones del recrudecimiento inflacionario hay que buscarlas en el ajuste de las tarifas de servicios públicos, el alza del transporte urbano que sigue el ritmo de la inflación pasada, el salto de los alimentos encabezado por la carne y recién en última instancia el efecto de la guerra en Medio Oriente sobre el precio de los combustibles, que treparon 20% en los últimos 30 días.
Si bien el dólar "pisado" ayuda a ponerle un freno al alza de los precios, la divergencia entre la tendencia del tipo de cambio y el Indice de Precio al Consumidor le suma tensión a la economía. Especialmente, porque, según advirtió el presidente Javier Milei días atrás, la corrección de los precios relativos aún no ha terminado.
Si bien los economistas privados coinciden en general en que la inflación podría bajar un escalón en los próximos meses, también empiezan a ganar peso los pronósticos que marcan que el año cerraría con el índice en torno al 30%, tal vez incluso por encima del 31,5% del 2025.
"Hacia adelante, coincidimos con el consenso en cuanto a que esperamos que la inflación retome un sendero descendente aunque a un ritmo gradual y más lento que el previsto a principios de año. Sin embargo, resaltamos riesgos en el mediano plazo vinculados a un escenario externo todavía incierto y al ajuste pendiente en las tarifas de servicios públicos", indicaron desde la sociedad de bolsa Aldazabal y Cía.
Por su parte la consultora LCG apuntó que "las principales “anclas” (actividad con crecimiento débil, mayor apertura comercial y un tipo de cambio a la baja) están mostrando ser insuficientes para desactivar completamente la inercia inflacionaria. Como todos los procesos desinflacionarios son lentos, hay que insistir con la prudencia fiscal y monetaria, e intentar apelar a otras herramientas complementarias para coordinar mejor las expectativas y las remarcaciones".
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