Ted Bodin y Fantome Group -firma que fabricaba para marcas como Kevingston, Legacy y Billabong- solicitaron la protección judicial. Frente a la caída de las ventas, la imposibilidad de competir con productos importados, deudas y juicios laborales, ambas empresas textiles solicitaron la apertura de un concurso de acreedores para evitar la quiebra.
Por un lado, el Juzgado Comercial N° 4 declaró formalmente abierto el concurso preventivo de Fantome Group, una firma textil creada en 2018, con planta en el barrio porteño de Villa Devoto que llegó a sostener más de 120 puestos de trabajo directos en su etapa de mayor esplendor: de acuerdo al expediente, hoy la nómina ronda los 20 empleados.
La decisión judicial, firmada por el juez subrogante Germán Páez Castañeda, califica el proceso como de “alta complejidad” (Proceso A) debido a la magnitud de su pasivo y la cantidad de acreedores involucrados.
La caída de Fantome Group no es un hecho aislado, sino el resultado de un “quiebre estructural” que comenzó en 2020. Según la presentación realizada por su presidente, Mario Rodríguez Jurado, el primer golpe fue la pérdida de su principal cliente, Kevingston, que decidió reemplazar la fabricación local por importaciones directas.
A pesar de los intentos por diversificar su cartera con clientes como Distrinando -licenciataria de Kappa, Reebok y Crocs-, la empresa denunció que la “apertura indiscriminada de importaciones” en 2025 y una “competencia diabólica” con productos del exterior terminaron por anular sus ingresos.
Según el informe, la situación financiera de la textil se volvió irreversible el 14 de julio de 2025. Ese día, dos embargos judiciales dictados por la justicia laboral -uno por más de $78 millones y otro por $52 millones- inmovilizaron sus cuentas bancarias. Esta parálisis de la cadena de pagos, sumada a tasas de interés que la empresa calificó de “abusivas” (superiores al 100% en algunos bancos oficiales), forzó la solicitud del concurso.
Actualmente, Fantome Group enfrenta más de 20 juicios laborales. Además, según los últimos registros del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la firma acumula desde 2025 un historial de 33 cheques rechazados por un monto total que supera los $45 millones, de los cuales fueron abonados solo siete por $5,2 millones.
Con la apertura del concurso, la Justicia ordenó la inhibición general de bienes de la sociedad y la designación de un síndico para auditar sus números. El cronograma judicial establece que los acreedores tendrán tiempo hasta el 17 de junio para solicitar la verificación de sus créditos. En tanto, la empresa tendrá hasta el 20 de abril de 2027 para presentar una propuesta de acuerdo a sus acreedores.
La apuesta de la compañía para sortear la crisis incluye potenciar una unidad de bordado y estampado -hoy la principal fuente de facturación- y la venta minorista a través de una marca propia con local en Belgrano. “El concurso preventivo es el remedio legal para superar esta difícil coyuntura y mantener las fuentes de trabajo”, señalaron desde el Directorio de la firma en su escrito ante la Justicia.
La empresa de indumentaria femenina Ted Bodin, con más de 40 años de trayectoria en el mercado local, obtuvo también la apertura de su concurso preventivo, tras declararse en estado de cesación de pagos.
El Juzgado Comercial N° 14, a cargo del proceso, dictó la resolución bajo las reglas de los “grandes concursos” ante una situación financiera crítica que combina una fuerte caída en las ventas y un pasivo multimillonario.
Según los documentos presentados ante la justicia, la firma -fundada en 1984 y gestionada desde 2011 por sus actuales accionistas- acumula un pasivo estimado de $2005 millones, frente a un activo de aproximadamente $780 millones. El desequilibrio financiero se vio reflejado en el balance de 2025, que cerró con una pérdida superior a los $350 millones, tendencia que la administración prevé que se profundizará este año.
La compañía atribuyó su crisis a una combinación de factores económicos. Entre ellos, destacó una caída en las ventas de unidades superior al 40% durante el último año, impulsada por la recesión y la pérdida de poder adquisitivo de sus clientes habituales.
“Hemos ensayado para sortear este problema, que por su magnitud hoy es insuperable, con medidas de distintas características, sugiriendo cambio de diseños a los consignatarios de la ropa que vendemos, mayor diversificación de sus productos, reducir márgenes de utilidad, un manejo más agresivo de ofertas, ventas en cuotas, etc., promoviendo incluso las ventas en efectivo, pues la utilización de tarjetas tienen costos históricos altísimos que hoy no se pueden seguir pagando, y también venta a crédito a cargo de nuestras sociedades”, explicaron.
A esto se sumó la competencia de plataformas internacionales como Shein y Temu, el auge del comercio electrónico y los elevados costos operativos, particularmente en los alquileres de locales en shoppings, cuyos ajustes por IPC superaron la capacidad de generación de ingresos de la marca.
Actualmente, Ted Bodin cuenta con una dotación de 34 empleados y una red de ocho locales distribuidos en la Ciudad de Buenos Aires (Recoleta y Devoto Shopping), el Gran Buenos Aires (Unicenter y Plaza Oeste) y plazas del interior como Córdoba, Rosario, Neuquén y Salta.
El desglose de la deuda incluye acreedores comerciales ($704,7 millones); deudas fiscales ($689,8 millones); e indemnizaciones y deudas sociales (más de $610 millones en conjunto).
“El esfuerzo de la administración de la sociedad y sus integrantes por mantener la planta de personal y todas las bocas de venta con la expectativa de que algo iba a cambiar han fracasado. Hoy la empresa se debate entre su continuidad con una severísima reestructuración y reorganización o en su cierre definitivo. Ya no hay más recursos sino deudas, y lo que genera la actividad no alcanza para pagar los gastos operativos, y tampoco se harán más aportes a la espera de un cambio de tendencia, pues los resultados por segundo año consecutivo dan pérdidas irrecuperables. Y no prevemos, al menos en el corto plazo, una reversión de esta situación comercial ni económica”, señalaron desde la empresa.
En su resolución de apertura, el juzgado decretó la inhibición general de bienes de la concursada y ordenó a las entidades bancarias abstenerse de pagar los cheques de pago diferido librados con anterioridad a la presentación judicial. Esta medida busca preservar la “igualdad de los acreedores” y evitar que el pago de estos instrumentos altere la situación de los pasivos preconcursales.
El cronograma judicial fija el 18 de junio como fecha límite para que los acreedores presenten sus pedidos de verificación de créditos ante la sindicatura. Por su parte, Ted Bodin tiene plazo hasta el 5 de abril de 2027 para evitar la quiebra, día en que vence el denominado período de exclusividad. Se trata del plazo legal durante el cual la empresa debe negociar con sus acreedores, formular propuestas de acuerdo y obtener las mayorías necesarias para que el concurso sea homologado.
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