En 1895 el alemán Wilhelm Roentgen descubridor de los Rayos X, movido por la convicción de que debía pertenecer a los investigadores del mundo entero, se negó a patentar su descubrimiento.
Entre 1921 y 1922 los canadienses Frederick Banting, Charles Best y James Collip (junto con J.J.R. Macleod) revolucionaron el tratamiento de la diabetes al descubrir y perfeccionar la insulina en la Universidad de Toronto. Aislaron un extracto y el bioquímico Collip perfeccionó su purificación para uso humano.
La afección de diabetes en niños (0,8 a 4,6 casos cada 1000 habitantes), solía ser mortal por el coma diabético de la cetoacidosis. Algunos sobrevivían algún tiempo con dietas de inanición, única forma conocida entonces para demorar la enfermedad. Los padres permanecían impotentes junto a las camas de sus hijos internados, esperando lo inevitable.
Estos científicos fueron de cama en cama, inyectando a cada niño este extracto purificado llamado insulina. Al llegar al último niño de la larga hilera de camas, el primero que había sido tratado comenzó ya a moverse. Uno a uno, los niños despertaron, saliendo del coma; lo que había sido una sala llena de dolor y desesperación, se transformó en una habitación rebosante de alivio y alegría.
Los actuales incentivos sectoriales del mercado sanitario, están dirigidos únicamente a aumentar los ingresos en lugar de reducir los costos o mejorar la calidad prestacional"
Banting y Macleod fueron galardonados con el Premio Nobel en 1923 pero decidieron compartir este galardón con el resto de equipo. Finalmente, vendieron la patente de la insulina a la Universidad de Toronto por la “sideral suma de un dólar”, el argumento: debía pertenecer a la humanidad.
La penicilina descubierta por accidente por Alexander Fleming en 1928 se optimizó durante toda la Segunda Guerra Mundial salvando millones de vidas sin que el descubridor original reclamara tampoco derechos de patente.
La primera máquina de diálisis renal artificial, fue construida por Willem Kolff en 1943 quien también se negó a patentarla, esto permitió una rápida adopción global para el tratamiento de la insuficiencia renal en todo el mundo.
De igual modo, las dos vacunas contra la poliomielitis generaron una contribución gigantesca a la humanidad y nunca fueron patentadas. Jonas Salk (vacuna IPV) en 1954 permitió un acceso global inmediato, afirmando que esta pertenecía "a la gente". Albert Sabin, creador de la vacuna oral (OPV), también rechazó patentar su descubrimiento, considerándola un regalo para la humanidad. Ambas vacunas se produjeron sin restricciones de patentes, democratizando totalmente su producción y distribución en todo el mundo.
El primer stent coronario de la India fue creado por el Dr. H.S. Lamba em 1990 quien decidió no patentar su diseño, lo que permitió que el precio de los stents disminuyera significativamente en comparación con las muy costosas opciones importadas, haciéndolos así accesibles a todos los pacientes de bajos ingresos.
Dos destacados Economistas de la Salud españoles (Vicente Ortún y Jaume Puig Junoy) acercaron estos días referencias a una investigación sobre la incorrecta alineación de los incentivos a la innovación en los Sistemas de Salud.
En Why not better and cheaper? Healthcare and innovation (Oxford University Press, 2023), J.B. Rebitzer y R. S. Rebitzer investigan por qué los costos de la atención médica en Estados Unidos siguen siendo altos mientras que la calidad no mejora significativamente.
Argumentan que, a diferencia de otros sectores de la Economía, la estructura de las industrias y servicios biomédicos, con un sistema de patentes y modelos de pagos no transparentes, dificultan la adopción de una atención médica eficiente con mayor valor y menores costos.
A diferencia de las demás tecnologías -donde la innovación siempre reduce los precios y mejora el rendimiento (electrónica, comunicaciones, etc.)- la mayor parte de la innovación en el sector de la salud hoy hace lo opuesto. Los actuales incentivos sectoriales del mercado sanitario, están dirigidos únicamente a aumentar los ingresos en lugar de reducir los costos o mejorar la calidad prestacional.
Innovadores con una posición de mercado dominante, trasladan (mediante “recomendaciones profesionales”) el consumo de los pacientes a una nueva versión del medicamento antes de que expire la patente"
El sistema de patentes favorece primero la invención de nuevos tratamientos, antes que vacunas con el mismo o superior valor en términos de salud. Las patentes incentivan tratamientos dirigidos a estadios avanzados del cáncer (con efectos coadyuvantes limitados) en lugar de a estadios tempranos que impidan su desarrollo.
Se premia así la innovación de muy bajo valor o nula, en lugar de los avances que reducen costos. Estos autores plantean que abordar el problema requiere modificar los incentivos para premiar la eficiencia y reestructurar el sistema de patentes; abogando por importantes reformas para mejorar la relación calidad-precio y la asequibilidad generalizada.
Desde nuestra visión, observamos que se financian millonarias participaciones de destacados profesionales en actividades turísticas, sociales y otras, apoyando desarrollos ineficientes y aun dañinos que cuestan miles de dólares, en lugar de más eficientes aspirinas que cuestan solo centavos. (Tenecteplase vs. aspirina https://pubmed.ncbi. nlm.nih.gov/41604638/).
Con similares argumentos, Jaume Puig Junoy presenta en: “El cuarto cuadrante en la gestión de las innovaciones sanitarias: más barato y más efectivo” la relación entre costos y resultados incrementales en salud en el denominado plano costo-efectividad.
En la relación entre estos el eje X representa el costo, mientras que el eje Y representa los resultados, el cuadrante Sudeste (SE) es de fácil interpretación: el nuevo producto dominaría (mejor y más barato).
Argumenta que el ciclo de vida de las patentes incentiva el desarrollo de intervenciones de bajo valor y multiplicidad de patentes asociadas desproporcionadamente a los medicamentos más rentables, la ampliación del período de exclusividad genera tambien mayores ingresos.
Innovadores con una posición de mercado dominante, trasladan (mediante “recomendaciones profesionales”) el consumo de los pacientes a una nueva versión del medicamento antes de que expire la patente (evergreening). También con “adquisiciones asesinas” eliminan, bloquean y retrasan potenciales productos competidores.
Pregunta Puig Junoy: ¿Hay soluciones para un cambio tecnológico mejor alineado con el valor de la salud? Primero dice, algo que no hay que hacer: no pagar por innovaciones sin relación con el valor terapéutico adicional real aportado (en términos de cantidad y calidad de vida), ni pagar según los argumentos de costos incurridos (en la I+D).
Y, segundo, existen dos políticas de compra pública que alinean los incentivos industriales con los de salud: modelos de suscripción conjunta y adquisición pública de patentes (agregaríamos especialmente cuando los desarrollos son generalmente financiados total o parcialmente con fondos públicos o subsidiados).
A pesar de que la Provincia de Mendoza ya ha puesto en marcha sin dilación la suya, la prometida Agencia Nacional de evaluación de Tecnologías sanitarias brilla por su total ausencia.
Seguimos insistiendo que es perentorio ampliar la formación médica con mucho más epistemología (la Ciencia de la Ciencia); pero ante varios hechos contemporáneos, parece también pertinente reformular conceptualmente ciertos preceptos vigentes en ética médica.