Gazette
Oficial
$ 1389,01
0,09%
Blue
$ 1410,00
0,71%
MEP
$ 1412,09
0,50%
CCL
$ 1472,99
0,40%
Risk
525
-0,57%%

Exótica enfermedad pone en riesgo exportaciones del agro por casi u$s 300 millones

hace 23 horas en iprofesional.com

Hasta hace pocas semanas, el Scrapie era una palabra que circulaba en los márgenes del debate sanitario argentino. Técnicos, veterinarios especializados y algunos productores ovinos la conocían. El grueso de la cadena agroindustrial, no. Hoy es el tema del momento en frigoríficos, cámaras exportadoras y despachos oficiales.

El Scrapie -también llamado Prurigo Lumbar o "tembladera"- es una enfermedad neurológica que afecta a ovinos y caprinos. Pertenece a la familia de las encefalopatías espongiformes transmisibles (EET), el mismo grupo al que pertenece la Encefalopatía Espongiforme Bovina, más conocida como "mal de la vaca loca". Como ella, es una enfermedad de declaración obligatoria ante la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y su sola aparición dispara consecuencias comerciales inmediatas.

El mecanismo de la enfermedad es lento y silencioso. Se trata de una proteína mal plegada, llamada prión, que se acumula en el sistema nervioso central del animal y lo destruye de manera progresiva e irreversible. No tiene cura. Y, lo que complica aún más su manejo sanitario, puede tardar entre tres y cinco años en manifestar síntomas clínicos visibles, lo que hace muy difícil detectar cuándo y dónde ingresó realmente a un rodeo.

De acuerdo con la información disponible, el Senasa confirmó tres brotes en establecimientos ovinos de Argentina. Dos de ellos se encuentran en la provincia de Santa Fe, en las localidades de Reconquista y Tacural, y uno en Entre Ríos, en la zona de Herrera.

El origen aparente del ingreso de la enfermedad al país sería una cabaña paraguaya denominada Doña Ana. Hace aproximadamente cuatro años, tres establecimientos argentinos habrían importado animales desde ese establecimiento. Ese tiempo de incubación es, precisamente, el que dificulta trazar con precisión el mapa de la dispersión potencial.

La detección y confirmación de los focos por parte del Senasa fue el hecho que desencadenó lo que vino después: Argentina perdió el estatus de país libre de Scrapie ante la OMSA, la condición sanitaria que le permitía exportar a decenas de mercados bajo los protocolos vigentes.

Para entender el alcance del problema, hay que entender cómo funciona la arquitectura del comercio internacional de productos de origen animal.

Cada vez que Argentina negocia la apertura de un mercado para un producto —sea carne fresca, lana, harina de hueso, gelatina o hemoderivados—, el acuerdo se plasma en un protocolo sanitario. Ese protocolo incluye, casi siempre, una serie de cláusulas que el país exportador debe cumplir para que el acceso se mantenga vigente. Una de las más frecuentes es la llamada "cláusula de condición país": una declaración de que Argentina está libre de determinadas enfermedades ante la OMSA.

El Scrapie aparece en esa lista en casi todos los protocolos que involucran productos ovinos, caprinos o sus derivados. Y también en muchos protocolos de productos bovinos, porcinos y de otras especies, porque la cláusula funciona como una declaración sanitaria general del país.

Al aparecer los brotes y perderse el estatus de libre de Scrapie, esa cláusula se activa. Y cuando se activa, el protocolo queda en suspenso. No necesariamente de manera definitiva, pero sí mientras no se renegocien las condiciones con cada país comprador de manera individual.

Un relevamiento de los protocolos sanitarios de exportación de productos y subproductos de origen animal muestra la dimensión del problema. Hay cerca de 200 acuerdos comerciales que involucran a 78 países en cinco continentes y que están en riesgo de quedar suspendidos mientras Argentina no resuelva su situación sanitaria y renegociación con cada destino.

De esos protocolos, 63 incluyen una mención explícita al Scrapie, al Prurigo Lumbar o a las encefalopatías espongiformes transmisibles en sus cláusulas. Los restantes están alcanzados por la condición genérica de "país libre" que Argentina declara ante la OMSA.

Los mercados afectados abarcan prácticamente todos los bloques comerciales relevantes. En Europa, tanto la Unión Europea como Gran Bretaña tienen capítulos técnicos dedicados específicamente a las EET para habilitar proteínas animales transformadas, grasas, gelatina, colágeno y hemoderivados. En Asia, Japón, China, Tailandia, Vietnam, India y Bangladesh tienen protocolos condicionados. En América Latina, Brasil y Uruguay son los socios regionales con mayor exposición. En África, Sudáfrica encabeza la lista con 21 protocolos activos. En Medio Oriente, Jordania, Egipto, Kuwait y Líbano completan el panorama.

Estimar con precisión el impacto económico total es difícil, en parte porque el área de estadísticas del Senasa sufrió recortes y no hay datos desagregados por protocolo disponibles de manera pública. Pero sí es posible construir una estimación de piso a partir de datos oficiales recientes.

Carne ovina. Este es el rubro más directamente afectado. Entre enero y julio de 2025, la Argentina exportó 4.210 toneladas de carne ovina, con destinos en Brasil, la Unión Europea, Túnez, Kuwait y Arabia Saudita, entre otros. El sector venía de un momento muy positivo: las exportaciones a la UE habían crecido cerca del 70% en el primer semestre del año, impulsadas por la reducción de la oferta europea a causa de la lengua azul. Proyectando ese ritmo al año completo y aplicando precios internacionales de entre 5.000 y 6.000 dólares por tonelada, el monto anual en juego para este rubro ronda los 40 a 50 millones de dólares.

Lana. La zafra ovina 2024/2025 exportó 31.088 toneladas de lana base sucia por un valor de 114 millones de dólares, un incremento del 23% respecto al año anterior, según datos de la Secretaría de Agricultura en base a INDEC y Senasa. Toda esa lana tiene protocolos condicionados al estatus Scrapie en mercados como Bangladesh, Taiwán, Estados Unidos y la Unión Europea. Son más de 100 millones de dólares directamente expuestos.

Subproductos industriales y farmacéuticos. Este es el capítulo más difícil de cuantificar pero no por eso el menos importante. Hemoderivados, harinas de carne y hueso, tripas, gelatina, plasma bovino en polvo, heparina y páncreas para uso farmacéutico tienen protocolos condicionados en China, Japón, India, Singapur y la Unión Europea. El complejo bovino en su conjunto —que incluye muchos de estos productos— exportó en 2025 un récord de 4.727 millones de dólares. La porción afectada por cláusulas de Scrapie es una fracción de ese total, pero una fracción relevante.

Sumando los rubros más directamente afectados y con datos más precisos, la estimación de piso ubica los negocios en riesgo en el orden de los 200 a 300 millones de dólares anuales. Si se incorporan todos los protocolos con cláusula de condición país sobre productos bovinos y otros subproductos con vínculo indirecto al Scrapie, la cifra potencial es considerablemente mayor.

Más allá de los números agregados, hay mercados cuyo cierre tendría un impacto diferencial sobre sectores específicos.

Japón es uno de los destinos más exigentes en materia sanitaria. Sus protocolos para carnes ovinas establecen que los animales deben haber nacido y criado en rebaños sin historial confirmado de tembladera. Cualquier quiebre de ese estatus requiere una renegociación técnica de alta complejidad.

China condiciona la entrada de harinas de carne y hueso, heparina y páncreas a que Argentina acredite estar libre de al menos diez enfermedades, Scrapie entre ellas. Con China como destino del 70% de las exportaciones bovinas argentinas, cualquier señal de inestabilidad sanitaria se monitorea con atención.

La Unión Europea y Gran Bretaña tienen protocolos técnicos estructurados en torno a las EET para productos no destinados al consumo humano: proteínas animales, grasas para piensos, gelatina y hemoderivados. Son mercados de alto valor que exigen consistencia sanitaria en el tiempo.

En América Latina, Brasil es el destino con mayor cantidad de protocolos en riesgo para productos ovinos y caprinos, pero también para harinas y lanolina. Uruguay, con diez protocolos activos que incluyen alimentos balanceados, derivados de sangre y harinas aviares, también está en zona de alerta.

Sudáfrica, con 21 protocolos activos, es el comprador africano más expuesto. Los productos que compra son muy variados: sebo, hígado en polvo, extracto de bilis, chacinados, corazones bovinos, lana limpia y derivados de sangre para alimentos de mascotas. Todo, bajo la misma condición sanitaria.

La pérdida del estatus de libre de Scrapie no implica necesariamente el cierre definitivo de todos estos mercados. Implica, en cambio, la necesidad de renegociar las condiciones de acceso con cada país comprador de manera individual, un proceso que puede ser largo, técnicamente complejo y de resultado incierto.

El Senasa tendrá que actuar en dos frentes en simultáneo: hacia adentro, controlando los focos existentes, evitando la dispersión de la enfermedad y trazando el mapa de la potencial exposición de otros establecimientos; hacia afuera, iniciando conversaciones técnicas con los servicios veterinarios de cada país importador para demostrar que la situación está acotada y que el sistema sanitario argentino tiene capacidad de respuesta.

Image Placeholder

iProfesional - Copyright ©2026. Emprendimientos Corporativos S.A. Buenos Aires, Argentina. Todos los derechos reservados.