Tras la reglamentación de la Ley de Modernización Laboral, que en uno de sus capítulos estableció una alícuota reducida de IVA para la energía utilizada en sistemas de riego agroindustrial, en el sector celebran que ya comenzaron a llegar facturas con ese beneficio aplicado. En este contexto, además, se puso en marcha el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), que incorpora herramientas fiscales como la amortización acelerada. Con este combo, en el sector proyectan un crecimiento significativo en la superficie bajo riego, que hoy ronda los 2,1 millones de hectáreas, lo que representa entre el 5% y el 6% del área cultivada. En los últimos años se sumaron unas 35.000 hectáreas por año de riego y prevén que ese ritmo se duplique o triplique.
El cambio central pasa por la aplicación de un tratamiento impositivo diferencial sobre la energía para riego, que en la práctica reduce el IVA y baja uno de los principales costos operativos de estos sistemas. A esto se suma el RIMI, que incorpora beneficios fiscales para inversiones productivas y alcanza de manera directa a tecnologías clave para el agro, como los equipos de riego.
“Es una buena noticia para el sector”, dijo Martín Pasman, presidente en la Argentina de Valley, empresa de pivotes de riego, y productor agropecuario. Según detalló, en Río Negro ya comenzaron a ver el impacto en las boletas de luz: “Nos llegaron con 10,5% de IVA en lugar de 27%; el impacto es muy fuerte”.
Pasman, que maneja unas 3000 hectáreas bajo riego y opera cerca de 90 equipos de pivote central, señaló que la reducción se da sobre uno de los principales costos de estos sistemas. “El cambio es muy significativo porque antes la energía estaba gravada con una alícuota mucho más alta”, remarcó.
El esquema alcanza a distintos tipos de tecnología. Según explicó, el beneficio aplica tanto a riego por pivote central como a riego por goteo y a cualquier sistema que utilice energía eléctrica para su funcionamiento.
En paralelo a esta reducción en los costos operativos, la reglamentación del RIMI, conocida hoy, introdujo cambios en la estructura de las inversiones. El régimen fue creado para incentivar inversiones productivas de micro, pequeñas y medianas empresas y estableció un marco de beneficios fiscales por un período determinado. Entre los principales incentivos se encuentra la posibilidad de aplicar amortización acelerada en el impuesto a las Ganancias. Esto permite que las inversiones puedan computarse como gasto en plazos más cortos que los habituales, lo que modifica el flujo de fondos de los proyectos.
A su vez, el régimen contempla la devolución del IVA vinculado a la inversión. Según explicó Pasman, este es un punto relevante para el sector: “Va a impulsar la inversión, principalmente por la amortización anticipada y porque ahora el IVA se puede recuperar”. Y agregó: “Antes ese IVA no se recuperaba y terminaba formando parte del costo del proyecto”.
El RIMI está dirigido a empresas que encuadren como micro, pequeñas o medianas, y fija condiciones para acceder a los beneficios. Entre ellas se establecen montos mínimos de inversión acumulada: US$150.000 para microempresas; US$600.000 para pequeñas; US$3.500.000 para medianas tramo 1 y US$9.000.000 para medianas tramo 2.
El régimen contempla de manera específica ciertas inversiones productivas, entre ellas los sistemas y equipos de riego agrícola, las mallas antigranizo y los animales reproductores de genética superior. En estos casos, según explicó Pasman, no se exige cumplir con los montos mínimos generales.
Además, el régimen incluye otras inversiones productivas como bienes de capital nuevos, tecnología, obras vinculadas a la actividad —siempre que no superen determinado grado de avance— y proyectos orientados a la generación o uso eficiente de energía.
En ese marco, el productor también señaló que el nuevo esquema cambia la forma en que se estructura un proyecto de riego. “En los proyectos de riego, el IVA de la inversión no se recuperaba y el de la energía se incorporaba como un costo más. Ahora eso cambia”, indicó.
En cuanto al punto de partida, la superficie bajo riego en la Argentina se ubica en torno a los 2,1 millones de hectáreas, lo que representa entre el 5% y el 6% del área cultivada. De ese total, alrededor del 65% se abastece con aguas superficiales —principalmente ríos y canales—, mientras que el resto proviene de fuentes subterráneas.
El sistema predominante sigue siendo el riego gravitacional, especialmente en economías regionales como la vitivinicultura y la fruticultura en Cuyo y el norte patagónico. No obstante, en los últimos años se expandieron los sistemas presurizados, como el pivote central y el riego por goteo, asociados a un uso más eficiente del agua.
Según datos mencionados por Pasman, en los últimos años se venían incorporando alrededor de 35.000 hectáreas anuales bajo riego. “Con estas medidas esperamos que ese ritmo se duplique o incluso se triplique”, señaló.
Distintos relevamientos indican que el potencial de crecimiento es mayor: la superficie irrigada podría expandirse hasta entre 8 y 10 millones de hectáreas en el mediano plazo.
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