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Todo por un beso

hace 12 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Todo por un beso

¿Quién se muere hoy por un beso? Al parecer miles de tiktokers. Hace unos meses una pintura del siglo XIX se volvió viral gracias a videos de jóvenes que le pusieron música dramática o lánguida como “Please, please, let me get what I want”.

La pintura se llama “El encuentro en las escaleras de la torre”. Es la obra más famosa de Frederick William Burton, que la pintó en 1862 y no imaginó que un siglo y medio después tuviera tanta popularidad.

Un hombre y una mujer se encuentran en una escalera estrecha. Visten ropas medievales. Ella, de espaldas a nosotros y con un largo vestido azul, es interceptada al subir por él (que viene bajando). Va vestido con cota de malla y espada a la cintura. En el espacio contreñido de la escalera, el pintor esbozó el nudo incompleto de un abrazo: en ese encuentro fugaz, el hombre ha capturado solo un brazo de la dama. Lo agarra con las dos manos y, más que besarlo, parece que está hundiendo parte de su rostro en la manga del vestido de ella.

El cuadro está basado en una balada danesa que cuenta la historia de la princesa Hellelil, quien se enamoró de su guardia personal, Hildebrand. Cuando su padre se enteró, mandó a sus siete hijos a que lo asesinaran. La pintura representa el momento antes de que Hildebrand salga a encontrarse con su destino. En la despedida, le ordena a la princesa que no vuelva a pronunciar su nombre, luego parte y combate con cada hermano, los va venciendo uno tras otro hasta llegar al más joven; entonces Hellelil, olvidando su petición, lo llama para pedirle misericordia. Cuando Hildebrand cumple, el hermano menor lo mata y lleva a Hellelil de vuelta a su casa arrastrándola desde su caballo, la tortura y la encierra en una torre durante muchos días, vendiéndola finalmente por una campana de iglesia. Hellelil cuenta esta historia a una reina danesa que la tiene a su servicio. Es su último acto antes de morir.

Una tragedia mucho más potente que la de Romeo y Julieta, cuya muerte es absurda. En cambio, en la balada danesa, el patriarcado orquesta el destino miserable de la princesa hasta el final. No es sorpresivo que tantas jóvenes hayan compartido la historia en sus redes. ¿Quién la leería hoy si no fuera por la pintura de Burton, una de las más queridas de Irlanda? A tal punto es famoso este cuadro que solo se exhibe dos horas por semana para protegerlo del desgaste del ambiente.

Hay algo hipnótico en la pintura. La novelista inglesa George Eliot, amiga del pintor, dijo que tal vez la historia de la balada era vulgar, pero la pintura, en cambio, había logrado elevarla hasta hacernos sentir “el tono mayor de una emoción refinada”. Mirándola, escribió Eliot, una se da cuenta de que para ese hombre “un beso es un sacramento”. ¿Quién, en esta época, sería capaz de pintar o de contar algo así? Me quedo pensando en que la viralización de la pintura en un tiempo en que estamos saturados de imágenes sexuales obvias que no logran ser realmente eróticas se debe justamente a que propone lo opuesto: el uso de la imaginación. Un hombre y una mujer se encuentran. De verdad.

Betina González

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