El conflicto en Medio Oriente hizo que el barril de petróleo superara los USD 100, y aunque cayó tras el acuerdo de cese al fuego entre EEUU e Irán, dejó secuelas en los mercados energéticos y en la economía global. Argentina no quedó exenta y la volatilidad se propagó a los precios internos de productos y servicios básicos, modificando las expectativas de inflación de las consultoras locales.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el BCRA arrojó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC), según los analistas consultados, llegó al 3% en marzo y se ubicaría en 2,6% en abril. A más largo plazo, recién perforaría el 2% en agosto, al descender a 1,8%. En esta edición, se ajustaron las proyecciones al alza para todo el año y el consenso de analistas espera que cierre en 29,1 por ciento.
Sebastián Menescaldi, director de EcoGo, que calculó una inflación de 3% para marzo, pronostica una desaceleración al 2,3% para abril. En relación con el salto de los combustibles de las últimas semanas, el economista consideró que, aunque no continúen aumentando, persiste el arrastre y, por ello, el precio de la nafta seguirá incidiendo.
“La ventaja es que en abril no hay mayores ajustes estacionales y las carnes aflojan un poco. El resto no puede mover mucho sus precios”, explicó Menescaldi.
Rocío Bisang, economista de GMA Capital, contó que, de forma preliminar, esperan que la inflación se ubique en torno al 2,5%. “En principio, sería un mes bastante más tranquilo que marzo en términos de precios, ya sin tanta presión estacional y con incrementos en tarifas mas moderados”, explicó. No obstante, señaló que la suba de combustibles de marzo dejó un arrastre cercano al 7 por ciento.
Bisang agregó: “La tregua en Medio Oriente es un gran avance y los mercados reaccionaron acorde, pero el conflicto aún no está resuelto y la incertidumbre se mantiene. En ese sentido, no veo al menos en el corto plazo un derrumbe en los valores de las naftas”.
De hecho, YPF, que había anunciado un congelamiento por 45 días y controla casi el 60% del mercado, sostendrá la política y no se espera movimientos en los surtidores.
Anastasia Daicich, directora de la consultora Qualy, estima una inflación de entre 3% y 3,2% para marzo, proyección que responde al aumento de tarifas, que afecta a regulados, y de otros servicios, como colegios privados y medicina prepaga.
La economista precisó que la decisión de YPF de no aumentar sus precios aportó cierto alivio, aunque se registró un traslado a precios que se observa principalmente en el rubro de alimentos. En el caso de frutas y verduras, la estacionalidad propia de esta época del año ejerce una presión al alza.
“Vislumbramos un escenario de tensión en el frente internacional, con cierta calma en el corto plazo, pero sin despejar el panorama de los precios del petróleo y otras materias primas”, sostuvo Daicich.
Daicich explicó que la baja de la inflación parece haber encontrado un piso: con un ajuste equivalente a casi un tercio del gasto, la variación de precios no solo resiste romper el 2% mensual, sino que se está acelerando casi continuamente desde hace 9 meses. “Esto indica que las causas no monetarias siguen activas: desde mercados poco competitivos a una ‘cultura inflacionaria’ que es difícil de desarmar”.
Desde Empiria, el economista Mateo Borenstein prevé que el IPC de abril alcance el 2,5%. “Si el barril de crudo se mantiene estable, no debería haber un traslado significativo a precios este mes. Sin embargo, los aumentos de marzo podrían generar impactos de segundo orden”, apuntó.
Borenstein resaltó que la suba de los combustibles repercute en las cadenas de distribución, a partir del encarecimiento del costo logístico, con efecto sobre todo en alimentos. Además, podría impulsar subas en el transporte público.
En el sector energético, prácticamente descartan la posibilidad de que los precios de las naftas vuelvan a los niveles previos a la guerra. Sucede que solo bajarían en caso de que el valor internacional del petróleo caiga marcadamente, en torno a los USD 60, lo cual se considera poco probable ya que el conflicto bélico causó daños en la infraestructura de Medio Oriente. En consecuencia, una parte significativa de la producción se perdió y su recuperación demandará varios años.
Asimismo, hay otros factores que condicionan el reacomodamiento del mercado. Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, afirmó: “Si el estrecho de Ormuz operó durante casi 40 días a un 5% de su capacidad, el sistema dejó de procesar alrededor de 3.600 tránsitos potenciales, un déficit imposible de compensar de manera inmediata”.
“La reapertura no implica normalización: permisos de paso, seguros, disponibilidad de prácticos, slots portuarios y reprogramación comercial extienden el proceso durante semanas”, agregó.
Así, aun en un escenario de estabilidad, la red logística global tardará entre 6 y 8 semanas en recuperar niveles operativos normales.
Carnicer también apuntó que “la respuesta de oferta es limitada: el aumento de OPEC+ de 206.000 barriles diarios resulta marginal frente a una disrupción estimada en 12 a 15 millones de barriles diarios en el pico de la crisis”.