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Hace más de una década que la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham) le marca el tono a los primeros meses del año con un encuentro que reúne a empresarios, funcionarios del sector público, legisladores y académicos. Este año la jornada AmCham Summit llevará como lema “Una Argentina federal en desarrollo” y hará eje en los sectores, y también las geografías, que hoy están empujando la economía local.
El encuentro será este martes en el Centro de Convenciones de Buenos Aires, en el cual está previsto que hablen el presidente Javier Milei, el ministro Luis Caputo y buena parte del Gabinete nacional, así como el Jefe de Gobierno porteño Jorge Macri, varios gobernadores provinciales y legisladores. Estará encabezado por la titular de AmCham y CEO de la compañía energética Aconcagua, Mariana Schoua. La ejecutiva, quien preside la cámara desde junio, es la primera mujer al frente de esta entidad centenaria que agrupa a casi 700 empresas.
La agenda gira alrededor de los sectores que hoy asoman como polos de desarrollo de la economía local: agroindustria, energía, minería y economía del conocimiento.
“El año pasado el eje temático fue competitividad y este año el eje temático tiene dos caras, las provincias y los ejes del desarrollo económico. Más allá de que podemos discutir si 3% de inflación es lo que pretendemos o no, está claro que hoy el sector empresarial no está tan preocupado de las variables macroeconómicas generales sino en cómo va a ser el desarrollo. Eso va a depender de la industria o del sector al cual pertenece esa empresa”, dijo a Clarín Alejandro Díaz, CEO de AmCham. “El cruce entre el sector y su localización va a ser lo que va a generar el desarrollo”, agregó.
En la visión de los empresarios, esos nuevos “motores del crecimiento” generarán no sólo nuevas modalidades de inversión y desarrollo, sino que podrían llegar a impactar hasta en la distribución de la población.
“El desarrollo no va a venir del Conurbano bonaerense, el resultado del crecimiento del país va a ser una consecuencia de la habilidad para desarrollar sectores estratégicos en el Interior de la Argentina que debería tener connotaciones de fuerte migración interna”, afirmó Díaz. “Salvando las distancias, así como en los años ’50 o ’60 la industrialización generó un fuerte movimiento desde las provincias hacia los grandes centros urbanos, en algún momento las áreas de oportunidad van a requerir movimientos migratorios a partir del hecho de que el empleo no va a estar en los grandes centros urbanos sino en los lugares donde esos sectores vayan desarrollando su crecimiento”.
-Sectores clave como minería, gas y petróleo, ciencias del conocimiento y agronegocios. La magnitud de esa transformación será términos de inversión extranjera directa, empleabilidad y desarrollo potencial. A la vez, las empresas que no estén en esos sectores probablemente van a requerir, a partir del nuevo modelo de apertura de la Argentina, una fuerte reestructuración de su modelo de negocio, con las dificultades que ya hemos visto en otros países que lo han hecho.
-El país más paradigmático para mí es Australia, que inició en 1984 el proceso de reconversión estructural de su modelo de negocio y recién después de diez años materializó tanto indicadores de empleabilidad como de crecimiento. Que pasó de un modelo productivo local a un proceso “importación barra exportación”. En Argentina va a doloroso, en términos generales, para aquellos sectores que no visualicen o no tengan la posibilidad de esa conversión. Especialmente con un Gobierno, una administración, que está focalizada en guiar macro económicamente y no micro económicamente, sin orientar los sistemas de retribución o beneficios a sectores en particular, ya sea de crecimiento como lo de no crecimiento.
-Un tema no menor es que esos sectores que asoman como polos de desarrollo no son mano de obra intensivos.
-Ese es un problema. Por eso es que vamos a tener seis u ocho años donde la vulnerabilidad social no es menor. Para mí el caso paradigmático es minería, donde hay 12 proyectos aprobados del RIGI con una inversión acumulada de 26.000 millones de dólares. Pero esos 26.000 millones no van a venir en seis meses, van a venir en ocho años. Segundo: ¿vas a tener empleabilidad concreta? Probablemente cuando empieces a localizar exploraciones y comience la construcción del yacimiento y el lugar de exploración, especialmente del sector de la construcción, de la UOCRA. Pero luego va a haber muy poca empleabilidad en el funcionamiento de mediano plazo del yacimiento. Lo mismo está pasando hoy en Vaca Muerta: hoy el nivel de sofisticación de las técnicas de exploración lleva a que necesitas poca participación de mano de obra en un yacimiento explorado. Lo único que se hace es mover los pozos en función de la localización geológica identificada. Hay un “trade off”, la pérdida de un sector y la ganancia de otro. En la Argentina tenemos 27 sectores económicos y si vemos que los beneficiados son cuatro o cinco tenemos que pensar qué va a pasar con los otros 20 y, por ende, cuáles son las consecuencias macroeconómicas de eso.
-Hay que pensar que hoy agronegocios representa entre 62% y 65% de las exportaciones y probablemente el 2030 represente el 40%, porque la buena noticia es otros sectores van a incrementar su participación en la en la generación de divisas y a su vez van a generar capacidad de inversión extranjera directa, por lo cual Argentina probablemente dentro de ocho años ya no tenga un problema de divisas, producto del flujo de inversiones frecuente y la capacidad de conseguir una matriz exportadora absolutamente diversificada. Por ejemplo, hoy la minería genera poco más de 6.000 millones de dólares. Los yacimientos de Chile exportan alrededor de 68.000 millones de dólares. Excepto que alguien haya visto que todo el cobre está del lado Chile, significa que algo mal hicimos en los últimos 20 años, eso está claro. Probablemente la combinación entre el sistema RIGI que termina en julio de 2027, la modificación de la Ley de Glaciares, la estabilidad macroeconómica y la definición de que el rumbo económico puede continuar al menos los próximos seis años, debería dar a la Argentina el comienzo de un flujo. No visualizamos una lluvia de inversiones ni mucho menos durante 2026 y 2027, pero sí una estabilización de las condiciones necesarias para que la inversión en los sectores claves empiece a fluir de una manera sistemática. Ese es un poco el objetivo de este encuentro: poner sobre la mesa estas cuestiones para que de alguna manera, Argentina deje de discutir cosas que el mundo ya no discute y focalizarse en las cosas que Argentina va a necesitar los próximos seis años, independientemente quién sea el presidente de la Nación e independientemente que sean los gobernadores de las provincias claves.
-¿Qué visión tienen en AmCham sobre un consumo que no repunta? ¿Qué tipo de empresas componen la cámara?
-Nosotros tenemos 674 empresas, de las cuales el 46% son filiales de empresas estadounidenses. Hay tantas o más empresas argentinas o internacionales de otros países que estadounidenses (lo cual no quita que 90% de las empresas americanas que operan en la Argentina están en AmCham). Lo que quiero decir es que tenemos representados a todos los sectores dentro de la cámara, algunos con mayor peso relativo, por ejemplo en consultores impositivos tenemos a todos. Hay empresas de servicios y empresas productivas y manufactureras. Amcham tiene una multiplicidad que no solamente repercute en el interés o la visión de las empresas norteamericanas, más allá que tenemos una bilateralidad. Es difícil que una empresa norteamericana que está o quiere estar en la Argentina no canalice sus inquietudes a través de nosotros.
-Ahí lo veo en tres niveles. El primero es que las empresas ven por primera vez desde 2011 una orientación correcta de las políticas públicas: la mecánica de desregulación, las mecánica cambiarias y monetarias (más allá de cuán perfectibles son), las políticas de ordenamiento de propiedad intelectual, las políticas de relaciones bilaterales, el cierre del Acuerdo de Aranceles y Comercio recíproco. Hay multiplicidad de elementos que hacen que las empresas tanto norteamericanas como locales empiezan a ver que la dirección es claramente la correcta.
-Para ese período de seis años que mencionaba, hay en el medio una elección presidencial.
-Puede haber alguna inquietud o no de qué va a pasar en octubre 2027. Porque justamente después de más de una década de estancamiento, no creció el empleo de manera importante, sin crecimiento relevante desde 2011, lo que quieren entender que esta dirección establecida por esta administración, con esta administración o con otra administración, continúen en el 2028 en adelante. Ese sí es el interrogante. Pero están todos convencidos de que por fin parecería que Argentina aparece en el contexto regional como un actor que empezó a entender en qué dirección debería ir y cuáles son las barreras instrumentales que tiene para poder desarrollarse.
-La primera es la infraestructura, que es claramente una dificultad inclusiva en los sectores que tienen que crecer como minería, gas y petróleo, pero afecta a multiplicidad de sectores. El segundo elemento es la carga tributaria y ahí justamente lo estamos estudiando detenidamente. La tributaria de 2025 fue la más baja en los últimos 18 años, computada como porcentaje del PBI. Porque se han eliminado a tres grupos de impuestos: se suspendió la aplicación de Bienes Personales, que no es relevante en magnitud, pero sí era relevante el impuesto PAIS, que fue derogado. Y además hubo rebajas en los derechos de exportación, que permitieron ser un poco más competitivo al agro. Con esos datos, la Argentina tendrá en 2026 entre 24% a 26% de carga tributaria, si es que no hay ninguna modificación en el portafolio de impuestos.
-Los que cobra la Nación son alrededor de 21,3%, entre 5% y 5,5% de impuesto provincial, básicamente Ingresos Brutos y entre 1% y 1,5% de tasas municipales. En América Latina ese índice es entre 20 y 22%. Estamos un poco peor, pero no parece un desastre. Si se compara contra los países que integran el OCDE, con una estructura diferente y con el Estado que cumple servicios realmente efectivos, tanto en salud como educación y seguridad, están entre 34% y 36%. De modo que, visto así, parecería que Argentina está muy bien. Ahora, ¿cuál es el problema? En los países de la OCDE el nivel de informalidad es de 3,2%. Quiere decir que el 96,8% restan tributa impuestos. Hay excepciones como España o Italia, que tiene 26% de informalidad. Pero en Argentina la informalidad es entre 38% y el 40%. Entonces si tomás el PBI “formal”, la carga impositiva de las empresas formalizadas representa 51% a 55% de la carga tributaria y hay sectores donde las empresas formalizadas cargan con el 70% de la carga tributaria. En un sistema que no combate fuertemente la informalidad o que no da a las empresas alicientes suficientes para formalizarse, les hace absorber a las empresas la carga tributaria de un país que necesita operar y que busca un superávit en su operación. Lo segundo es cuando vas a un territorio en concreto. Formosa está arriba de eso. ¿Qué quiere decir eso? Que toda la reducción impositiva que hizo el Gobierno nacional fue compensada por Ingresos Brutos y las tasas de Seguridad e Higiene. Puedo justificar o no a los gobernadores en términos de que si bajó la recaudación, si el Gobierno nacional les bajó los ATN, etcétera, y que tienen que financiarse.
-Los empresarios, sobre todo los medianos y chicos, suelen referirse a la "industria del juicio"
-Otro elemento importante es el tema costos laborales, cada 100 pesos que paga una una empresa, 79 son toda la connotación de impuestos o aportes de la Seguridad Social o indemnizaciones o judicialización o actualización de las sentencias en curso. Por suerte ahora, con la reforma laboral, se clarificó con total certeza cuál es el porcentaje de actualización de las sentencias y es un elemento no menor, porque sentencias por 250.000 o 300.000 pesos hace 7 u 8 años terminaban siendo de 300 o 400 millones de pesos, con lo cual el que lo pagaba quedaba al borde de la quiebra y el pequeño empresario nunca iba a contratar a alguien con ese riesgo. Hay una sentencia en primera instancia prácticamente puso en standby la reforma laboral pero ese mismo juez ahora liberó justamente el artículo que habla de la actualización de de la actualización de las sentencias en materia laboral. Entendemos que todo ésto va a terminar, obviamente en la Corte Suprema de Justicia, ya sea por un mecanismo de “per saltum” o por una mecánica de proceso, por la incertidumbre que plantea. Pero hasta hace un año el tema laboral era una de esas barreras, la segunda o tercera.
-Está el tema de la capacidad de productividad o no en tu desarrollo empresarial que depende del financiamiento y eso sigue siendo una dificultad en la Argentina. Recién ahora parecería que las políticas monetarias están permitiendo una reducción de las tasas de parte del sistema bancario. Vamos a tener que recorrer dos o tres años. Argentina está 163 de 180 países con respecto al crédito, en medio de un esquema de no crecimiento, donde no se visualiza para los próximos 12 meses que vaya a haber un incremento importante del poder adquisitivo de la gente que tracciona los sectores de consumo. Si además no tenés crédito que por lo menos sirva como incentivo para la compra de bienes durables, esa capacidad de mejorar justamente la capacidad contributiva del individuo, si sos una empresa alimenticia, ¿cuánto es la posibilidad de mejorar? Lo único que puede hacer esa empresa, que antes no podía, es definir libremente su portafolio de productos. Porque durante la administración que terminó en diciembre de 2023 se definía lo que se podía importar, lo que podía fabricar o lo que me dejaban vender al precio que el Gobierno quería que vendiera. Eso se rompió con la desregulación. La compañía hoy puede resolver qué produce, cómo lo produce, a quién se lo vende. El problema es que si no crece la demanda, mi oferta está claramente condicionada por ese crecimiento y los indicadores de factores exógenos para incentivar el aumento del consumo no son tan claros. No está claro que haya una fuerte empleabilidad del sector público ni hay elementos para pensar que hay una fuerte incorporación de mano de obra del sector privado, que está estancada desde 2012. No se ven incrementos reales de salario por sobre la inflación. Y si el crédito, especialmente de bienes durables o de consumo no se manifiesta, vamos a tener un año complejo. Ahí volvemos al proceso de vulnerabilidad de aquellos sectores que de alguna manera van a ser los más afectados, que básicamente son comercio, industria nacional, inmobiliario y construcción. No hay ningún elemento para pensar, excepto que haya un cambio en política relevante que hoy no visualizamos, una recuperación profunda los próximos 18 meses.
-¿Cuánto de eso depende del Gobierno nacional y cuánto depende de incentivos que provengan de los gobiernos provinciales?
-Según percibo, el Gobierno nacional no tiene ningún interés para incentivar estratégicamente sectores claves, tanto sea los que crecen como los que no crecen. Excepto con el RIGI que es un esquema de incentivos, pero es claramente transversal. La mayoría de los proyectos presentados con para minería y petróleo pero cualquiera puede hacerlo si lo decide. Tampoco hay una visión de modificar o subsidiar los sectores afectados en los próximos meses. Entonces la responsabilidad del Gobierno nacional en sus políticas públicas, parecería, es baja. Su rol es la macroeconomía, no la microeconomía. Las provincias y los municipios, obviamente porque están más cerca del ciudadano, van a tener que acelerar su habilidad para poder ver cómo interactúan en el territorio. Un intendente ve a sus vecinos todos los días y ve cuán vulnerable es. Se está viendo en la necesidad de aprovisionamiento de alimentos de parte de los municipios a los lugares donde alguna vez se comparte alimentos. Es un factor de vulnerabilidad que se manifiesta. Pero a la vez cuando analizás los diez deciles de menores ingresos, recibieron un ingreso fuertemente superior a la inflación, pero importante, con indicadores de aumento de 600% en dos años y medio contra una inflación anual promedio de 70% en ese mismo período. Porque el Estado nacional fue fuertemente compensador de esos sectores que de alguna manera sufrieron. Pero en los deciles que siguen, entre el cuarto y el séptimo que son la clase media, no hay demasiados elementos para pensar que haya una recuperación de corto plazo y donde el sector público, tanto provincial o municipal o nacional, vayan a hacer demasiado. Van a depender mucho de las condiciones macroeconómicas de la Argentina o de los sectores en donde cada uno de las personas estén trabajando.
-Un factor es que las inversiones en los próximos ocho años van a venir de minería, agronegocios, ciencia de conocimiento y de gas y petróleo. Otro factor es que el uso de la capacidad instalada de la Argentina está entre el 56% y el 60% y no tengo una visualización de que la demanda va a crecer fuertemente en los próximos dos años, por qué invertir en nueva productividad, excepto que de alguna manera esté condicionado porque quiera cambiar mi modelo de negocio. Si no fabrico más en la Argentina e importo, cambió mi esquema de negocio y puedo invertir ya sea en mi área comercial o en tecnológica o en retail para cambiar el modelo.
-Sería una inversión apalancada en cambiar un modelo que significa que probablemente la empleabilidad se afecte. Y probablemente no hay ningún elemento para pensar que en los sectores que son vulnerables (no me refiero acá a vulnerabilidad social sino de no crecimiento futuro) haya muchas razones para invertir.
-¿Ese cuadro de situación excluye al AMBA, donde reside 40% de la población y a su vez es el mercado principal de las empresas afiliadas a AmCham, no?
-En la cámara tenemos 20 empresas que representan el 75% de la oferta de las góndolas de un supermercado. Si yo soy el CEO de alguna de esas empresas, que vende en un mercado nacional, probablemente analice que el crecimiento de la demanda de alimentos en Río Negro y Neuquén va a crecer, probablemente en Salta, Jujuy y Tucumán si se desarrolla el modelo minero también ocurra. Si se mejora el ingreso del área pampeana argentina va a mejorar. Y en los centros urbanos la demanda se va a caer. Está claro que va a ocurrir. A mediano plazo eso va a cambiar, porque Argentina tiene que cambiar o fracasa. Pero a corto plazo la visualización de crecimiento para aquellos productos que están focalizados en los centros urbanos, no amerita un escenario demasiado optimista. Por otra parte, todas estas compañías que te menciono están hace más de 50 o 70 años en la Argentina, lo han visto mil veces. Por eso esa situación coyuntural que puede durar dos o tres años se compensa largamente con la dirección correcta en función de dónde va a estar la Argentina en diez años. Eso, si Argentina llega a ese nivel en diez años haciendo la cosa bien, cosa que no hizo en los últimos 15.
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