La tregua entre Estados Unidos e Irán implica la intervención de Pakistán como mediador en el conflicto. Se trata de un país que ha estado muy cerca de China a partir de la Guerra Fría, y que alcanzó armas nucleares hace algunas décadas para mejorar el balance de poder con la India, su adversario histórico.
Incluso en algún momento se planteó la posibilidad de un acuerdo entre Pakistán e Irán que jugara en contra de los Estados Unidos. Por estas razones, la intervención de Pakistán como mediador en esta tregua permite a China tener un rol en un conflicto en el cual parecía no jugarlo. Pakistán fue aceptado por China pero también por Estados Unidos, país con el que ha mantenido relaciones de cooperación mutua un tanto ambiguas en la lucha contra los talibanes.
Desde una perspectiva diplomática, la intervención paquistaní juega a su favor, ya que no parecía tener ningún rol en el conflicto. Cabe señalar que Pakistán es un país que tiene un peso militar específico mucho menor que el de Estados Unidos, pero está ubicado geográficamente entre China y el teatro del conflicto en Medio Oriente, lo que le da un rol importante en la región. De hecho, y a pesar de haberlo intentado, ningún país occidental pudo tener hasta ahora un rol mediador para lograr una tregua como la que se alcanzó ahora gracias a Pakistán.
Desde el punto de vista estadounidense, la postergación del ataque a través de la tregua de catorce días evita un hecho que podría haber llevado a una crisis fuera de control. La opinión pública estadounidense se mostraba mayoritariamente en contra del bombardeo masivo contra Irán que había planteado públicamente el presidente en forma de ultimátum.
A ello contribuyeron ciertamente las imágenes de la población civil iraní rodeando instalaciones civiles y militares, generando un efecto negativo para el gobierno estadounidense en su opinión pública. Incluso el Papa León XIV, de nacionalidad estadounidense, había asumido una posición decidida en defensa del pueblo iraní.
Sin embargo, no está del todo claro el contenido de la tregua alcanzada entre Irán y Estados Unidos a través de la mediación pakistaní. Aunque ambas partes se adjudican un triunfo diplomático, Estados Unidos intenta imponer esta narrativa sobre Irán. La tregua de dos semanas, aunque es incierta y difusa, ha producido una baja en el precio del petróleo, cuyo valor había estado sujeto a una fuerte escalada hasta que se llegó a una tregua. De ahora en más, la estabilidad o inestabilidad del acuerdo entre Estados Unidos e Irán será clave para las expectativas del precio de este insumo fundamental.
La tregua deja abierta algunas cuestiones que deberán ser resueltas en los próximos días, como el nuevo rol que tendrán los países del Golfo, que buscarán su lugar en un eventual acuerdo. La estrategia de Israel contra Hezbollah en el Líbano es quizás la cuestión más importante, pero hay otras que también son ambiguas y contradictorias.
La guerra va mostrando que Estados Unidos ha pasado a asumirse como una potencia militar dominante, pero de un poder limitado. Trump, tras amenazar a Irán con su destrucción total por la vía militar, optó ahora por una tregua. Esto hace que el peso de ese poder militar en una negociación posterior se reduzca: Trump parece haber demostrado que puede ser más flexible de lo que se espera si la opinión pública en Estados Unidos y Europa, desafecta a una guerra, va en la dirección de un acuerdo.
Tampoco se puede descartar que en esta nueva actitud no haya asumido un rol la necesidad de evitar una nueva escalada del precio del crudo. Los sondeos que se irán conociendo en los próximos días dirán si la actitud asumida por Trump ha sido positiva o no para su posición política, a meses de la elección de medio mandato.
Hasta ahora es claro que el mundo occidental, pese a algunos movimientos militares más simbólicos que efectivos, no está asumiendo una actitud proactiva a favor de la causa estadounidense. De ahora en más, el mundo buscará que la tregua se transforme en algún tipo de acuerdo permanente. Pero no será fácil de lograr mientras Washington y Teherán continúen cada uno por su parte mostrando una imagen de vencedor.
El conflicto que mantienen Estados Unidos e Irán ha generado en medios militares numerosos análisis y discusiones. El más importante es que se está ante una guerra asimétrica, algo que puede graficarse fácilmente si se comparan los presupuestos militares de ambos países. Estados Unidos tiene hoy el gasto militar más grande del mundo con cerca de 831.500 millones de dólares de presupuesto (el segundo es el de China, que gasta 330.000 millones, una cifra sensiblemente menor). A esta diferencia se le suma el pedido reciente de Donald Trump para ampliar la partida de defensa en un 25%, lo que elevaría el gasto militar estadounidense por encima del billón de dólares.
La asimetría se observa al comparar este gasto con el que destina Irán, aproximadamente unos 9.300 millones de dólares al año. Esto hace que el poder militar estadounidense sea 108 veces más grande que el iraní. Sin embargo, esta capacidad de fuego en principio abrumadora no se ha mostrado igual de efectiva a la hora de cerrar conflictos, algo que puede corroborarse al hacer un repaso por algunos de los últimos conflictos en los que ha intervenido Estados Unidos y sus aliados: el 24 de febrero de 2022 comenzó la guerra entre Rusia y Ucrania, la cual sigue con final abierto más de cuatro años después, mientras que el ataque de Hamás a Israel (7 de abril de 2023) y el bombardeo a las instalaciones nucleares iraníes (13 de junio de 2025) son dos conflictos que se entrelazan con el actual, que comenzó el 28 de febrero de 2026 con la operación “Furia Épica”.
Esta tendencia también se observa en otros conflictos fuera del escenario de Oriente Medio, especialmente en Venezuela: tras haber sido capturado el 3 de enero de 2026, la salida de Nicolás Maduro no parece haber cerrado un conflicto, sino haber abierto uno nuevo que todavía está por resolverse.
En el mundo occidental la irrupción de Pakistán causó sorpresa y en general se la interpretó como la de un país irrelevante. Ello no es así. Tiene 240 millones de habitantes, lo que representa más que cualquier país de América Latina, incluido Brasil. Formó parte del Imperio Británico hasta 1947. Su programa nuclear comenzó en 1972, pero en 1998 estuvo en condiciones de realizar las primeras detonaciones subterráneas. Mantiene una rivalidad histórica con la India, que se materializó en algunos conflictos militares a lo largo de las últimas décadas, en los cuales Pakistán recibió el apoyo explícito de China. Sus servicios de inteligencia no sólo son un instrumento político-militar, sino uno del Estado.
El rol de Pakistán en esta tregua entre Estados Unidos e Irán lo ubica en la categoría de potencia subregional, una función que no estaba en la visión de la mayoría de los observadores y que le da a China la posibilidad de mantener una discreta presencia en el conflicto.
*Rosendo Fraga: Director del Comité de Fuerzas Armadas y Política Exterior del CARI