Hay malhumor en la Casa Rosada y en el 5° piso del Palacio de Hacienda. Los responsables de la política económica oficial sienten que están en su mejor momento macro. Sólo el dato del viernes de compra de reservas del Banco Central serviría para mostrar a todo el mundo que el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo tienen la situación más que dominada. Y ahí, en el barroso terreno donde más peligrosa y endemoniada es la economía argentina. En los dólares. O la falta de ellos. La entidad que maneja Santiago Bausili compró el viernes unos 457 millones de dólares. Un récord. Una bomba. Una envidia para los últimos 12 años de gestiones en el BCRA. Las reservas transitaron heroicamente hacia los US$ 45.431 millones; y nada podrá impedir que en abril superen la frontera de los 47 mil millones de dólares. Y, quizá, al final del ciclo sojero inaugurado la semana pasada, el tránsito final del primer semestre supere los US$ 50 mil millones y coquetee con algún número por arriba de los US$ 53 mil millones. ¿O unos US$ 55 mil millones quizá? Lo que fuere. Un golazo. En sintonía con lo que pide el Fondo Monetario Internacional (FMI), quien, en definitiva, es el único auditor responsable al que Milei y Caputo le deben explicaciones. Todo esto con una aplicación de una tasa de interés Badlar (la que rige entre bancos) de un 23,24% anual; por debajo de la inflación proyectada por los bancos que opinan en el REM y que estiman para el período marzo 26/marzo 27 más de 31%. Por encima incluso del 2025. Todo esto mientras el dólar oficial Banco Nación venta al público vía Home Banking se demuele por debajo de los 1.400 pesos y cierra en los 1.395 pesos. Y con un Blue que naufraga tratando de aferrarse a una balsa imaginaria cotizando a unos 1.390 pesos. En lo que va del año, la divisa en su versión oficial ya muestra una baja de 6,7%. Unos 100 pesos redondos. Y que todo muestra que el gran fantasma de todo equipo económico, la corrida cambiaria, está hoy más lejos que nunca de la gestión mileista. Lo saben los mercados, siempre díscolos y dispuestos a las trapisondas de cambio de manos de fin de trimestre, donde habitualmente en la Argentina se potencia algún tipo de movimiento brusco de reposicionamiento de fin de trimestre y comienzo de otro.
Sienten en el Palacio de Hacienda que este panorama ameritaría las envidias eternas de los antecesores de Caputo. Incluyendo él mismo en su etapa macrista; quien por otra parte, hace unos 8 años batallaba contra corridas, desesperanzas y deshonrosas eyecciones. Como la propia. Y que todo debería ser expectativas positivas y colas de felicitaciones y palmadas en la espalda.
Las críticas se repiten. Las quejas se acumulan. Y el riesgo país no baja de los 500 puntos, cerrando el viernes en los 553 pb. Alguno dira que no está mal teniendo en cuenta que al menos 100 de esos puntos corresponden al interminable conflicto en Medio Oriente. Es un punto. Pero lo cierto, es que los números de Caputo, piensan en el 5° piso, ameritaría un Riesgo País por debajo de los 400 y más cercano a los 300. Y que le permitan al Ministerio de Economía diseñar con éxito la línea de créditos para despejar la gran duda que tienen los mercados sobre el país: cómo se hará para pagar los US$ 21 mil millones que Argentina debe liquidar en el 2027 en obligaciones impostergables; dinero que, por ahora, no está disponible. Y que sólo podrían liquidarse metiendo mano en las reservas crecientes del BCRA; algo que nadie quiere. Tampoco Caputo.
Milei tiene una explicación sobre esta chúcara resistencia a la baja en el Riesgo País. Explicación que el ministro comenzó a adoptar. El “Riesgo Kuka”. Nada nuevo. En definitiva, fue la fórmula utilizada para ganar las elecciones legislativas de medio término de octubre del año pasado. Lo que sorprende es que aún luego de esa victoria se siga tomando como argumentación esa amenaza como principal referencia de la complicada hora financiera; pese a los datos positivos que ofrece el mercado cambiario. Para el equipo económico, hay una renovación de la situación vivida en el proceso electoral del 2025, y nuevo contenido al concepto; aunque siempre referido a la posibilidad de un retorno al Gobierno del kirchnerismo o algún tipo de gestión política similar. La de Axel Kicillof por ejemplo.
¿A que refiere Milei y Caputo sobre el “Riesgo Kuka” de estos tiempos? Al resultado de las licitaciones de colocación del Bonar 2027 con vencimiento en octubre del próximo año, con las de su primo algo fallido del Bonar 2028. El primero, con vencimiento dentro del período de gestión de Javier Milei, ofrece una tasa de retorno del 5,6% anual. El segundo, ya a casi un año de la elección del sucesor del actual Presidente y con unos 10 meses de gestión de la próxima administración, muestra una tasa del 8,5% anual. Esto es, una diferencia de tres puntos porcentuales en dólares; o, en términos de medición de Riesgo País, unos 300 puntos básicos de distancia. Los especialistas hablan que si esa colocación no fuera la de un Bonar a dos años y con liquidación mensual tipo plazo fijo en dólares (la principal característica y peculiaridad del bono), el nivel de tasa de interés estaría por arriba del 12%.
Más que dificultades financieras, esta brecha lo que muestra es un hecho político concreto: las dudas que genera la elección presidencial del próximo año, y la posibilidad (cercana o no) de que Milei pueda no repetir para un próximo período. Y, si esto sucediera, nada haría prever que el próximo gobierno no repita la experiencia de Alberto Fernández Presidente y Martín Guzmán ministro de Economía, de un llamado a reestructurar deuda como la experiencia de octubre del 2020. Al menos este es el fantasma que saca a pasear el oficialismo al explicar la distancia entre las dos colocaciones de los bonares 2027 2028.
La situación la explicó más técnicamente Jorge Vasconcelos en el último informe publicado ayer por la Fundación Mediterránea, bajo el titulo “Segundo trimestre: riesgos a gestionar y oportunidades a aprovechar”. Allí el economista explica que “el Gobierno hizo una jugada política recientemente, al pasar a licitar simultáneamente bonos Hard dollar con vencimiento en 2027 y en 2028, dentro de la serie de los Bonar, de legislación local. Los primeros rinden 5,0 anual y los segundos 8,5%, aproximadamente. Así, se intenta mostrar la diferencia de confiabilidad en el mercado entre la actual administración y un eventual gobierno que, asumiendo a fin de 2027, marque un retorno a las prácticas de los cepos y demás políticas de discrecionalidad”. El Gobierno transmuta este concepto en un argumento a su favor. Afirma que esa distancia es el “Riesgo Kuka” versión 2026, y que sólo la posibilidad de un retorno populista explica el alza de las tasas. No errores propios. Ni muchos menos las circunstancias políticas adversas derivadas de los escandaletes varios que atacan misilísticamente al Gobierno, comenzando por la situación de Manuel Adorni y sus inexplicables compras vía hipotecas de propiedades porteñas. Y aún no se avanzó con $Libra o Andis, mucho peores en términos morales que las fórmulas inmobiliarias del jefe de Gabinete. No siente el Gobierno que la brecha en las tasas pueda influirlo y actúa tratando de operar la situación a su favor.
Vasconcelos advierte sobre esta situación. “El tema es que, en la medida que esa brecha de rendimientos se mantenga, este fenómeno terminará afectando la capacidad de manejo de la macro del actual gobierno, sea por la dificultad para extender en el tiempo los vencimientos de deuda, sea por la percepción de que las reformas estructurales en marcha no habrán de madurar antes de las próximas elecciones presidenciales y/o que la actual administración no está gestionando la economía de modo de lograr suficientes adhesiones en términos sociales”.
Como se ve y se advierte, una jugada riesgosa. Y más política que económica o financiera. Pero, como se sabe, la economía sigue a la política, y no al revés.