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Irrumpió en Tribunales para declarar y su primera aparición ante cámaras fue un gran éxito. Voz aterciopelada —quizás no tan aterciopelada—, una sonoridad grave, emitida con sonrisas entre amables e incómodas. Pelo llovido castaño claro, saco rosa, anteojos pesados, botas cortas. Sin sanciones penales a lo largo de su carrera. Nace una estrella: Adriana Mónica Nechevenko salió de sus bambalinas para protagonizar ipso facto la galería de personajes literarios de la fauna argentina.
Fue escribana de traficantes de efedrina, pero ella no tenía por qué saberlo. En los expedientes del SEDRONAR aparece la firma de Nechevenko en varias solicitudes de importación de esa sustancia clave para la producción de metanfetaminas. Ingresaron entre 2007 y 2008 casi diez toneladas de efedrina, y la escribana certificó, pero no participó —según ella— de un entramado de fantasmas, testaferros y sustancias masivamente dañinas. Es la testigo perfecta para cualquier incriminado. No vio nada. Y es simpática. Su profesión le permite la ceguera.
Nechevenko, con sus ojos abiertos pero mudos, y el blindaje de una profesión certificante y silente, es la escribana de Manuel Adorni, el hombre del momento. Visitó siete veces al Jefe de Gabinete en la Casa Rosada. Fue una reiterada travesía hacia el lado oscuro de la luna. ¿Tomaba café con Manuel Adorni? ¿De qué hablaban?
La atención preferencial tiene un motivo: "Conozco a Manu desde hace 25 años", aclaró, y justificó su oficio: dar fe. Depositó su fe en el ahora cascoteado jefe de Gabinete.
Su celular fue esquivo. Una foto la mostraba antes de declarar ante el fiscal Pollicita manipulando un móvil. Cuando el fiscal le pidió que lo mostrara, dijo que no lo había traído. Al día siguiente —volvió espontáneamente— sostuvo ante las autoridades que el aparato de la foto no era suyo.
El retorno a Tribunales la volvió a exhibir ante la pasarela de movileros, flashes, cámaras y micrófonos, y así escalaba en el desfile de lo que no se entiende y que tanto complica a las alturas gubernamentales.
El 15 de noviembre de 2024, el entonces vocero presidencial Manuel Adorni y su esposa Bettina Angeletti hipotecaron el departamento que tenían en Parque Chacabuco, sobre la avenida Asamblea al 1100. Con ese dinero —cien mil dólares obtenidos de dos mujeres vinculadas a la Policía Federal, la comisaria retirada Graciela Molina y su hija Victoria Cancio— compraron una casa en el country Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz. La propiedad quedó inscripta exclusivamente a nombre de Angeletti. El crédito se pactó en 24 cuotas con un interés del 11% anual, según surge de documentación judicial.
Un año después, en noviembre de 2025, Adorni escrituró un departamento en la calle Miró al 500, en Caballito, por un valor declarado de 230.000 dólares, notoriamente por debajo del precio de mercado. Pagó 30.000 dólares de anticipo en efectivo. Los 200.000 restantes los financiaron las propias vendedoras, las jubiladas Beatriz Viegas y Claudia Sbabo, quienes al mismo tiempo que le transfirieron la propiedad le extendieron un crédito sin interés, a cancelar en noviembre de 2026. Ambas mujeres negaron públicamente conocer a Adorni. El esquema quedó expuesto cuando intervino la Justicia.
La escribana Adriana Nechevenko, que certificó todas las operaciones, declaró ante el fiscal Gerardo Pollicita: "Tengo clientes y acerqué a las partes". Reconoció además haber visitado la Casa Rosada en siete oportunidades entre 2024 y 2025, aunque se negó a dar detalles sobre los motivos.
Lo que la causa dejó al descubierto no es una operación aislada, sino una cadena: hipoteca sobre Asamblea para comprar Indio Cuá; luego, hipoteca implícita en la venta de Miró para financiar Caballito, con la perspectiva de vender Asamblea para cerrar el ciclo. El total de compromisos financieros supera los 300.000 dólares. La pregunta que la fiscalía no ha podido responder todavía —y que Adorni tampoco respondió con precisión— es de dónde salió el dinero.
Nechevenko no solo se presentó a declarar: debutó con éxito en el casting de la fauna del siempre vigente carnaval argentino.
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