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China y EE.UU. firman en Beijing un pacto de cooperación en el comercio y la alta tecnología

hace 11 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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China y EE.UU. firman en Beijing un pacto de cooperación en el comercio y la alta tecnología

Casi inmediatamente después de su victoria en la guerra con Irán, Donald Trump viajará a China para entrevistarse con Xi Jinping en una “visita de Estado” que tendrá lugar el 14 y 15 de mayo.

En esa ocasión los líderes de las dos superpotencias sellarán un pacto de cooperación para revertir las corrientes de fondo del comercio internacional, de modo que le permitan a China reducir a la mitad la inmensa masa de capitales que destina al desarrollo de su imbatible máquina manufacturera exportadora, que el FMI (Fondo Monetario Internacional) estima de entre 4 y 6 puntos del producto por año; y realizar esta tarea histórica en un periodo de no más de una década.

El objetivo es que China multiplique por tres sus importaciones y de esa manera aumente su bajísimo nivel de consumo doméstico, que asciende hoy a sólo 38% del producto, y que debería alcanzar a 60% del PBI en 2035.

Por su parte Trump procura en este acuerdo multiplicar por tres las exportaciones estadounidenses a la República Popular, encabezadas por las de alta tecnología, y en primer lugar la Inteligencia artificial (IA), levantando todas las restricciones a sus ventas en la República Popular.

China importa todos los años más de US$ 400.000 millones en semiconductores o “chips” para equipar a su industria de Inteligencia artificial, que es hoy sólo inferior a la norteamericana. Esta última ocupa un lugar hegemónico en la fase inicial, más innovadora y creativa de la tecnología fundamental de la época, que hasta ahora es prácticamente un monopolio de Silicon Valley.

China ocupa el primer lugar en la fase de aplicación de la tecnología de la IA, que son la robótica y la Internet de las Cosas (IoT), debido a las insuperables ventajas comparativas que le otorga su inmenso y creciente mercado interno de una población de 1.400 millones de habitantes, encabezada por una nueva clase media de 500 millones de personas con ingresos comparables a los norteamericanos (US$ 35.000/US$ 45.000 anuales).

El vínculo comercial entre las dos superpotencias es la sustancia del acuerdo pactado entre Donald Trump y Xi Jinping y que se concretaría en un plazo de 10 años.

Pero en este diálogo estratégico establecido entre ambos líderes hay un preámbulo inmediato de especial importancia para ellos y el mundo.

El protagonista central de este preámbulo estratégico es la empresa Nvidia, cuyo director ejecutivo y principal propietario es Jensen Huang, que es la mayor productora de “chips“ de avanzada del sistema global y cuya cotización alcanzó este año en Wall Street US$ 5 billones, la más elevada de la historia del capitalismo.

La premisa básica sobre la que parte Huang es que en materia de Inteligencia artificial la oferta crea su propia demanda. Por eso la clave de su expansión es su colocación en todas partes del mundo al mismo tiempo sin ningún tipo de restricciones.

Es una regla extremadamente simple y profundamente contra-intuitiva, que señala que cuando más sus productos sean adquiridos por sus competidores, mayor va a ser la adquisición que realicen de los equipos de Nvidia.

De ahí que la regla establecida por DeepSeek, que torna obligatoria la colocación de los bienes más avanzado on-line en forma totalmente gratuita, coincide plenamente con esta visión estratégica del creador y director ejecutivo de Nvidia.

Huang le propone a Trump, en síntesis, levantar todas las restricciones a las ventas de sus productos a la República Popular, dejando de lado definitivamente los anacrónicos argumentos de “seguridad nacional”. El primero de esos “chips” son las “Unidades de Procesamiento Gráfico” (GPU), que se utilizan hoy en más de 2/3 de la capacidad computacional del mundo.

La premisa sobre la que actúa Huang es que la tecnología de la inteligencia artificial tiene un carácter intrínsecamente cooperativo, lo que significa que la mejor forma de imponer la tecnología norteamericana a la República Popular es integrarse plenamente con ella: Couve de Murville, el gran Canciller de De Gaulle, sostuvo que “la integración es una forma sublimada de competencia”.

Huang señala también que en el mundo de hoy ya no se compite sobre las nuevas innovaciones, sino que lo decisivo es dominar los estándares o pautas de aplicación de las nuevas tecnologías; y es allí donde EE.UU. debe hacer valer su hegemonía en la fase inicial – y más innovadora – de la Inteligencia artificial.

Para China este acuerdo/preámbulo de la reversión de las corrientes del comercio internacional que ya han comenzado a recorrer las dos superpotencias, es la garantía del total compromiso de EE.UU. en esta etapa de fusión estratégica entre China y la superpotencia norteamericana.

De esta manera, la República Popular podrá recortar a la mitad gigantesco superávit comercial de US$ 1,6 billones, que es absolutamente insustentable y que está provocando una ruinosa “desindustrialización” en el resto de los países manufactureros del sistema global.

Todo esto se sellará en Beijing el 14 y 15 de mayo con el acuerdo histórico, absolutamente crucial y decisivo, entre EE.UU y China a través del formidable liderazgo compartido de Xi Jinping y Donald Trump.

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