Cada vez que un ciudadano vota, ejerce el acto más poderoso de la vida democrática. Sin embargo, en la provincia de Buenos Aires, ese poder se ve limitado por reglas de juego que mantienen una deuda pendiente con la modernidad y la transparencia. Para que la legitimidad de origen sea plena, las reglas deben ser claras, justas y, sobre todo, confiables. Bajo esta premisa, es necesaria una agenda de reforma política integral.
El sistema actual de boletas partidarias es anacrónico. Hoy, si falta una boleta en el cuarto oscuro, ese voto deja de existir. Debe pasarse a la Boleta Única de Papel (BUP): una sola papeleta impresa por el Estado que garantiza la presencia de todas las opciones. Es el modelo que ya funciona con éxito en Córdoba, Santa Fe y Mendoza, y que recientemente se adoptó a nivel nacional. La BUP no es solo una mejora técnica; es un sistema más simple, económico, ecológico y, fundamentalmente, más transparente para el elector.
En cuanto al financiamiento político, es imprescindible la transparencia sin hipocresías. Debemos terminar con la opacidad en los recursos de las campañas electorales. Es fundamental avanzar hacia un marco normativo provincial de financiamiento público-privado que establezca límites reales y trazabilidad total. El objetivo es la rendición de cuentas: que cada bonaerense pueda saber, con claridad, quién financia a cada fuerza política. La confianza en la representación política comienza por la transparencia en sus recursos.
El sistema de primarias abiertas, obligatorias y simultáneas logró tres avances: ordenar la oferta electoral, seleccionar candidatos de manera democrática en el marco de un sistema confiable y darles participación a los ciudadanos. Las primarias fueron un avance frente a las decisiones “a dedo” de las cúpulas partidarias. Por supuesto que el sistema debe ser evaluado y modernizado para ganar eficiencia, pero bajo ningún concepto podemos dar un paso atrás en la participación ciudadana.
Sobre el tema de la autonomía y el federalismo, la provincia de Buenos Aires debe recuperar su identidad electoral. Ya sea que las elecciones sean simultáneas o desdobladas, debemos garantizar que el elector pueda evaluar la gestión bonaerense y municipal sin el “efecto arrastre” de la boleta nacional.
La solución institucional ya figura en la legislación nacional: boletas y urnas separadas. Este solución protege el federalismo y evita el caos logístico y operativo de una boleta inmanejable con muchas categorías de voto. Es imperativo blindar este precepto en nuestra propia legislación provincial.
Mejorar la forma en que elegimos, transparentar el financiamiento, garantizar la participación ciudadana y promover la autonomía provincial no son discusiones abstractas; son formas de fortalecer nuestra convivencia y mejorar la calidad democrática. La democracia no debe ser un ritual vacío que se repite cada dos años, sino una construcción cotidiana que exige, de una vez por todas, las mejores herramientas.
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