Es terrible cómo en estos tiempos el odio se convirtió en sentimiento de triunfo. Es lo más bajo, servil, debilidad mental. Pero incita, genera adeptos, de todos los costales. El algoritmo facilita, bombardea: links, YouTube, TikTok, X… Muy distintos a los “alimentos terrestres” que promovía André Gide, espirituales, artísticos. Estos son bolos, bolas de odio, alimento para vomitar.
El martes, después del espantoso y dañino anuncio “toda una civilización morirá esta noche” que hizo Trump, los noticieros se pusieron a cronometrar el odio. En casi todos los canales, y también en redes, se impuso el relojito. Tic-tac, tic-tac, ¿cuánto falta para el exterminio? 2 horas, 40 minutos, 30 segundos. Recordé la canción de Laurie Anderson en la que el piloto de un avión va anunciando la caída, con parsimonia, casi gozosamente.
En distintas pantallas veíamos pasar el tiempo como si fuese una carrera. ¿Qué alimentaban esos números? Miedo, ansiedad, angustia… odio. En una palabra: lo peor. ¿Tendemos a lo peor? ¡Con toda la belleza de este mundo, la dulzura de los niños, el jolgorio de las aves, los colores del otoño en un hemisferio, las flores a punto en el otro, las aguas que nos colman, la tierra fértil, el cielo que abre las puertas de nuestra imaginación!
Y ni siquiera mencioné el amor al prójimo. Asco daban las noticias. Ningún atisbo de reacción, mero azoramiento, y contar 2 horas. 35 minutos. 20 segundos. ¿Solo las consecuencias llevan a reaccionar? ¿Los despojos?
Marcel Proust escribió sobre “comer” (con) las noticias: “Este abominable y voluptuoso acto que se llama leer el periódico (hoy sería scrollear o hacer zapping), y gracias al cual todo los cataclismos y desgracias del universo durante las últimas veinticuatro horas, las batallas que han costado la vida de cincuenta mil hombres, los crímenes, las huelgas, las bancarrotas, los incendios, los envenenamientos, los suicidios, las crueles emociones, transformadas para nuestro uso personal, se asocian excelentemente de una forma particularmente excitante y tónica a la recomendación de ingestión de algunos sorbos de café con leche”.