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Ciencia básica vs. ciencia aplicada: una discusión anacrónica

hace 22 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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Ciencia básica vs. ciencia aplicada: una discusión anacrónica

Hoy es el día del Investigador Científico, en homenaje al nacimiento del premio Nobel y fundador del CONICET, Dr. Bernardo Houssay. Desde que el presidente Milei asumió hasta la fecha ha pasado mucha agua bajo el puente. Si bien el “Afuera” no se concretó, y el Dr. Salamone ha hecho un buen trabajo presidiendo el organismo, el sistema se ha visto desfinanciado y sería necio desconocerlo.

En medio de las peleas entre el anterior gobierno, que se cree dueño de la ciencia y tecnología argentina, y el actual, que dice estar financiando la “ciencia útil”, hay una discusión de base que se pierde. La T de CONICET refiere a Tecnología, pero esta T estuvo prácticamente ausente durante gran parte de su existencia.

Se presuponía que el investigador CONICET debía entregarse fundamentalmente a las ciencias básicas, y dejar su aplicación a otras instituciones.

En ese camino, gran parte de los frutos que podría haber rendido CONICET en patentes o servicios al sector industrial privado quedó desierto. En los últimos años, previos a la presidencia de Milei, se buscó motorizar un cambio de rumbo en ese sentido, pero con reglamentaciones internas que conspiraban contra ese propósito. La pregunta eterna, y en mi opinión anacrónica, en Argentina es ciencia básica vs ciencia aplicada o tecnología. No existe tal antagonismo.

En todos los países se reconoce que las tres se retroalimentan en un círculo virtuoso. Otro antagonismo histórico es inversión pública vs privada. En la mayoría de los países con un sistema de ciencia y tecnología robusto coexisten los dos tipos de financiamiento.

En general, los estados financian la ciencia básica, que por su carácter innovador no asegura siempre resultados que puedan volcarse al mercado, pero sí incrementan el conocimiento de nuestro universo. El privado en general financia aquellos proyectos que ya tienen una base sustentable, proveniente de la ciencia básica, y lo hace en diversas etapas, transformando ese conocimiento en productos y servicios.

Un ejemplo claro de esto fue la vacuna COVID de Pfizer: se basó en estudios básicos realizados por investigadores de la Universidad de Pennsylvania y generó una vacuna que, sin esos estudios previos, hubiera sido imposible obtener.

Para dar algunos ejemplos, Corea del Sur tiene mayoritariamente inversión privada, pero el gobierno surcoreano mantiene una inversión muy fuerte para sostener la infraestructura y la ciencia básica. Estados Unidos tiene un sistema parecido, aunque las épocas actuales han impuesto algunos cambios, pero el rol público es crítico porque financia lo que las empresas suelen considerar "poco rentable" a corto plazo. Si bien el mercado, en mi opinión, es un impulsor clave de las investigaciones, siempre hay que dejar un margen para temas que, en principio, pueden no parecer interesar al mercado, pero que en el futuro demuestran su utilidad.

De esto último hay infinidad de ejemplos, como el estudio de un organismo que crecía a temperaturas muy altas (la bacteria Thermus aquaticus) que derivó años después en el desarrollo de la técnica PCR, ampliamente usada en la actualidad.

En definitiva, creo que hay que buscar equilibrio en estos temas y alejarse de dogmas estrictos, teniendo siempre en cuenta los recursos con los que cuenta el país para evaluar cuántas y qué investigaciones puede financiar. Finalmente recordar que esa ciencia cuya utilidad quizá nunca se encuentre también debe apreciarse por su contribución a conocer más y mejor el mundo que habitamos.

Sandra Pitta es Farmacéutica y Doctora en Biotecnología Vegetal. Investigadora Independiente del CONICET.

Sandra Pitta

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