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El acuerdo con la UE revitaliza al Mercosur, en un contexto más exigente

hace 23 horas en clarin.com por Clarin.com - Home

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El acuerdo con la UE revitaliza al Mercosur, en un contexto más exigente

Las ratificaciones sudamericanas del acuerdo Mercosur–Unión Europea permiten observar un cambio en la lógica del regionalismo en la región. En un contexto internacional atravesado por crecientes rivalidades geoeconómicas, el Mercosur funciona menos como expresión de convergencias políticas profundas y más como una herramienta institucional a la que los Estados recurren para gestionar vulnerabilidades externas.

Durante más de tres décadas, el acuerdo avanzó y retrocedió al ritmo de los cambios políticos y del orden global. El anuncio de 2019 pareció marcar un punto de inflexión tras años de negociación, pero el impulso se frenó por objeciones ambientales en Europa, cambios de gobierno en Sudamérica y un clima internacional menos favorable al libre comercio.

Siete años después, el escenario volvió a cambiar. Tras la firma en enero de 2026, Uruguay y Argentina lo ratificaron en febrero, Brasil avanzó parcialmente en su aprobación y Paraguay inició su trámite legislativo. A la vez, la Comisión Europea busca acelerar su aplicación provisional, considerándolo estratégico.

Este avance responde a un entorno internacional más incierto. China consolidó su presencia en Sudamérica, mientras Estados Unidos y la Unión Europea reforzaron políticas de seguridad económica. El regreso de Donald Trump y las tensiones transatlánticas llevaron a Europa a diversificar socios, otorgando al acuerdo con Mercosur un valor geopolítico adicional.

Paradójicamente, este proceso ocurre en un momento de baja coordinación política regional. Sudamérica atraviesa una etapa de fragmentación, con agendas nacionales divergentes y sin un liderazgo integrador claro. Las posiciones de los gobiernos reflejan esa diversidad: Brasil lo ve como una oportunidad industrial, Argentina como reinserción global, Uruguay como pragmatismo externo y Paraguay como atracción de inversiones.

Más que una visión común, lo que emerge es una convergencia circunstancial de intereses. Cada país utiliza el acuerdo según sus prioridades, pero todos lo consideran útil para mejorar su margen de maniobra internacional.

Aquí radica la principal transformación: el regionalismo deja de ser un proyecto político en sí mismo y pasa a ser un instrumento funcional. El Mercosur opera como una plataforma diplomática y jurídica que permite negociar colectivamente en un mundo marcado por tensiones comerciales y competencia estratégica.

En este contexto, su valor reside menos en la integración profunda que en su capacidad para ofrecer escala y reducir costos de exposición externa. Las instituciones regionales siguen siendo relevantes no por la cohesión política que generan, sino por su utilidad práctica.

El avance del acuerdo muestra que la cooperación puede persistir incluso con consensos débiles. Sugiere además que el futuro del regionalismo sudamericano dependerá más de su eficacia frente a un entorno global exigente que de grandes proyectos políticos compartidos.

En un sistema internacional fragmentado, con economías dependientes de exportaciones primarias y limitada influencia global, el Mercosur mantiene relevancia como herramienta estratégica. Las ratificaciones no implican un relanzamiento del regionalismo, pero sí confirman que sigue siendo un recurso disponible cuando el contexto externo se vuelve más desafiante.

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