Filipinas no es el único país miembro de la Asean que enfrenta el desafío de tratar con los Estados Unidos y China en simultáneo. En este país de mayoría católica y antigua colonia de España y EE.UU. (1898-1946), la política exterior ha estado anclada en tres prioridades marcadas por el presidente Fidel Ramos (1992-1998). Estas son: proteger la integridad territorial y la soberanía, apoyar el desarrollo económico y proteger a los filipinos en el exterior. Pero el mandato constitucional de mantener una política exterior independiente ha tenido diferentes matices, siempre limitados por su alianza de defensa con EE.UU.
En Filipinas, el presidente tiene gran influencia en la política exterior. Se evidencia “el principio de la supremacía del Ejecutivo” en general y se dice que los partidos políticos van y vienen, pero que los políticos quedan. Así, los estilos personales presidenciales impactan la política exterior de esta nación isleña, aunque interactúen con el Ministerio de Defensa –cercano a EE.UU.– y el Senado. Dados este protagonismo y los cambios geopolíticos en la región, los sucesivos presidentes han utilizado diferentes enfoques.
Benigno Aquino (2010-2016) se mostró inicialmente neutral visitando China. Así su canciller Albert del Rosario definió su política exterior independiente: “Nos negamos a ser intimidados por China, nos negamos a ser sumisos a los EE.UU.”. Pero un incidente con fuerzas militares chinas en el Scarborough Shoal –Mar del Sur de China– lo llevó a firmar el acuerdo EDCA (Acuerdo de Cooperación Reforzada en Defensa), para rotar soldados norteamericanos en cinco bases filipinas. También lo llevó a denunciar los reclamos marítimos chinos ante la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar, con sumo éxito. Sin embargo, China controla de facto esta roca con guardacostas.
Rodrigo Duterte (2016-2022) se mostró inicialmente cercano a China, procurando tener una política exterior realmente independiente y amenazando con cancelar el VFA (acuerdo para fuerzas visitantes) con EE.UU. A pesar de esto, las fuerzas costeras chinas actuaron nuevamente en forma agresiva en el incidente de Second Thomas Shoal.
Ferdinando Marcos Jr. –desde 2022– se mostró inicialmente pro-EE.UU. extendiendo el EDCA a cuatro bases más para soldados norteamericanos. Pero procura tener una política exterior balanceada: protegido por el paraguas de seguridad de EE.UU. y cosechando beneficios económicos de su relación con China. Así, dijo que las disputas marítimas no definen la relación bilateral entre ambos países. Mas realiza ejercicios militares con EE.UU. y desarrolla capacidades defensivas.
Todos los presidentes procuraron que la economía no fuera impactada negativamente por la geopolítica. Así, aquella viene creciendo a niveles del 6,6% desde el año 2009, para alcanzar un PBI de 495.000 millones de dólares en 2025 y con una inflación del 1,9% anual. Sus exportaciones representan un 17% del PBI, sus principales destinos son EE.UU. y Japón, y muchos de sus insumos provienen de China. Las principales exportaciones son productos electrónicos, maquinarias, material eléctrico y aceite de coco. En 2025 ha tenido que negociar en forma asimétrica con el gobierno Trump para llegar a una tarifa para sus exportaciones a EE.UU. del 19%.
Así, Filipinas enfrenta el desafío de seguir interactuando con un geográficamente lejano EE.UU., garante de su integridad territorial, y con una amenazante China, crítica para su desarrollo económico.
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