El peronismo está en modo “no interrumpas a tu enemigo cuando se equivoca”. Sus principales dirigentes analizan en detalle la caída de la imagen de Javier Milei a la luz del caso Adorni y de los problemas de la microeconomía, pero a excepción de Axel Kicillof –el único que está lanzando a la carrera presidencial de 2027- prefieren apelar a la emblemática frase atribuida a Napoleón para justificar sus escasas apariciones en la conversación pública.
Sin embargo, el principal partido de oposición parece haber recuperado en los últimos dos meses el aliento que había perdido tras la derrota en las elecciones legislativas nacionales de 2025. Y por eso entró en operaciones de posicionamiento con la mira puesta en marzo del año próximo, la fecha que considera como la señal de largada para tratar de bloquear la reelección de Milei. Hasta entonces se sucederán jugadas y pulirán alianzas internas.
Cristina Kirchner no lo dijo abiertamente, pero habilitó al senador sanjuanino Sergio Uñac para hacerle notar a Kicillof que no está solo en la competencia por la candidatura mayor del PJ. El exgobernador pidió ajustar los plazos de selección de candidaturas y nadie en el entorno de la expresidenta salió a cruzarlo, pese a que la maniobra no sería del agrado de La Cámpora. No obstante, en el Instituto Patria –el cristinismo puro- hay alguna expectativa con Uñac.
La tercera línea en pugna dentro del peronismo es la que se mueve en torno a Sergio Massa. Si bien el jefe del Frente Renovador permanece distanciado de las primeras planas, en forma subterránea conversa con dirigentes que están de regreso –Miguel Pichetto, Emilio Monzó-, con gobernadores y con empresarios que atisban la vereda de enfrente a los libertarios. Massa está muy informado de las jugadas en curso, pero no necesariamente les da impulso.
Según pudo saber LA NACION, los mensajes que los empresarios hacen llegar a las distintas terminales del peronismo advierten sobre un “proceso de destrucción de la capacidad instalada” que se estaría agudizando desde el año pasado. Dicen que no observan que el programa económico en curso genere las condiciones para revertirlo. “Tienen que parar un candidato moderado”, aconsejan. No es un pedido que aliente los planes de Kicillof, precisamente.
En cambio, el que parece sintonizar con esa línea es Pichetto, aunque en sus conversaciones se propone más como el armador de un “frente nacional” que como un posible candidato presidencial. La que prefirió curarse en salud es Myriam Bregman, del Frente de Izquierda, cuya imagen viene subiendo en las encuestas. “La rusa”, como se la conoce en la política, dijo que detrás de Pichetto está Paolo Rocca. Sus declaraciones cayeron bien en el camporismo.
La performance de Bregman en los sondeos de opinión pública –donde se posiciona al frente de una tercera fuerza- también es seguida de cerca en La Plata, en los despachos de la gobernación, donde entienden que llegado el caso de un balotaje presidencial en 2027, los votantes de izquierda tenderían a apoyar a Kicillof. Pero mientras tanto, el jefe del Movimiento Derecho al Futuro (MdF) intenta alianzas que van más allá de su kirchnerismo original.
Por caso, envió a su ministro de Seguridad, Javier Alonso, a tender puentes en Córdoba y Santa Fe. En “la docta”, el axelismo intenta un acercamiento con el gobernador Martín Llaryora, a quien juzgan un aliado funcional porque los libertarios están armando una amplia coalición con la UCR, Pro y Luis Juez para desbancarlo del poder en 2027. Tal vez por eso, Natalia De la Sota inició movimientos de “relacionamiento” que van más allá de la provincia.
Argentina necesita diálogo, tender puentes que nos ayuden a construir un futuro con trabajo, justicia social, cuidado del ambiente y federalismo real. La coherencia debe volver a ser un valor fundamental en la política argentina. De eso hablamos con @NataliaDLSok . pic.twitter.com/KhPGQrDIcw
De la Sota se tomó una fotografía con el legislador porteño Leandro Santoro –cuyo nombre aparece en las encuestas nacionales- y en las próximas semanas visitará Mendoza y Rosario. La joven tiene una porción del voto peronista en Córdoba sin el cual Llaryora no tendría chances de acceder a la reelección. Su estilo político tiende a la apertura hacia otros sectores, incluso del no peronismo, pero con confluencias programáticas.
De hecho, encabezó en Río Cuarto un encuentro de think tanks de distintas líneas políticas, entre las que estuvieron la Fundación Sergio Karakachoff, de Federico Storani; el Instituto Consenso Federal, de Alejandro “Topo” Rodríguez; la Fundación Encuentro, de Sergio Massa; la Red Prioridades Argentinas (Daniel Arroyo); el Instituto Argentina Grande vinculado a Gabriel Katopodis y Futuros Mejores, de Haroldo Montagu y Leandro Mora Alfonsín.
Según las fuentes consultadas, los técnicos de estos centros de estudio coincidieron en manifestar su preocupación por que la economía “no tiene dos velocidades” sino “ganadores y perdedores netos”; por el “desdén por los sectores que crean más empleo (industria, construcción, comercio, turismo)”; por el “desfinanciamiento de la ciencia y las universidades”; la “destrucción de las pymes” y la “falta de inversión en infraestructura”.
Se trata de un grupo de coincidencias programáticas que puede extenderse al centro de estudios del MdF (Cedaf), que Kicillof ya puso en marcha, a sabiendas de que si por algo fracasó el último gobierno peronista –el de Alberto Fernández- fue por su incapacidad para sintetizar un plan económico con sustento político. “No nos puede volver a pasar que logremos una expresión electoral que pueda ganar las elecciones y después tengamos dificultades para gobernar”, advirtió Kicillof el jueves.
Ahora mismo esas dos líneas, la kirchnerista –que paradojalmente encarna Kicillof- y la moderada siguen conviviendo en el PJ. A tal punto que Juan Grabois puede tener una mirada económica similar a la de Kicillof, pero opuesta a la de Pichetto y a la de posibles candidatos outsiders como el empresario Jorge Brito, expresidente de River Plate y dueño del Banco Macro. Del que no se sabe nada qué piensa en términos económicos es del pastor Dante Gebel, también impulsado por sectores peronistas.
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