La posibilidad de que la tregua en Medio Oriente calce con negociaciones para una paz duradera en la región podría ser el puntapié que necesita Luis Caputo para retomar la idea de salir al mercado internacional en el corto plazo.
El escenario financiero internacional acaba de dar un vuelco inesperado que coloca al equipo económico argentino frente a una ventana de oportunidad que podría ser determinante para el resto del mandato de Javier Milei.
La tregua alcanzada en las últimas semanas entre Estados Unidos e Irán generó un enorme alivio en los mercados financieros, reduciendo las presiones que la guerra había inyectado sobre los bonos soberanos durante gran parte de marzo.
La chance de que Economía pueda volver a idear un plan para tentar a Wall Street con emisiones de bonos de la deuda argentina fue planteada en el último informe a clientes de la consultora 1816, la preferida por los banqueros de la City.
Entre fines de enero y finales de febrero de este año, Argentina tuvo una oportunidad clara de emitir deuda en el exterior.
En aquel entonces, el riesgo país abría la posibilidad de colocar bonos a una tasa cercana al 10% anual. El bono GD35 operaba al 9,25% en Nueva York.
Un nivel que incluso permitió a países como Ecuador volver al mercado tras seis años de ausencia. Sin embargo, el Gobierno nacional optó por no avanzar. Caputo creyó que el riesgo país bajaría a un piso de 400 puntos. Al menos era el escenario comentado en público por Javier Milei.
Esa apuesta se vio truncada por el estallido del conflicto bélico a finales de febrero, que disparó la tasa de largo plazo en los Estados Unidos y elevó el riesgo de los mercados emergentes.
Hoy, con la desescalada del conflicto, y a la espera de las inminentes negociaciones entre Estados Unidos e Irán, el mercado vuelve a plantearse si el Gobierno ratificará su posición de prescindir de Wall Street. O si, en cambio, aprovechará este respiro para fortalecer su posición de divisas.
La retórica oficial ha intentado instalar la idea de que Wall Street puede ser reemplazado por tres fuentes alternativas: las privatizaciones, un financiamiento "alternativo" (Caputo dijo que se conocerán los detalles en algunas semanas) y en el mercado local.
La reciente colocación del Bonar 2028 (AO28) -con vencimiento par ese año- dejó un mensaje agridulce: aunque se emitió a una tasa inferior al 9% TNA, no se logró adjudicar la totalidad de los u$s250 millones buscados.
Esto evidencia que el apetito de los inversores locales por instrumentos que venzan en el próximo mandato presidencial es, por ahora, muy limitado.
La urgencia por buscar financiamiento externo se vuelve evidente al analizar la fragilidad de las reservas del Banco Central.
Las reservas netas se encuentran en terreno negativo (según la consultora en aproximadamente u$s1.630 millones) y el calendario de vencimientos con el FMI y acreedores privados suma unos u$s24.000 millones hasta el final del mandato de Milei.
Si el Gobierno persiste en descartar a Wall Street, el programa económico quedaría forzado a una dinámica de "vivir con lo nuestro" extremadamente exigente: el Banco Central se vería obligado a comprar grandes volúmenes de dólares en el mercado simplemente para pagar los vencimientos de la deuda.
Es lo que viene pasando: de los u$s4.687 millones que el BCRA compró en el mercado desde el pasado 2 de enero, debió vender u$s3.658 millones al Tesoro para cumplir con los compromisos de deuda en moneda dura.
En concreto, la (frágil) tregua en Medio Oriente reabrió una ventana que parecía clausurada.
Si el Gobierno decide ignorarla nuevamente bajo la premisa de que "sobran los dólares" o "salen por las orejas" en el mercado interno, estará apostando a que la liquidación de divisas en el mercado sea suficiente para cubrir un bache de 24.000 millones de dólares sin comprometer la estabilidad cambiaria ni la meta de reservas.
Wall Street podría ofrecer una salida; queda por ver si esta vez el equipo económico está dispuesto a cruzar esa puerta.
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