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Educar para el empleo: las oportunidades de Vaca Muerta

hace 18 horas en infobae.com por Guillermo Tempesta Leeds

Cuando hablamos de Vaca Muerta, pensamos en reservas, barriles, exportaciones y divisas. Todo eso es real e importante. Pero hay otra dimensión de este fenómeno que también merece atención: quiénes van a trabajar ahí y cómo se van a formar. Esa pregunta, si no la respondemos bien y a tiempo, puede convertirse en el principal cuello de botella de uno de los motores productivos más dinámicos que tiene hoy la Argentina.

La proyección es clara: la industria energética está demandando perfiles técnicos especializados a una velocidad que pocos sectores alcanzan. Y la velocidad a la que crece es, en cierta forma, inédita. Los sistemas de formación (incluso los mejores) necesitan tiempo para adaptarse a demandas tan específicas.

Y esa brecha es una oportunidad para que el sector privado, el Estado y las instituciones educativas trabajemos juntos con más coordinación y más urgencia. Estoy convencido de que el Instituto Vaca Muerta (IVM) es eso: una respuesta colaborativa, construida desde adentro del sector, para acompañar un crecimiento que ya está ocurriendo y contribuir con la empleabilidad tanto del sector como de la sociedad en general.

El IVM es una iniciativa que me parece ejemplar en su diseño. Ubicado en el Polo Tecnológico de Neuquén, cuenta con aulas taller, salas de simulación y un pozo escuela donde los estudiantes pueden entrenarse en condiciones operativas reales, algo poco frecuente incluso a nivel regional. Los cursos son técnicos, certificados, con fuerte carga de seguridad operativa, gestión de riesgos y cumplimiento normativo. Cuatro meses de formación intensiva, práctica, con salida laboral concreta.

La convocatoria inicial reflejó el interés que despierta el sector: más de 13.000 inscriptos para una primera cohorte de 670 seleccionados. El IVM proyecta formar entre 2.000 y 3.000 personas por año. Son números que importan, pero más importa todavía el modelo: formación colaborativa, impulsada por las propias empresas del sector, orientada a perfiles específicos que el mercado demanda hoy y va a demandar aún más mañana.

Desde Santander, creemos que el sector financiero no puede mirar este proceso desde afuera. Somos parte del ecosistema productivo del país y eso implica responsabilidades que van más allá de la intermediación financiera. Hace más de 28 años que acompañamos iniciativas de educación, empleabilidad y emprendedurismo en todo el país. Y lo hacemos porque entendemos que la educación es la inversión con mayor retorno social posible y porque el progreso de las comunidades donde operamos es también nuestro progreso.

Por eso, nuestra decisión de sumarnos al Instituto de Formación Técnica Vaca Muerta no es un paso aislado. Es la expresión natural de una estrategia que venimos construyendo: acompañar a las personas en la transición hacia el empleo en sectores donde las oportunidades son reales y concretas.

Nuestra alianza con el IVM tiene una lógica que nos parece valiosa: integrar la formación técnica con la educación financiera. No son mundos separados. Una persona que termina un curso de mantenimiento mecánico y consigue su primer empleo formal en la industria energética va a enfrentar, probablemente por primera vez, ingresos significativos, decisiones de ahorro, posibilidades de crédito. Si no tiene herramientas para administrar esa nueva realidad, el impacto de su inserción laboral se diluye.

En el marco de este acuerdo, Santander va a brindar sesiones de educación financiera a los participantes del IVM y un aula va a llevar el nombre de Santander como señal de este compromiso de largo plazo.

Vaca Muerta es producción, es inversión, es demanda de talento creciendo mes a mes. Cada puesto directo que genera la industria energética multiplica el empleo en actividades conexas; transporte, hotelería, comercio, servicios profesionales. El impacto ya se siente en Neuquén y en las provincias de la región. Para que ese crecimiento sea sano y sustentable, es fundamental crear los instrumentos educativos y formativos para que el país cuente con el talento y los recursos humanos necesarios. Pienso que el IVM es un vehículo adecuado que debería ser replicado por otras industrias y otras regiones del país. Esa es la visión de país que nos gusta para adelante.

Nosotros elegimos ser parte de ese proyecto: un país productivo y que crece y ofrece oportunidades y trabajo para su gente.

El autor es presidente de Banco Santander Argentina y de la Fundación Santander Argentina

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