Marzo fue el peor mes de esta singular e hiperpersonalista experiencia libertaria. En pocas semanas, el gobierno perdió el capital político y la iniciativa que había mostrado desde el triunfo en las elecciones de mitad de término, sobre todo en febrero, durante el desarrollo de las sesiones extraordinarias y (típico de la tradicional volatilidad vernácula) se fue encerrando sobre sí mismo, enredado en una sucesión casi inagotable de errores no forzados. En un clima económicamente muy complejo a pesar del crecimiento de las exportaciones y de la estabilidad cambiaria, con un proceso de desinflación que ya se había estancado mucho antes del conflicto en Medio Oriente y el consecuente incremento en el precio del petróleo, con su efecto multiplicador, los principales sondeos de opinión pública reflejan una caída en la confianza en el gobierno y en las perspectivas de mejora económica personales y del país, como informó LA NACION el domingo pasado.
El reciente reporte sobre el humor social que mensualmente publican D’Alessio-IROL/Berensztein expone un notable desgaste en las variables más sensibles. La imagen positiva del presidente está en su punto más bajo en toda la serie (38%) y la negativa, en la más alta (58%): un diferencial de -20 puntos. La evaluación de la gestión del gobierno describe una tendencia similar, aun-que con matices (41%, 57% y -16%, respectivamente). Entre los temas que más preocupan a la ciudadanía se destacan la incertidumbre económica y la inseguridad, ambos por encima del 60%. Al mismo tiempo, ascendieron de manera meteórica la preocupación por la inflación y por la corrupción en el gobierno de Milei.
Frente a este contexto adverso, el gobierno pretende salir de su atolladero con una ofensiva en cuatro planos. En primer lugar, la defensa a capa y espada a Manuel Adorni. Luego, manteniendo a rajatabla el rumbo de la economía, a pesar de los preocupantes síntomas en el empleo: por primera vez en nuestra historia, cae a pesar del crecimiento o, mejor dicho, como consecuencia de que se trata de sectores capital intensivos. Asimismo, crujen los sectores vinculados al consumo doméstico y a las pymes, con la parcial excepción del automotor (motos en particular). En tercer lugar, Milei recuperó su repertorio de agresiones a la prensa independiente, algo al menos comprensible cuando era un ignoto twittero que buscaba aumentar su nivel de conocimiento y colarse en el mundo de los medios audiovisuales, pero improcedente e institucionalmente peligroso tratándose del presidente de la nación. Finalmente, la apuesta a consolidar su papel como guerrero privilegiado de la “batalla cultural”, en el contexto en el que algunos de sus principales laderos (como Georgia Meloni, Donald Trump y hasta Viktor Orban) evidencian un creciente debilitamiento de sus liderazgos.
Las desventuras domésticas del oficialismo generan un sinfín de consecuencias, en lo político y en lo económico. Cada día con mayor intensidad, inversores extranjeros y nacionales indagan respecto de los escenarios electorales de cara a 2027, descontando que se tratará de un proceso con final abierto, cosa que hasta hace muy poco tiempo no se consideraba probable. Si hubiera alternancia en el poder… ¿Se mantendrían los compromisos del RIGI? Algunos abogados interpretaron el celebrado caso YPF de manera más crítica: valoran el ahorro fiscal que implica, pero se preguntan si puede generar incertidumbre regulatoria y costos reputacionales de mediano y largo plazo: una expropiación legalmente ejecutada puede acentuar los animal spirits del populismo más rancio. En paralelo, algunos de los gobernadores “amigos”, sensibles con las necesidades del gobierno y que cooperaron con la gobernabilidad, advierten preocupantes señales de deterioro. Esto explica, al menos parcialmente, la decisión de utilizar los adelantos de coparticipación para asegurar los apoyos para lograr la sanción de la esperada Ley de Glaciares (que luego de una conflictiva serie de audiencias públicas, podría de todas formas terminar judicializada). Conviene recordar, además, que ya transcurrió un sexto de las sesiones ordinarias (seis semanas) sin que el Poder Ejecutivo haya enviado una sola reforma estructural.
“Es probable que Adorni no haya cometido actos serios de corrupción, pero las dudas sobre su crecimiento patrimonial hacen que su reputación haya quedado dañada, tal vez para siempre”, afirma un político que no coincide con la agenda libertaria y que trata de mantener una mirada objetiva de la realidad. “¿Cómo hace para ir a buscar a sus chicos a la escuela, llevarlos a la plaza o a tomar un helado? La condena social es terrible”, agrega. La imagen del todavía jefe de Gabinete de Ministros, a quien los hermanos Milei apuntalan a toda costa, se desplomó: la negativa superó largamente el umbral del 70%. Sólo algo más de la mitad de los votantes de primera vuelta de LLA lo sigue mirando con buenos ojos. Mientras avanza la investigación judicial, un veterano dirigente sindical señalaba sonriente: “el resultado de la inexperiencia combinada con la ineptitud es desastroso: estos no hacen ni las macanas bien”.
Aferrado a este activo tóxico en el que se convirtió el exvocero presidencial (tiene el “boleto picado”, reconoce un operador oficialista), el gobierno tampoco puede coordinar una respuesta consistente frente a la deuda del PAMI o al escándalo de los créditos del Banco Nación, como pusieron de manifiesto las actitudes opuestas de Sandra Pettovello y Luis Caputo. Si fueron otorgados de manera regular, de todas maneras se trata de un comportamiento pueril, imprudente e innecesario. ¿Por qué no recurrir a una institución privada para evitar cualquier sospecha de tráfico de influencias y conflictos de interés? Esto ocurre en un contexto en el que crece la mora en tarjetas y préstamos personales y se registran atrasos preocupantes en el pago de las expensas.
El pasado fin de semana asistimos a una nueva sesión de incontinencia digital de Milei, incluyendo flagrantes contradicciones en relación con su obsesivo odio al periodismo. Ni la SIDE ni mucho menos la Oficina de Respuesta Oficial, agencia recientemente creada para combatir las fake news, alertaron sobre el intento de desacreditar a su administración: fue gracias al profesio-nalismo de Santiago O’Donnell y sus colegas de Filtraleaks que el país tomó conocimiento de la campaña de desinformación desplegada por los servicios de inteligencia rusos. En vez de separar la paja del trigo, el presidente y muchos de sus principales colaboradores se muestran irascibles, frustrados e impotentes frente a un clima que cambió de manera repentina. Evidencia una autopercepción de debilidad: quien tiene razón no necesita agredir ni insultar. Dice una voz popular: “el que se enoja, pierde”.
En este marco, adquiere una rara relevancia el debate sobre las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias), que el gobierno pretende derogar para entorpecer la capacidad de la oposición de seleccionar una candidatura competitiva. Debe recordarse que sólo dos países tienen esta clase de régimen, Uruguay (que lo creó para reemplazar la nefasta Ley de Lemas) y Argentina, que readaptó ese modelo en el contexto de la reforma política de 2009. En el resto de las democracias, existen otros mecanismos iguales o más efectivos, como elecciones internas, negociaciones o compulsas de sondeos. Incluso aquí hemos tenido experiencias de gran impacto, como la primaria entre Menem y Cafiero en 1988 o entre Fernández Meijide y De la Rúa casi una década más tarde. En Brasil, Lula y Cardoso acordaron una exitosa coalición para derrotar a Bolsonaro sin nada parecido a una PASO. Si las principales fuerzas de oposición toman la determinación de conformar una fórmula competitiva, el gobierno deberá imaginar una respuesta bastante más con-tundente y efectiva que entorpecer la selección de sus potenciales candidatos.
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