Tras el endeble informe liderado por Open Democracy, que derivó en la cancelación de acreditaciones periodísticas en Casa Rosada, Ámbito recibió (tarde y a destiempo) una respuesta del consorcio a los pedidos de rectificación. Este medio no recibió pagos de una potencia extranjera, no fue participado de la prueba, no formó parte de ninguna campaña, ni publicó ninguna "fake news".
Ámbito reproduce el reclamo que le presentó al consorcio y que fue ignorado en los conceptos centrales.
“En ningún lugar de nuestro artículo acusamos a Ámbito, ni a ningún otro medio, de haber recibido dinero de Rusia para desinformar o desacreditar al gobierno”. La admisión fue recibida por correo electrónico el miércoles 8 a las 18.29 por Diana Cariboni, luego de que 48 horas antes este diario hubiera enviado, en carácter de oficial, un extenso pedido de retractación y derecho a réplica por la “investigación” que una semana atrás había apuntado a este medio, entre otros portales, de haber participado de una campaña de desinformación para atacar al Gobierno nacional en 2024.
Open Democracy –que lideró el supuesto “consorcio”- y el sitio Chequeado.com que levantó la información, incluyeron un breve apartado del reclamo de este diario por ser suprimido de la acusación de la que se hizo eco la administración de Javier Milei para desatar un ataque coordinado contra la prensa, en general. La presunta investigación internacional, que enchastró a Ámbito y dio a entender que publicó 8 noticias falsas –sin detalle de contenido- para desacreditar la gestión libertaria a favor de los intereses de una potencia extranjera, se reveló no sólo endeble en materia de pruebas, sino que enfila al escándalo.
“Consideramos que el extenso comunicado excede el ejercicio de derecho de respuesta o réplica”, aseguró Cariboni que, aparentemente, tiene la medida justa sobre cómo debe ser el reclamo de desagravio luego de una falsa acusación.
Volvió a insistir en un punto que es crucial: ningún miembro del equipo de periodistas que encabezó el libelo se puso en contacto con la máxima autoridad del medio para aclarar los extremos de la denuncia. En su defensa, aseguró que se comunicó en varias oportunidades –sin éxito- con el medio, pero no admitió que preguntó a un periodista que nada tenía que ver con los procesos de edición en cuestión y que no estaban en condiciones de responder el requerimiento. Lo que sí reconoció es que envió mails a la casilla general de la redacción, pero, otra vez, omitió que indagó solo sobre datos personales de periodistas, algo que nunca se contesta por motivos de privacidad y seguridad. El objetivo fue destacar un párrafo respecto a que Ámbito no había respondido a las preguntas; algo, otra vez, falso.
Todos esos correos y mensajes vía Whastapp –que equivocan los roles en la redacción, algo básico- están siendo certificados por escribano para adjuntar a las demandas correspondientes. Y para ser presentados ante la justicia federal en la causa en curso. Cariboni evitó fijar un domicilio para que se le enviara carta documento.
Por respeto a sus lectores y a la audiencia, Ámbito va a reproducir completo el reclamo que le presentó al consorcio y que fue ignorado en los conceptos centrales, lo que da a entender que el objetivo nunca fue tener la versión oficial del medio, sino intentar corroborar una hipótesis falsa. La omisión de contacto con la única autoridad que podía evacuar las consultas (autor de esta nota) constituye un "simulacro" de objetividad inadmisible como una práctica periodística seria y pone bajo sospecha las intenciones reales de la publicación. La inexistencia de una corroboración fáctica (un facsímil que parece hoja de cálculo con encabezado en ruso), la falsedad absoluta de las afirmaciones que generaron un daño reputacional grave y la debilidad de la prueba constituyen aspectos insoslayables que tornan al informe en una mera operación de prensa, cuyos objetivos son inexpugnables.
El arco narrativo de la presunta investigación fue que se filtraron documentos desde África en donde aparecería que Rusia pagó por notas en medios argentinos para incidir en la opinión pública en contra de Javier Milei. No se sabe de dónde salen esos documentos; no se sabe si pagaron; no se sabe quién cobró; no se sabe cómo se iba a llevar adelante esa campaña; ni se sabe que efectos tuvo en realidad. Lo reconocen en la propia investigación: “Es posible, también, que estos montos fueran inflados. Nuestra investigación no pudo verificar si se realizaron pagos ni a quién”, dijo Open Democracy. Está recién en el noveno párrafo de la nota que desató un vendaval de acusaciones y generó que Ámbito fuera ilegalmente impedido de que sus periodistas acreditados ingresaran a Casa Rosada, en una medida que atenta contra la libertad de expresión y que vulnera la propia Constitución Nacional.
“Ni AMFIN SA, ni NEFIR SA ni ninguna comercializadora representante de estas razones sociales editoras del medio han recibido pago alguno de parte de ninguna entidad o nación para publicar información inexacta, negativa o integrante de una campaña para favorecer o perjudicar a gobierno alguno”, comenzó el descargo de este diario. Pero hay más detalles que el “consorcio” escondió:
Los periodistas que lo integran se negaron (pese al pedido expreso de Ámbito) para que se les comparta la supuesta documentación que acredite pagos o cobros por parte de algún integrante del medio. Livianamente, adjudicaron a este medio el cobro de u$s 20 mil según una planilla de cálculo escaneada de origen desconocido al que atribuyeron a un alto mando de la inteligencia rusa. Y mezclaron cantidad de artículos objetados para sustentar una supuesta irregularidad.
Ámbito, cuya conducción cambió en agosto de 2025, inició una investigación interna en donde le detalló al consorcio hallazgos interesantes: de las 8 notas objetadas, cuatro corresponden a información general de índole económica con fuentes verificables. No existieron "fake news" como confunde la nota. De hecho, en fechas concordantes, existen notas en medios como TN, Infobae o La Nación que no están objetadas como parte de la operación rusa con la misma información y títulos casi idénticos. Datos de CAME, la Bolsa de Comercio de Rosario o el Índice Banco Provincia de Consumo fueron base del contenido. Hasta está incluida en el listado una nota que informa los aumentos de servicios de cada mes, un artículo habitual en Ámbito que realiza siempre que existan aumentos que impacten en los consumidores. Al día de hoy los continúa.
La misma información de CAME, reflejada por Ámbito, TN e Infobae. Solo la de Ámbito fue reportada por el endeble informe del "consorcio".
Si ya era sospechoso el listado endilgado como parte de la “ensalada rusa” hay otro aditamento que despierta suspicacias: tres de las notas denunciadas como pagas por la inteligencia rusa figuran como “opinión”, y fueron firmadas por Mauro Brissio, una persona de existencia real que aparece como especialista en Fake News. Brissio fue sospechosamente esquivado por el “consorcio” porque habría sido el presunto “intermediario” que aportó material a otros medios también. ¿Por qué nunca se mencionó a esta persona si no era un escritor fantasma ni un nombre de fantasía? ¿Lo entrevistó el consorcio? ¿Por qué nunca lo mencionó, pero hizo una pirueta argumental para señalar a distintos medios como parte de una conspiración internacional financiada por una potencia extranjera? El derecho a réplica de este diario lo menciona. Ese párrafo fue omitido en la aclaración de OpenDemocracy. Raro.
Es importante destacar que la sección “opinión” de Ámbito se jacta en tener una diversidad importante que va desde asesores del presidente Milei, economistas, abogados (como el que presentó la denuncia penal en este caso) y demás personas cuyo aporte se considere de valor a la discusión pública.
Las notas de “opinión” son eso, opiniones. No se modifican. Se aceptan, discrecionalmente, si se las considera editorialmente valiosas. No tienen vinculación con el medio ni reflejan su posición. No son periodistas de Ámbito ni colaboradores. Son columnas cuya frecuencia y contenido son aportes a la discusión, pero no reflejan necesariamente la posición del medio. Es parte de la oferta editorial de lectura en un medio plural. Cualquier periodista sabe esto, y los lectores también, porque están claramente individualizadas. Funcionan como “cartas de lectores”, cuyo aporte está vinculado a aportar una mirada sobre determinada temática. ¿Así buscaban los rusos incidir en la opinión pública?
La “investigación” es generalista y temeraria. No menciona prueba, no la comparte, esquiva una respuesta formal del editor responsable, ni menciona a quien aparece como la fuente de los artículos objetados. ¿Por qué? Va de la planilla de “pagos” a los medios financiados por gobiernos extranjeros. Brissio firmó otras cuatro notas de este estilo –incluso más críticas con Milei- que no se encuentran objetadas antes y después de las que figuran en la lista “filtrada”. ¿Esas no fueron de Rusia? Raro II.
Brissio –cuyo nombre aparece por primera vez en este artículo y el “consorcio” jamás publicó -envió a Ámbito otro artículo “de opinión” firmado por “Gabriel di Tarano”, cuya existencia real no está confirmada. Este diario no borró ningún artículo, pero adjuntó una leyenda que advierte que su existencia está controvertida. Lo más probable es que fuese un seudónimo del propio Brissio, que no lo reveló al diario. Ámbito considera que existió un abuso de confianza por parte de la fuente que había enviado artículos con anterioridad y reconoce una falla en el proceso editorial que permitió que se colara un columnista en un solo artículo (y solo uno) de opinión sin verificar los extremos de su existencia real y basados en que aparecía en otros portales. De ahí a formar parte de una conspiración rusa, años luz. ¿No se advierte la diferencia respecto a publicar noticias falsas para desestabilizar a un gobierno?
Brissio, además ofreció un abanico de publicaciones de diversa índole, con contenido político, blando o de color, de investigación. Ejemplos: un mural de Maradona, salud bucal y hasta campañas solidarias. La mayor parte de su contenido fue rechazado por carente de interés y dejó de aportar contenido a fines de 2024. ¿Eran los rusos también? La nota del “consorcio” ya orilla el ridículo.
De más está decir que considerar que Ámbito se valió de escritores fantasma para fomentar una campaña pro rusa está años luz de ser corroborado como hipótesis. Dada la denuncia penal en curso, este diario presentará todos los elementos de prueba que sustentan la base probatoria de que no existe ningún elemento que lo vincule con lo que denunció la nota del consorcio y que el daño reputacional severo lo expone al inicio de pre causas en la Secretaría de Inteligencia donde podrían practicarse escuchas telefónicas a periodistas, un verdadero escándalo para el Estado de Derecho.
Ámbito desmintió todos y cada uno de los extremos de la "investigación" y se puso a disposición de la justicia para aportar todo cuanto requiera para el esclarecimiento de los hechos, de considerarse que existió alguna clase de delito en lo denunciado. Por lo demás, es una desmesura y una irresponsabilidad sostener que un medio de comunicación formó parte de una conspiración con una potencia extranjera para desestabilizar un gobierno elegido democráticamente, con una prueba tan endeble.
Ámbito no recibió pagos de una potencia extranjera, no fue participado de la prueba, no formó parte de ninguna campaña, no publicó ninguna fake news, no se le dio derecho a réplica en tiempo y forma. El consorcio lo reconoce. Tarde y mal.
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